Uruguay en el cambio regional

Brasil tomó la ruta de la apertura comercial, la liberación de mercados y el sinceramiento financiero para salir de su debacle económica

Brasil, al igual que antes Argentina, ha tomado la ruta idónea de la apertura comercial, la liberación de mercados y el sinceramiento financiero para salir de su debacle económica. El nuevo rumbo en nuestros dos grandes vecinos siguió a la caída del kirchnerismo y del Partido de los Trabajadores, cuyos gobiernos fracasaron estrepitosamente bajo el peso de la funesta receta combinada de pobreza de gestión y corrupción desmesurada. Uruguay no enfrenta ni un cambio gubernamental ni una situación tan crítica como la heredada por las administraciones Temer y Macri. Pero al margen de los alcances del ajuste fiscal que se anunciará hoy, fuente de anticipadas controversias, el gobierno del presidente Tabaré Vázquez tendrá que seguir el camino vecinal trazado por dos de nuestros principales mercados.

Ya no se trata de simpatías ideologías o afinidades políticas que nada tienen que ver con la meta obligatoria de recuperar crecimiento, como única forma de mejorar las condiciones de vida de la gente. En Argentina se busca a través de un fuerte pero inevitable ajuste fiscal, que el gobierno asegura empezará a dar frutos en el segundo semestre de este año. En Brasil llevará más tiempo revertir una recesión de casi el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) que se pronostica se extenderá al año próximo. Pero pese a los cuestionamientos al presidente interino Michel Temer, acusado de estar involucrado en la generalizada corrupción del sistema político, sus dos ministros principales ya han formalizado el nuevo modelo económico para levantar cabeza.

El titular de Hacienda, Henrique Meirelles, y el canciller José Serra confirmaron mayor libertad a los mercados, menos intervencionismo del Estado y búsqueda de acuerdos bilaterales donde más le convenga al país, con énfasis en el mundo desarrollado y en los bloques de naciones que están emergiendo como impulso al comercio internacional. Es la forma lógica de incentivar inversión y producción para reducir el desempleo y el déficit fiscal. La posición brasileña, al igual que la argentina, apunta al responso final a esa vacua etiqueta de obstrucción económica que es el Mercosur.

Bajo los dos primeros gobiernos del Frente Amplio, Uruguay cerró los ojos a una realidad que la severa coyuntura económica obliga ahora a aceptar. El ministro de Economía, Danilo Astori, y el de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, con obvia aprobación del presidente, pugnan desde hace tiempo por llevar al país a acuerdos comerciales por fuera del Mercosur y a la incorporación a tratados de libre comercio, como el Transpacífico o la Alianza del Pacífico. La razón es que quedar afuera nos hará perder mercados ante países competidores, en vez de abrir nuevos destinos de exportaciones.

Sectores atados en el pasado de la alianza de izquierda siguen oponiéndose, después de haber impedido el TLC con Estados Unidos en 2006 y más recientemente, el TISA. Pero los cambios en Brasil y Argentina fortalecen la posición de los dirigentes más serios del Frente Amplio y obligan ahora a Uruguay a tomar resueltamente la ruta que marcan esos países para atraer inversión y generar actividad y empleo. La alternativa es aislarnos cada vez más en el atraso y el empobrecimiento. La opción no es entre irrelevantes discusiones sobre izquierdas, centros o derechas, sino entre sacar a Uruguay del estancamiento o condenarlo a la mediocridad en que actualmente se debate, cuando se acaban los vientos de cola.


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