Venezuela y Corea del Norte amplían división en política exterior entre el gobierno y el Frente Amplio

Con su política exterior para Venezuela, el gobierno se enfrenta a un dilema del cual no podrá salir sin algún tipo de costos. La pregunta es qué mejilla pondrá
La historia de la política exterior estadounidense tiene una particularidad llamativa. Durante algunas administraciones Washington exhibió cortocircuitos entre la Secretaría de Estado y la Casablanca en referencia a temas puntuales y, en ocasiones, vinculados a lineamientos políticos amplios. El choque de cada una de esas instituciones, con agenda propia y liderazgo fuerte, planteaba un enfrentamiento que solía perderse en la dinámica de la escena política doméstica estadounidense. Pero de tanto en tanto era explotada por rivales o aliados que sacaban ventaja de esa tensión ajena para privilegiar sus intereses. En cualquier caso, cuando las aguas se dividían demasiado, prevalecía la palabra del salón oval.

Cualquier que haya seguido con un mínimo de atención las decisiones y dichos del gobierno uruguayo por la situación interna y regional de Venezuela podría concluir que esa dinámica tradicional de Estados Unidos se replicó en Uruguay. La actuación de la cancillería en materia regional y las apreciaciones del presidente de la República, Tabaré Vázquez, constituyen un oxímoron interesante para discutir.

Por un lado, el Ministerio de Relaciones Exteriores quedó, por la vía de los hechos, alineado con el resto de los socios fundadores en la controversia que esos países tienen con el gobierno de Nicolás Maduro. Es verdad que la diplomacia uruguaya intentó prolongar la agonía de Caracas en el Mercosur lo más posible. Pero desde un tiempo a esta parte los representantes uruguayo tienen muy claro donde sentarse en la mesa.

Además, la cancillería firma desde el año pasado un conjunto de declaraciones junto a otros estados latinoamericanos que, en su versión de la semana pasada, pidió por la liberación de los "presos políticos" en Venezuela. Una democracia que tenga "presos políticos" es, como mínimo, una democracia de dudosa reputación. Algunos de los países firmantes no sólo solicitan una transformación para Venezuela, sino que entienden que existen méritos de sobra para que se aplique la cláusula democrática continental.

Por otro lado, Vázquez insiste en que el país caribeño conserva las cualidades que lo permiten categorizar como una democracia. En junio de 2016, durante una visita a Tacuarembó, dijo que le entregaría la presidencia pro témpore del Mercosur a Maduro en un momento en el que el resto de los estados parte del bloque rechazaban que Venezuela asumiera ese rol. En febrero de este año, Vázquez le dijo a la Deutsche Welle que Venezuela es una democracia porque "funcionan los tres poderes".

Más allá de ese ruido entre lo que el presidente dice y lo que la cancillería hace es necesario preguntarse si existe una contradicción insoslayable y real (producto del azar o de divergencias de visión en la interna del Ejecutivo) o si la gestión del gobierno en este tema es, en realidad, una fórmula para evitar el mal menor en cada una de las canchas en donde tiene intereses.

La apariencia de una política exterior bicéfala no siempre debería ser un mal en sí mismo, sobre todo si se piensa como una estrategia. En primer lugar porque da margen a la negociación y, en segundo lugar, porque disminuye los golpes externos e internos al distribuir cuotas de responsabilidad.

En el caso particular de Venezuela es imposible pensar que existe un desencuentro –más allá de las apariencias- entre Presidencia y el Ministerio de Relaciones Exteriores. No puede haber duda: Rodolfo Nin Novoa –quien es uno de los hombre de confianza más valorados por el presidente- actúa de acuerdo a los lineamientos que vienen del vértice superior del triángulo en un tema político tan sensible para la izquierda.

Nin funciona, en los hechos, como un escudo protector. Es la primera línea de resistencia del presidente en este tema frente a los ataques de algunos sectores de la izquierda.

Mientras que el canciller actúa de acuerdo con lo que el gobierno cree que debe hacer con Venezuela a nivel continental, el presidente se encarga de ablandar la situación con los sectores del Frente Amplio y del Pit-Cnt que siguen defendiendo al gobierno de Maduro. Y, quien dice, quizás la estratagema del gobierno sirva también para que Venezuela termine pagando algo de lo que le debe al país.

Pero la estrategia tiene sus limitaciones. No importa que posición adopte el gobierno en este tema, Venezuela seguirá siendo esa piedra molesta en el zapato de la administración y lo seguirá acompañando en cada paso. El dilema no tiene solución sin costo político: vaya en un sentido u en otro recibirá el golpe de propios o ajenos. La pregunta última es qué mejilla pondrá cuando las papas terminen de quemar acá, allá o en la OEA.

Los motivos para mirar de lejos a Corea del Norte

Ante el deseo de un diplomático de la República Popular Democrática de Corea (conocida como Corea del Norte) de visitar Uruguay para tener contactos con el Frente Amplio y con el gobierno, la coalición de izquierda accedió y le envió una invitación formal. Pero el canciller Rodolfo Nin Novoa dio la orden de que se le negara la visa al representante de Pyongyang, informó El Observador el sábado 25.

Una fuente política explicó que el gobierno consideraba absolutamente inoportuna la llegada del embajador norcoreano en un momento en el que Uruguay volverá a asumir la presidencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La decisión del gobierno generó molestia en la fuerza política, que ahora tiene el tema a consideración. "Se podrá compartir o no el régimen norcoreano, pero es un régimen que lo han elegido sus ciudadanos", llegó a decir el diputado del MPP, Jorge Meroni, en el programa Suena Tremendo.

Sin embargo, existen algunas razones que ayudan a explicar por qué el gobierno no quiere que se difunda la foto de un representante del gobierno de Kim Jong-un en Uruguay más allá del argumento del Ejecutivo.

El informe de Amnistía Internacional 2016-2017 para la República Popular Democrática de Corea, el Informe Mundial 2017 de Human Rights Watch y el informe de una comisión investigadora de Naciones Unidas publicado en 2014 brinda un panorama sombrío en materia de derechos humanos en ese país.

El documento de la ONU determinaba que los abusos en Corea del Norte "carecen de paralelo en el mundo contemporáneo", mientras que el reporte de Human Rights Watch de enero de este año afirma que Corea del Norte "sigue siendo uno de los estados más represivos del mundo".

Cada uno de esos informes detalla flagrantes violaciones de las libertades individuales y los derechos políticos, entre los que se destacan detenciones, ejecuciones y reclusiones arbitrarias en campos de trabajo.

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