USDA estimó en 200.000 toneladas las pérdidas en arroz

Este año las inundaciones ponen en jaque a muchos productores
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Junto a la soja, el arroz fue el gran golpeado por las lluvias de abril pasado. Miles de hectáreas de arroz quedaron sepultadas bajo las aguas, desde Artigas hasta Lascano, en Rocha, y muchos productores quedaron con el cultivo pronto para cosechar pero sin poder entrar a levantarlo. Con todo dependiendo del panorama que hubiese una vez que bajaran las aguas.

De acuerdo al Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, por su sigla en inglés), las pérdidas fueron importantes y la recuperación no llegará plenamente en la próxima zafra que se sembrará la próxima primavera.

La estimación del USDA plantea una pérdida de 200 mil toneladas de arroz con cáscara. Que se suman a las aproximadamente 400 mil que perdió la soja y representan una merma de US$ 40 millones aproximadamente en el ingreso del sector.

El USDA estima una pérdida de 1.000 kilos por hectárea. La producción de arroz bajará posiblemente algo menos. Finalmente los rendimientos en la zona este no fueron tan malos como podrían haber sido, pero tampoco concretaron lo que muchos anticipaban sería una nueva cosecha récord en productividad para un cultivo, que ya ostenta de los mayores registros mundiales de producción por hectárea.

El USDA estima una pérdida de 1.000 kilos de arroz por hectárea en las chacras uruguayas.

Pero un promedio que finalmente en las estadísticas no lucirá tan dramático, no impedirá que en la heterogeneidad de resultados muchos productores estén hoy arriesgando a quedar por el camino. Tanto en el extremo norte de Uruguay como en el corazón arrocero del este, hay productores que tuvieron pérdidas graves y que, como casi todos, vienen arrastrando años de resultados muy cerca de la paridad.

En el resultado global, así como el sector arrocero demuestra que en años de clima normal logra una muy alta productividad, terminará demostrando que para las condiciones que tuvo a la cosecha muchas chacras lograron de todos modos resultados buenos.

El sector terminará demostrando una buena capacidad de resistencia productiva y posiblemente, en lugar de perder 1.000 kilos por hectárea, pierda 500 kilos por hectárea en promedio.

Por ahora la gremial de los productores ha preferido no manejar proyecciones ya que todavía queda una fracción de arroz por ser levantado, pero también porque los productores tiene negociaciones muy difíciles por delante.

Por un lado, todavía no está acordado el precio definitivo de la cosecha anterior, la del otoño 2015. Y el acuerdo es muy difícil porque los precios de exportación en el último trimestre 2015 y primer trimestre de 2016 fueron muy bajos. Y, por lo tanto, el precio provisorio acordado debería ser recortado. Algo que siempre es muy traumático, porque el productor espera que el precio definitivo mejore en algo al provisorio. Espera cobrar, no pagar. Y los US$ 10,71 del precio provisorio no son un precio que sea especialmente favorable.

En los primeros contactos entre las partes, la industria advirtió que la matemática no da y que el precio definitivo deberá ser menor a la referencia pactada. De modo que esa situación de la cosecha pasada será una mochila para agregar a las pérdidas de esta cosecha.

Muchos dan por descontado que hay productores que quedarán por el camino ante el doble golpe de menor precio para la zafra pasada y menor rendimiento en esta zafra. Y eso llega justo en un momento en que el precio internacional y regional va en aumento.

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Oportunidades por concretar


El arroz que se está terminando de cosechar puede tener una demanda mayor al de la cosecha pasada por varias razones. Además de que será una cosecha más pequeña, y por lo tanto más colocable, las lluvias que dañaron al cultivo uruguayo fueron muy graves para los cultivos de Brasil.

Industriales consultados estiman que Brasil deberá importar entre 800 mil y un millón de toneladas. Aunque Uruguay tiene una fuerte competencia desde Argentina y Paraguay, el mercado brasileño había estado casi ausente en los dos años anteriores por lo que su regreso será muy bienvenido.

Además el grano colocado a través de la frontera tiene un costo de comercialización mucho menor del que se va por el puerto de Montevideo. Doble ventaja.

Por otro lado, el regreso de Irán al comercio internacional una vez superado el embargo que le fue impuesto por su programa nuclear es visto como una oportunidad. Los iraníes han sido históricos compradores del grano uruguayo y se espera que sean protagonistas de las exportaciones este año.

La reciente visita de una delegación uruguaya pareció dejar inicios de negociación bien encaminados para arroz y lácteos, tal vez facilitadas por compras por parte de Uruguay del crudo iraní, al que muchos consideran de mejor calidad que el venezolano.

Mientras una mitad del arroz uruguayo va a un conjunto de mercados de relativamente poco volumen, entre los cuales Perú suele ser el principal, la otra mitad del arroz podría colocarse con cierta fluidez en Irán e Irak.

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Los cultivadores de arroz vienen evaluando la posibilidad de solicitar un nuevo fondo arrocero.

El potencial de estos dos destinos puede verse reforzado por el impacto que El Niño mantiene sobre Asia, donde está causando una sequía cada vez más grave y extensa que golpea en India, Tailandia, Vietnam y Filipinas, que tienen a sus producciones comprometidas.

Si las ventas a Irak se mantienen, el arroz uruguayo tendría varias vías de salida, algunas de la cuales –como Brasil e Irán– tuvieron una presencia reducida en 2015.

No todo serán rosas, porque la producción de EEUU tendrá un fuerte crecimiento y es un competidor típico con su arroz de grano largo. Por otra parte, la competencia de Argentina y Paraguay se mantendrá constante. Pero el panorama luce objetivamente mejor que unos meses atrás. Hay una caída en las reservas internacionales que puede verse aumentada por la sequía asiática. Las reservas mundiales, en 106 millones de toneladas, son las más bajas desde 2011.

Finalmente, los arroceros deberían ver la potencial llegada de La Niña como un factor más que les suma al rendimiento. Los años Niño suelen ser difíciles para el cultivo. Este lo fue especialmente.

La perspectiva para la próxima cosecha es algo mejor, tanto en precio como en el rendimiento potencial. Pero tal como están planteadas las cosas hoy, muchos productores que arriendan tierra y agua no llegarán a sembrar en la próxima primavera.

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Hay un cuarto fondo arrocero en discusión


Entre los magros resultados de este año y las promesas de la zafra por venir, los cultivadores de arroz vienen evaluando la posibilidad de solicitar un nuevo fondo arrocero que permita sostener el área con el cereal en la próxima siembra y evite que sea una cantidad importante de productores la que quede por el camino.

Sin embargo, no es fácil. Por un lado, no hay consenso entre los productores para formar un nuevo fondo, que es en definitiva deuda que no todos quieren contraer. Por otra parte, ya hay un fondo que fue entregado y no terminó de ser pago. Finalmente para que quede operativo antes de la próxima siembra deberán ser muy ágiles las negociaciones. Algo que en Uruguay nunca fue fácil y en tiempos de restricciones como los actuales puede serlo mucho más.

Pero, por otro lado, para el gobierno sería una muy mala señal que uno de los sectores más competitivos de la economía uruguaya, líder por productividad en cantidad y líder por segmentación de arroces de distintas calidades y variedades, no pudiera subsistir en base a precios internacionales de mercado.

Si el arroz no anda, algo está funcionando muy mal en el conjunto. Si no hay fondo arrocero, muy posiblemente ocurra eso.

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