Utilizar bien el respiro

El mayor crecimiento de la economía plantea la opción de tomar una recta autopista o empantanarse en un camino vecinal lleno de baches

El mayor crecimiento de la economía plantea la opción de tomar una recta autopista o empantanarse en un camino vecinal lleno de baches. Las alentadoras perspectivas de que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca no menos de un 3% este año le dan al gobierno un arma efectiva para abatir un déficit fiscal que se ha convertido en la mayor pesadilla macroeconómica del país. Utilizarla bien exige rechazar las presiones por aumento del gasto público que con seguridad se intensificarán desde el sindicalismo y algunos sectores del Frente Amplio. La fórmula para bajar el déficit es sencilla. La aplica cualquier familia ordenada pero ha sido recurrentemente ignorada por la alianza de izquierda. Se reduce a gastar menos para endeudarse menos. Las administraciones frenteamplistas han tomado siempre el camino opuesto, aumentando sus gastos corrientes, especialmente en el área de los salarios públicos.

El gobierno tiene ahora la oportunidad de enmendar el rumbo, si el resultado del primer trimestre se confirma como tendencia para todo el año y el próximo. En el período enero-marzo el PIB creció 4,3% interanual, acelerando la suba que se venía registrando desde el tercer trimestre del año pasado gracias al dólar barato y al incremento del salario real. Ambos factores han promovido el consumo interno, impulsor principal de este salto que lleva las expectativas de crecimiento este año a 3% o aún algo más, muy por encima del 2% previsto por el gobierno en su proyecto de Rendición de Cuentas. Mejoraron también las exportaciones por la buena temporada turística y la actividad del agro, en tanto la construcción interrumpió ocho trimestres consecutivos de baja.

El impacto del mayor crecimiento en los tres primeros meses de este año ya se refleja presumiblemente en la recaudación, especialmente en un impuesto de rápida liquidación como el IVA. Esto aporta más recursos a la bolsa gubernamental, lo que tentará al sindicalismo y a los grupos de visión corta en el oficialismo a insistir en que se gaste más, aun en áreas que no lo justifican mientras no mejoren sus pobres resultados, como la educación y la salud. Ya antes de conocerse la buena noticia del primer trimestre habían arreciado los reclamos por mayor gasto que los aumentos previstos en la Rendición.

Es una presión que el gobierno tiene que rechazar con firmeza si quiere cumplir su meta de abatir el déficit fiscal al 2,5% del PIB, o deseablemente menos, al término de su período. Reputados analistas privados ya han señalado que es esencial manejarse con mucha cautela en el manejo de los acrecentados recursos que estarán disponibles, para ayudar a bajar el déficit y ponerse a cubierto de las dudas que existen sobre el tipo de cambio a futuro y al desempeño de las economías regionales y en el resto del mundo. Hay que tener también en cuenta las fragilidades que existen en la generación de empleo y en los problemas de competitividad que enfrentan muchas empresas por el encarecimiento que caracteriza a la economía uruguaya. En suma, todos pueden congratularse por el respiro que conlleva el mejor comportamiento de la economía. Pero es indispensable que el gobierno cumpla su promesa de severa disciplina fiscal, aprovechando ese respiro para corregir debilidades que persisten en vez de caer en el gasto improcedente, como viene ocurriendo desde hace muchos años.


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El Observador

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