Vázquez y su poder casi ejecutivo con las promesas de los gabinetes

Los pedidos del presidente de solucionar problemas edilicios en escuelas y liceos de manera inmediata no siempre se ejecutaron como él quería
Buenos días, señor presidente, gracias por estar aquí". Durante el 2016 se hizo costumbre que Tabaré Vázquez escuchara esas ocho palabras con las que, por lo general, comenzaba la intervención de escolares y liceales en los Consejos de Ministros abiertos en el interior del país.

A ese saludo enternecedor le solía seguir una serie de pedidos que, a pesar del tono inocente, describían una realidad particularmente dura, a tal punto que generaban una reacción inmediata en el presidente, como pocas veces se le ve en público.

El caso paradigmático tuvo lugar el 25 de junio en San Gregorio de Polanco cuando Ana Concilio, alumna de sexto año de la escuela número 3, se plantó frente al gabinete para informarle que el sistema eléctrico de su escuela no funcionaba correctamente, lo cual impedía que pudieran cargar sus ceibalitas y conectar estufas. Ana, además, le pidió al presidente la construcción de una galería para que los alumnos no se mojaran los días de lluvia en su camino al baño.
Ese día otros alumnos de las escuelas 3 y 147 tomaron el micrófono y contaron que los techos se llueven y que las ventanas son añejas y defectuosas. "Queríamos saber si usted podía investigarlo con los ministros y todo, estudiarlo para ver si se podía armar este proyecto", terminó Ana.

La respuesa de Vázquez fue inmediata: "Se me cae la cara de vergüenza, esto tiene que ser solucionado por parte del gobierno nacional", dijo y en el momento le instruyó al presidente del Codicen, Wilson Netto, y a la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, empezar con la instalación de lo solicitado la semana siguiente. "Nos van a explicar cómo y cuándo empieza", señaló el presidente antes de pasarles la palabra.

Una situación idéntica vivió cinco meses después en Santa Clara del Olimar. El 14 de noviembre, Eliana Dos Santos, quien padece parálisis cerebral, pidió la palabra en el Consejo de Ministros para solicitar juegos inclusivos para la escuela 47 Juana de Ibarbourou. "Mi mayor sueño es poder compartir los juegos con mis compañeros en el patio, poder hamacarme y disfrutar junto con ellos con juegos adecuados a mis discapacidades", expresó Eliana. Ese día Vázquez también respondió con una orden ejecutiva: "Señora ministra de Desarrollo Social (Marina Arismendi), la semana que viene ya empiezan a venir los juegos", subrayó el mandatario.

Respuestas

Los juegos llegaron aunque no en el tiempo que había solicitado el presidente. El director de esa institución educativa, José Arismendi, dijo a El Observador que la hamaca, el subibaja y la calesita arribaron a la escuela el 9 de enero y que ya están instalados, aunque quedarán operativos para marzo cuando comiencen las clases. "Eliana ya los estuvo probando", comentó Arismendi y señaló que en Santa Clara hay tres niños más con problemas de desplazamiento que podrán disfutar de los juegos.

Pero la situación no es igual en todos lados. La maestra Beatriz Borad, de la escuela 3 de San Gregorio de Polanco, dijo a El Observador que luego del Consejo hicieron una "reparación precaria" para solucionar momentáneamente el problema eléctrico. El parche le sacó peligrosidad a la situación pero no brindó una solución de fondo que aún siguen esperando luego de que las palabras de Ana Concilio llenaran de vergüenza al presidente. "Vinieron arquitectos y dijeron que llamarían a una licitación pero hasta ahora no se ha hecho nada", dijo Borad.

Tampoco se terminaron en ese centro educativo las galerías que habían solicitado.
Después de la reunión del gabinete, una brigada de 15 reclusos del Comcar llegaron a la localidad para trabajar en la escuela 147.

Cambiaron el techo que se llovía, pintaron toda la escuela, arreglaron los juegos del recreo, pusieron cielorrasos en el comedor y algunos salones. "Debo reconocer que hay un abismo entre lo que era y lo que quedó", reconoció la directora Claudia López a El Observador. Pero eso no fue lo que sucedió en la escuela 3.

Tampoco fue así en las escuelas 53 y 2 de Fray Bentos, donde el presidente esuchó el pedido de los estudiantes por mejorar las condiciones edilicias cuyos problemas se arrastran desde hace años.

La escuela 53 necesita mayor espacio para los 260 alumnos que recibe en dos turnos y la escuela 2 tiene baños en pésimo estado, dificultades con el sistema eléctrico y le falta un muro perimetral (un día encontraron un caballo dentro de la escuela). El tema eléctrico fue atendido pero el resto sigue en espera, dijeron las directoras.

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