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La única fábrica de vinagre de Uruguay, Villa Lima , apuesta como estrategia de crecimiento a potenciar a sus empleados y a un trabajo en equipo con sus proveedores

Recicló la fábrica de producción de vinagre que fundó su abuelo en la década de 1970, y que quedó abandonada a mediados de los 80 al ser eliminada la protección arancelaria del sector. Pero Nicolás Badel (38), también se recicló a él mismo como emprendedor. Cambió el rubro de los boliches por el productivo y construyó, a partir de una serie de aprendizajes, una visión del negocio que trasciende lo meramente económico.

Villa Lima es la única fábrica nacional que desarrolla productos a raíz de la destilación del vinagre. Badel intuyó que podría tratarse de un buen negocio y por eso en 2004 decidió reflotar la abandonada fábrica ubicada en la ciudad de Libertad, en el departamento de San José, y comenzar con la producción.

Líder del mercado interno, además de producir para terceros, Villa Lima es dueña de las marcas José G. Gamberoni, utilizada para la línea básica de vinagre de alcohol, manzana o vino, en botella de plástico y la marca Diletto, que corresponde a la línea Premium que, embotellada en envases de vidrio, ofrece vinagres aromatizados con diferentes hierbas, aceto balsámico y vinagres de vinos varietales añejados en cascos de roble.

Badel aseguró que su capacidad de producción es diez veces superior a la capacidad de consumo uruguayo. “El mercado local de vinagre es de más o menos un millón de litros concentrados por año y nosotros podemos producir diez”, indicó. La empresa no los produce porque aún no ha logrado consolidar el volumen de sus exportaciones de productos. En contrapartida, exporta a mercados como Argentina, Chile y Brasil biotecnología, a través de bacterias para la fabricación de vinagres, sistemas de ultrafiltración o detergente enzimático, que tienen un valor muy superior al del vinagre.

Además, abrió recientemente su planta de preformas, que le permite embotellar sus productos y realizar asociaciones de producción con otras empresas.

“Estamos en toda la cadena porque la única forma de ubicar gente es integrando”, aseguró Badel. El emprendedor agregó que empezaron a sustituir proveedores, pero solo luego de considerar que todas las etapas para ayudarlos en su desarrollo estaban agotadas.

“Primero tratamos de desarrollar nuestros proveedores, donde la integración productiva está bien entendida. Yo no soy el cliente del proveedor, somos un equipo con un objetivo común para ofrecer a un cliente”, explicó Badel.

Entre otras actividades, desde Villa Lima se diseñan plantas de vinagre para el exterior y Badel se desempeña como consultor para otras organizaciones además de oficiar de mentor para nuevos emprendedores en el programa Empresario-Emprendedor de la Cámara de Industrias, en Emprecrea de Kolping y en la asociación Tejeredes. Además, según expresó Badel, la organización está ahora recibiendo la certificación para “B Corps”, que se aplica a un nuevo tipo de corporaciones que utilizan su poder de negocio para resolver problemas sociales y ambientales.

Se trata de organizaciones que certifican que no persiguen el dinero por sobre factores como las buenas prácticas empresariales, que tratan de ser más equitativas, según explicó Badel.

“Es un cambio de paradigma, lo que tratan todas estas organizaciones es de generar un valor social”, dijo.

Superar el “mal del business”

Badel no está de acuerdo cuando las personas hablan de los emprendedores únicamente en el plano económico o empresarial, porque considera que se puede ser emprendedor en todos los planos de la vida. “Un emprendedor es quien se entusiasma con las cosas y aprende, porque emprender de algún modo es aprender”, opinó.

A propósito recordó que su propia historia como emprendedor empezó porque siempre tuvo “muchas ganas de hacer cosas”, lo que se reflejó en la práctica de deportes. Badel jugó al rugby y consiguió el tercer puesto de un mundial de lucha. Aseguró que para él todos esos intereses responden a su actitud emprendedora.

Luego se volcó al emprendimiento empresarial cuando a los 19 años decidió junto a unos amigos montar un boliche a modo de pasatiempo.

Para Badel fue una etapa muy fructífera en cuanto a conocimientos adquiridos. “Cuando comencé con mi boliche lo hice tal como me gustaba, todos mis amigos iban porque compartíamos gustos, pero luego pasó algo que le pasa a muchas personas y que considero nefasto: empecé a mirar el emprendimiento únicamente desde el lugar de ganar dinero, a lo que le llamo el mal del business”, explicó.

Comenzó a modificar conductas empresariales y también el espacio, pensando en atraer a más personas que gastaran más dinero, pero el resultado fue un boliche en el que Badel ya no se sentía cómodo. “No era mi estilo, mis amigos ya no venían y se perdió el alma del lugar. El proyecto terminó por desmembrarse  porque no tenía una propuesta clara de valor”, señaló.

