Vázquez ve como "muy factible" cierre de subsidiarias de ANCAP

El presidente dijo que se esperará algunos meses más para decidir sobre algunas empresas
El cierre de alguna de las empresas subsidiarias de ANCAP que arrastran resultados deficitarios es una posibilidad que está latente desde que asumieron las nuevas autoridades en el directorio del ente a comienzo de año. Esa alternativa también es manejada por el presidente Tabaré Vázquez, que ayer se refirió públicamente sobre el tema al ser consultado luego del Consejo de Ministros celebrado en la localidad rochense de La Coronilla.

Vázquez dijo que es "muy factible" que el gobierno tome la decisión de "achicar" el número de las empresas subsidiarias que dependen de ANCAP, ya que éstas no han dado "resultados positivos".
"Va a implicar un estudio pormenorizado de la situación. Quizás estemos cerrando algunas de las empresas subsidiarias pero vamos a esperar algunos meses más antes de tomar una decisión", añadió.

El mandatario comentó que por ahora estaba satisfecho con el trabajo realizado por la nueva gestión de ANCAP, aunque advirtió que se debe tomar un período más prolongado para hacer "una evaluación seria". El actual directorio de la empresa estatal lleva algo más de seis meses de gestión.

Las pérdidas millonarias registradas por el ente en los últimos tres años (US$ 691 millones) encendieron luces de alerta en el Poder Ejecutivo, que está enfocado en tratar de revertir los números rojos. Aunque las autoridades no se pronunciaron respecto a qué empresas deberían cerrarse, la atención está puesta particularmente sobre la evolución de los negocios vinculados a la producción de portland, biocombustibles, derivados del alcohol y petroquímicos en Argentina.

Sobre esta última unidad de negocios que desarrolló la firma Carbolcor es donde se han dado señales más claras. La petroquímica arrojó pérdidas en el período enero-junio equivalentes a US$ 9,3 millones y va camino a completar cuatro años con resultados negativos. ANCAP resolvió a mediados de este año revisar la participación de la empresa en esa unidad de negocios, que puede pasar por una venta total, parcial e incluso una asociación. Días atrás, la ministra de Industria, Energía y Minería, Carolina Cosse, indicó que se debe "encontrar una solución" y reiteró que se trabaja en distintas opciones. "Es una empresa que tienen perspectivas interesantes, una empresa cuya venta podría ser posible", afirmó Cosse. Hasta ahora la performance de la petroquímica no se ajusta con la estrategia de mejora de gestión que persigue la nueva administración.

La producción de cemento es otra de las unidades que hasta ahora no da señales de recuperación y está lejos de alcanzar un equilibrio. En ese sentido, la presidenta del ente, Marta Jara sostuvo la semana pasada a radio Oriental que "se está mirando con mucha profundidad la unidad de pórtland" y "con el objetivo de llevarla a un espacio de sustentabilidad".

"Uno no puede estar fondeando una unidad que pierde dinero. Sí lo puede hacer cuando hay un plan de recuperación, cuando hay un plan claro de cómo avanzar, pero es inviable estar subsidiando una unidad eternamente. Estamos viendo todas las opciones", apuntó. "Nadie en ANCAP quiere cerrar pórtland. Hay inversiones pendientes, un plan de inversiones muy ambicioso, algunas de las cuales quedaron por el camino, pero hay que reducir costos. Pero realmente todavía estamos lejos del punto de equilibrio, eso nos preocupa", añadió.

Otra subsidiaria sobre la que se ha puesto la lupa son los negocios de Caba, la Compañía de ANCAP de Bebidas y Alcoholes que tuvo pérdidas en los últimos dos ejercicios por algo más de US$ 1,5 millones. La compañía desarrolla y comercializa diversos productos en el mercado: bebidas alcohólicas (whisky, fernet, grappamiel, vodka, caña, ron, gin, entre otros), alcoholes y solventes e incluso perfume. En el caso de ALUR, la compañía comercializa biocombustibles a ANCAP a precios muy por encima de los valores internacionales. Como parte de la reestructura de ANCAP, el gobierno acordó a principios de esta año reducir los porcentajes de mezcla de los biocombustibles para cumplir con el mínimo que exige la ley, que es del 5% por cada litro de gasoil (biodiésel) y nafta (bioetanol). Ello llevó a que ALUR esté hoy exportando parte de sus excedentes de biodiésel a Holanda. De acuerdo a números oficiales, ALUR tuvo al cierre de 2015 una ganancia neta que rondó los
US$ 2,4 millones.

En 10 años de la empresa, tuvo pérdidas en los cuatro primeros (casi US$ 20 millones), pero luego revirtió esos números cuando comenzó a elevar la escala de sus producción industrial. Así, en los últimos seis años trabajó con números positivos con utilidades que sumaron US$ 17,2 millones.

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