Venezolanos pagan el giro argentino

Un giro del gobierno argentino le ha dado a Nicolás Maduro un respiro en el frente internacional que le permitirá victimizar aun más a la castigada población venezolana. Poco después de asumir en enero, el presidente Mauricio Macri propuso sancionar al régimen caraqueño bajo la Carta Democrática Interamericana, que contempla hasta la suspensión de un gobierno como miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA), si el presidente venezolano no liberaba a los presos políticos y restablecía el estado de derecho. Pero cuando el secretario general de la OEA, el excanciller uruguayo Luis Almagro, propuso formalmente ese curso la semana pasada, Argentina, con respaldo de Chile y Uruguay, lo frenó con una frontal oposición.

La razón del cambio de posición nada tiene que ver con la caótica situación en Venezuela. Lo motiva el interés argentino de apuntalar la candidatura de su canciller, Susana Malcorra, como próxima secretaria general de Naciones Unidas. Malcorra vino a la cancillería de Macri desde un alto cargo en la ONU, donde era mano derecha del actual titular del organismo mundial, Ban Ki-moon. Es una diplomática de alto prestigio internacional que, de lograr su objetivo, se convertiría en la primera mujer y el primer latinoamericano en dirigir Naciones Unidas en sus 70 años de existencia. Para competir por ese cargo, sin embargo, Malcorra requerirá el respaldo sin fisuras de los países de la región, incluyendo a Venezuela y a los gobiernos que simpatizan con el llamado “socialismo del siglo XXI”, como Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Esta necesidad explica la sorpresiva blandura hacia Maduro.

La aspiración de Malcorra y su gobierno es legítima y conveniente para la región. Pero es deplorable que un tema de interés político argentino conduzca a agravar las penurias en que viven los venezolanos. La situación interna se deteriora a pasos agigantados día a día en todos los campos. La terrible escasez de alimentos y otros artículos de primera necesidad genera constantes manifestaciones callejeras de protesta en todo el país, que son violentamente reprimidas por las milicias y otros cuerpos de seguridad de Maduro. Su régimen, entre tanto, obstruye el proceso constitucional iniciado por la oposición, que controla el Parlamento, hacia un referéndum para acortarle el período presidencial. El gobierno caraqueño argumenta absurdamente que son falsas más del 40% de los millones de firmas presentados por la oposición para validar la consulta popular.

Las presiones internacionales, incluyendo la posibilidad de la suspensión del gobierno venezolano de la OEA, eran un factor de peso para tratar de contrarrestar el absolutismo y las arbitrariedades con que Maduro y su entorno han despedazado el orden institucional. Pero el freno liderado por Argentina a la iniciativa de Almagro alivia el ahogo externo que se iba formando sobre el régimen venezolano, que además acaba de recibir el respaldo de historieta de la Cumbre de Estados del Caribe, realizada en La Habana bajo patrocinio de Raúl Castro. Argentina, Chile y Uruguay proponen ahora negociaciones diplomáticas con Maduro, bienintencionado camino pero que seguramente concurra a un seguro fracaso, como lo han demostrado todos los intentos previos: Maduro, de diálogo, solo pronuncia la palabra, pero no lo concreta. Lo que en realidad el vuelco argentino ha logrado es darle al autoritario presidente venezolano un poco más de aire para seguir hundiendo a Venezuela en la peor crisis política, económica y humanitaria de su historia.


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El Observador

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