Desde 1993 a 2003, Badel montó cinco emprendimientos en el rubro, entre ellos Black y el Gran Bar Retiro, que abrió el 19 de junio de 2002 y que se fundió poco tiempo después. Se trató de una etapa que sentó las bases de su filosofía empresarial. Según el emprendedor, hoy, después de haber atravesado todo ese proceso, pudo arribar a la conclusión de que perseguir lo económico no es el fin que debe mover a un proyecto. “Creo en lo sustentable y ganar dinero es una consecuencia lógica de un trabajo hecho con pasión. No creo que los grandes emprendedores de la historia hayan querido ganar dinero, personas como Steve Jobs querían cambiar el mundo”, apuntó.

Una apuesta más moderna
El proyecto principal de Badel es el desarrollo humano laboral y según explicó, no se trata estrictamente del producto de Villa Lima, la fabrica de vinagre, sino de una organización más grande que funciona bajo el nombre de Villa Lima Moderna y que apunta a generar un impacto. “Lo primero que queremos hacer es cambiar el mundo, nuestro mundo: queremos trabajar mejor, ser más felices y que nos apasione venir a trabajar”, indicó. Agregó que define la organización en función del colectivo que la integra, y que esas personas no son entendidas como un recurso más.

Badel explicó que las personas se alinean bajo una filosofía y un fin común superior y que las "organizaciones B" tienen un doble objetivo: “si hablamos de vinagre lo tengo que hacer y bien, tiene que ser bueno y estar en precio. Es una condición necesaria pero no suficiente. La condición suficiente es la idea de mejorar nuestra forma de trabajar”. Aseguró que el crecimiento de las personas es lo que lleva al crecimiento económico y no al revés y que la forma de agregar valor es “con la cabeza”.

En ese sentido, Badel explicó que en Villa Lima tienen que cumplir con determinados procesos industriales y que vienen automatizando la planta eliminando los puestos de trabajo que entienden como denigrantes, aquellos que como en la película Tiempos Modernos de Chaplin, implicaban una repetición incesante de una tarea nimia. “¿Cómo pretendés que esa persona se desarrolle? Es imposible”, aseguró Badel.

Sin embargo, la eliminación del puesto no implica el despido de un funcionario sino una evolución de su trabajo. El que antes apretaba tuercas hoy maneja máquinas digitales y para ello tuvo que atravesar un proceso de aprendizaje.

“El año pasado dimos más de 150 horas de capacitación para el personal y tenemos casos interesantísimos de personas que deciden emprender dentro de la organización y que empiezan a dar un valor distinto”, manifestó Badel.

Integración productiva

Ingresar al mercado externo desde Uruguay con productos manufacturados es para Badel “un poco imposible”. “Si querés competir, en el caso del vinagre, la única manera de generar mercado es ir de forma destructiva, poniendo el producto lo más barato posible y tratando de desplazar a alguien”, dijo. Con esa lógica del negocio, los productos de Villa Lima no tenían lugar, porque eran caros. Ahora que fabrican botellas lograron abaratar los costos y estarían en condiciones de competir, sin embargo Badel explicó que cambiaron la forma de ver las cosas y optaron por vender las preformas e insumos para producir vinagre, integrándose a una cadena de valor en la producción de vinagres en el exterior.

Badel aseguró que desde que empezaron a exportar han perdido dinero, pero que están convencidos de que va a llegar el día en que el costo de la organización sea menor. Por el momento, explicó, se trata de un trabajo en el que invierten todos, algunos desde el lado del dinero y otros desde el tiempo, la dedicación y las ideas.

Badel indicó que entiende su empresa como un proyecto que “obviamente” va a traer dinero, pero que está pensado para ayudar a desarrollar otras organizaciones. En ese sentido, ocupa un rol de consultor en su empresa y en otras nacionales y del exterior. “Uruguay tiene más de 90% de empresas pymes y la única manera es juntarse”, explicó.

Apuntar a diversificar

Villa Lima además de la producción de vinagre y la fábrica de preformas también gestiona una consultora. GT Global, es una compañía de la que Badel es socio junto a Guillermo Tribaldo, a quien conoció en Estados Unidos cuando estaba formándose para instalar su fábrica. Ambos producen tecnología y diseñan plantas de producción de vinagre para el mundo.

Como objetivo Villa Lima apunta ahora a exportar más valor. “Aún no sé en qué. Para algunos mercados como Cuba, que no tienen producción local, será vinagre y para mercados como Argentina o Chile, que sí tienen, pienso serán más insumos y tecnología”, remató.


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