Uruguayo dirige uno de los camiones más grandes del mundo

Oriundo de Paso de los Toros, Sergio Martínez dirige en España un megatruck de unos 100 metros, y que puede transportar cientos de toneladas

Sergio Martínez no recuerda una vida lejos de las máquinas pesadas ni de los camiones. Pegado a su casa de la infancia, en Paso de los Toros, había una empresa que transportaba el agua tónica que lleva el nombre de esa ciudad hasta Montevideo, y Martínez se crio "literalmente arriba de los camiones", un tema, que asegura, ha marcado su vida. Actualmente dirige en España –donde vive desde hace varios años- uno de los camiones más grandes del mundo.

Con más de 98 metros de largo, el megacamión a cargo de Martínez fue creado específicamente para mover piezas de centrales nucleares y térmicas. Se trata de un equipo especial, con un camión por delante, otro por detrás y una interconexión, lo que permite transportar cargas muy pesadas, sin que ganen más altura, explicó, de forma que puedan pasar debajo de los puentes.

El pasado 5 de abril, cuando habló con El Observador, Martínez estaba en medio de una operación como parte de una interconexión eléctrica entre Francia y España. El trabajo consistía en subir una pieza de 500 toneladas arriba de una montaña en San Sebastián, una de las capitales vascas, un lugar con carreteras sinuosas, grandes montañas, y lluvia constante.

En esas operaciones, contó, "es bastante normal" llegar a lugares donde para que el camión pueda doblar es necesario derribar casas, o modificar los lugares por donde pasa el alumbrado público. El trabajo de Martínez consiste en planear cada maniobra, y en obtener los permisos para atravesar pueblos y ciudades cambiando las señales, trancando el tráfico, o derribando esos obstáculos. Y los cálculos tienen que ser exactos.

Entre estructuras increíbles, grúas y camiones que soportan cientos toneladas o máquinas que directamente no existen, Martínez asegura entre risas que su trabajo "es tan irreal que cuesta contarlo y que no parezca una mentira".

Comparte su oficio con pocas personas en el mundo, y trabajen en el "límite del desastre y el éxito".

Del agua tónica a los reactores nucleares

"Yo salía de sexto de la escuela para conducir un camión", contó a El Observador, y desde entonces las máquinas son parte de su vida.

Cuando cumplió los 18 años, muchos de los camioneros que transportaban el agua tónica y con los que había pasado su infancia habían dejado Paso de los Toros para trabajar en una obra más importante: la construcción de la represa de Salto Grande. Y hacia allí partió también Martínez, dejando atrás los camiones de reparto, para introducirse en el mundo de las grandes maquinarias.

Fue precisamente durante la construcción de esa represa que Martínez empezó a cambiar el rumbo y a hacer de las maquinarias pesadas el motor de su vida.

"Cuando podemos diseñar nuestras maniobras, tenemos muchas posibilidades de éxito, pero cuando hay accidentes, cuando hay problemas, grúas caídas, se genera mucho nerviosismo, todos quieren correr, y en ese momento hace falta gente con mucha frialdad y con mucho poder de mando", dijo Martínez.

Eso fue lo que vio en Salto Grande. Cuando la obra estaba por terminar, un mal cálculo en el viento hizo que se cayera una grúa. La situación fue crítica, varios quedaron aplastados y finalmente murieron 11 personas. "Yo era un niño (tenía 18 años) y viví eso, y vi muchas personas reaccionar bien: hombres de mucho temple, con capacidad de tomar decisiones con seriedad, decisiones importantes y, me sentí admirado", contó a El Observador. "Desde ese momento me he propuesto ser como ellos", agregó.

Tras trabajar en la construcción de la represa de Palmar, fue parte también de las obras de la terminal pesquera de La Paloma, y desde allí se fue –con 24 años- a trabajar en megaproyectos en Argentina. A los 33 dejó el volante para pasar a dirigir la operativa de esas grandes máquinas, y a los 40 una empresa española que conocía su trabajo lo contrató para desmantelar la estructura de un reactor nuclear.

"Se suponía que venía por 6 meses y me quedé por la calidad de vida, y porque me ha permitido desarrollarme en mi profesión", dijo Martínez, que actualmente vive en la zona de Bilbao, en el País Vasco.

Aunque las máquinas lo han rodeado siempre, pasó de conducirlas a diseñar la logística de los viajes, con complejas operaciones, y ha creado en medio diversos aparatos.

En Barcelona, encontró la solución a una obra parada durante más de dos años, diseñando una grúa que podía soportar unas 300 toneladas y circular por las vías del tren sin estropearlas. Así, se pudo concretar una obra para unir dos partes de un barrio atravesadas por el tren, y montarle una especie de techo, en solo tres días.

También creó una grúa capaz de mover piezas pesadas en el aire, para montar la estructura del Centro Tecnológico de Valencia; y fue contratado para trabajar en el proyecto ITER, que se propone crear energía con fusión nuclear.

Martínez no tiene sin embargo ningún estudio de ingeniería.

Experiencia y condiciones

Hay dos cosas que Martínez define como importantes en su profesión: la experiencia y lo que él llama condiciones. "Yo a las estructuras las vivo. Veo una carga y sé si lo puede soportar o no. No lo puedo calcular, porque no tengo los conocimientos necesarios pero sí tengo el sentido de la resistencia y del equilibrio", explicó a El Observador.

"Mi falta de conocimientos teóricos lo he suplido de esa manera, en coordinación con la ingeniería real", contó.

La dedicación, afirmó, es otra de sus improntas. Una jornada laboral normal, de diseño de los recorridos, es de 12 horas, y cuando las operaciones de transporte de carga están en marcha, pueden ser de 24. "Soy un uruguayo un poco loco", bromeó, "hoy estamos en una operación y he tenido una rotura de meniscos, y ni se me ocurre parar hasta terminar esta operación".

Parte de esas largas jornadas de trabajo se deben a que no siempre todo sale perfecto, y al mover camiones inmensos y cargas muy pesadas, cuando eso sucede, las pérdidas son grandes.

Eso le sucedió en Madrid, cuando un camión quedó trancado en un puente. "El equipo quedó cortando la M30, una de las arterias más importantes de Madrid", contó a El Observador. El problema fue la altura del puente: tras arreglos en el asfalto, la altura había disminuido, pero no se tuvo en cuenta para hacer el cálculo y el camión quedó trancado.

Martínez no era bueno en la escuela y tampoco terminó el liceo, pero encontró su motor en las máquinas. La procedencia, a su entender, tampoco debe ser un freno. "Las personas nacemos en cualquier parte del mudo y nada de eso es un limitante en la vida", reflexionó.


Populares de la sección

Acerca del autor