Veinte años no es nada

Se cumplieron dos décadas desde que El Observador estuvo disponible en internet, siendo el primer diario Uruguayo en ser accesible desde cualquier parte del mundo

El pasado viernes 25 de setiembre se cumplieron 20 años desde que El Observador estuvo disponible en internet para todos los usuarios que tuvieran acceso en aquel momento a través del navegador Netscape, pronto destronado por el Microsoft Explorer. Fue el primer diario uruguayo en estar online y accesible desde todas partes del mundo. Algo que ni pudimos imaginar cuatro años antes, en 1991, cuando El Observador inició su andadura.

Veinte años no es nada (como dice el tango) pero es muchísimo. Y desde aquellos tímidos comienzos, donde apenas se refrescaba la página web una o dos veces por día, y donde había una sección llamada Última Hora, que recogía cuatro o cinco noticias de lo ocurrido durante el día, hasta la actualidad, donde la actualización es constante, donde se reproducen audios y videos, donde intervienen los lectores, donde emitimos ocho horas de TV en vivo por internet, el cambio ha sido mayúsculo. Ha sido, y no solo para El Observador sino para casi todos los medios escritos del mundo, un cambio revolucionario que ha afectado el modo de comunicarse con una audiencia global y ansiosa de estar al día y a la hora, ha afectado su forma de trabajar, su  cultura interna, su estructura financiera, sus fuentes de ingresos, las habilidades de los periodistas, de los departamentos comerciales. En definitiva, una revolución tan grande como la producida en tiempos de Gutenberg. Un verdadero tsunami digital, como lo bautizó acertadamente el profesor chileno Eduardo Arriagada, que ha cambiado la industria de los medios de pies a cabeza y, por tanto, la forma de comunicarse, de informarse, de entretenerse.

Y si a la revolución de la web se suma la revolución de las redes sociales y la de los móviles inteligentes, con alta velocidad de acceso, se termina de completar un panorama que rompe las fronteras y los paradigmas vigentes hasta no hace mucho tiempo. Hoy, reconózcamelo sin ambages, el que manda es el internauta, el lector, o como quiera llamárselo. La gente, el ciudadano de a pie. Él decide lo que quiere ver, cuándo lo quiere ver y cómo lo quiere ver. Lee el diario en el celular, mira televisión en la tableta o en el celular, y lo hace sin esperar el “informativo”, o sin esperar la entrega física del ejemplar papel. Los medios se deben acomodar al lector y no el lector a los medios. Y si los medios no lo consiguen, y siguen atados a paradigmas del pasado, corren serio riesgo de desaparecer más pronto que tarde. Incluso los anunciantes tienen ahora un mayor trabajo para llegar a los compradores. Antes, bastaban los anuncios tradicionales de televisión, radios y prensa. Hoy, es preciso buscar la audiencia a la que se quiere llegar pero con la recompensa de que se sabe mucho más de esa audiencia que antes.

El Observador se enorgullece de haber sido pionero hace 20 años en Uruguay, junto con otros medios, en fomentar el desarrollo del tsunami digital y de haber acompañado los cambios tecnológicos y culturales de estas dos décadas, procurando atender las necesidades y preferencias de sus lectores, pero sin descuidar la premisa fundamental de que estamos para hacer periodismo serio, independiente y responsable, en cualquier plataforma que tenga nuestra marca.

Hoy llegamos a nuestro público por el papel, que sigue siendo el soporte fundamental; por la web, que alcanza a 3 millones de usuarios únicos por mes; por los dispositivos móviles (celulares y tabletas) que hoy son una herramienta fundamental tanto de diversión como de trabajo; y recientemente, por la “pantalla de televisión”, a través de nuestro canal OTV, que genera producción audiovisual nacional durante ocho horas al día y que completa un círculo informativo. No sin orgullo recordamos un mensaje de Twitter de una seguidora que decía: “estoy viendo El Observador TV en el 104 camino al Centro”. La convergencia total.

Con el incentivo del camino recorrido, de los logros alcanzados, del reconocimiento de nuestra audiencia, encaramos los próximos 20 años. Estamos seguros de que la tecnología dará enormes pasos. Allí estaremos para aprovecharlos y para atender cada vez mejor a nuestros lectores/televidentes/audioescuchas, procurando mantenernos fieles a los principios periodísticos y empresariales que nos han guiado desde 1991. No se pierdan las próximas novedades. La aventura promete ser emocionante. 


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