"Vengo del mundo de las lindas y me di cuenta que la belleza es otra cosa"

Tini de Bucourt trae a Uruguay sus talleres de motivación, imagen y actitud

Entró al hotel My Suites en Pocitos repartiendo besos y abrazos. Sin dejar de sonreír, la argentina Tini de Boucourt (64) empezó a reconocer en las mujeres que la esperaban a algunas que habían sido parte de los años que vivió en Uruguay, que hacían fila para saludarla. En la mañana había viajado desde Buenos Aires en barco, en medio de una tormenta (charlando con la actriz Natalia Oreiro, que venía a presentar Gilda) para realizar en Uruguay el primer taller de su propuesta Actitud Tini.

Le pidieron si podían sacarle unas fotos, y el oficio de mannequin (no modelo, mannequin como se decía antes) resurgió evidente. Fue una de las modelos argentinas más exitosas de la década del 70 y del 80. Acomodó el largo vestido negro con bordados de flores rojas, y posó sonriente, elegante. Es por esa elegancia que es recordada por muchas mujeres (de más de 40 años) en Uruguay; pero De Bucourt hizo muchas otras cosas: dirigió una escuela de modelos, y otra en la que ayudaba a mujeres con su crecimiento personal, incursionó como comunicadora en la televisión; vivió siete años en la India (al estar casada con quien fuera embajador uruguayo en ese país, Enrique Anchordoqui) , y en Punta del Este abrió una tienda de muebles, ropa y accesorios provenientes de ese país asiático.

Fue su estadía en la India la que cambió su percepción de la vida. Allí nadie la conocía, nadie la paraba por la calle. Se encontró con una mirada profunda, una aceptación diferente de la realidad, que la ayudó a entender la felicidad de otra manera. A su regreso a Argentina, hace ocho años, creó Actitud Tini, una propuesta que incluye talleres de imagen profesional, autoestima y el "poderoso lenguaje de la ropa", hasta viajes a la India con el acompañamiento de la propia De Bucourt. Se auto define como una especialista en actitud y empoderamiento, como una defensora de la "verdadera belleza".Escribió un libro titulado Mujeres felices, belleza sin tiempo.

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"Vengo del mundo de las lindas, y me di cuenta que la belleza es otra cosa. El brillo en los ojos no lo podés comprar con tarjeta de crédito. La belleza es actitud", dispara. De Boucourt mira a las participantes del primer taller una por una. Con su largo cuello de cisne parece estudiarlas. Bromea con que muchas querrán oír cosas como que "cada vestido pide determinados zapatos" y otros tips de ropa y maquillaje, y que seguramente ella se los puede dar pero que tiene para decirles algo mucho más importante: que es necesario cuidar tanto el adentro como el afuera; que es un "casamiento entre las dos partes". Y para ello, les explica, es necesario conocerse, no tener miedo a estar sola y, una cuestión fundamental para De Bucourt, poder hacer las paces con el pasado ("porque el enojo se nota en la mirada"), ser agradecida y honrar a los antepasados, sobretodo a los padres. Pero además ser capaz de una introspección, una aceptación de uno mismo y el descubrir el sentido de la propia vida.

"Me pasé gran parte de mi vida intentando gustarle a la gente. Era adicta al espejo, al aplauso del otro (...) Si no tenes el coraje de ser vos misma vas a seguir dependiendo de la mirada del otro, y la vida arrasa, ¿viste?", sentencia. Es cálida, simpática, pero a la vez, rotunda, contundente. Ávida lectora y conocedora de arte, cada tanto mecha una anécdota de algún artista o escritor.

Las invita a verse como una obra de arte. "Cuando le preguntaron a Miguel Angel como había hecho el David respondió que ya estaba allí y que él había quitado mármol para dejarlo al descubierto. Las mujeres ya somos obras de arte. No hay nada que cambiar. Hay que soltar y pulir. ¿Cuál será el mármol que tendrás que soltar vos?", provoca. Va pasando slides en una pantalla y muestra frases de mujeres talentosas, fuertes, poderosas. Coco Chanel, Carolina Herrera, Meryl Streep.

Pero también les brinda algunas orientaciones precisas: lo importante es la presencia, vestirse de acuerdo a quien uno es, y que la vestimenta hable de uno. Insiste en que la belleza es el premio a estar orgullosa de una misma, y que eso se traduce en la postura (erguida, derecha) y hasta en la manera de moverse, de hablar. Y también, para De Bucourt, en la posibilidad de tener proyectos y en la capacidad de disfrutar.

Hacia el final, se da un intercambio franco con las asistentes y una le dice lo que seguramente todas están pensando: "Sí todo bien, pero convengamos que tú sos bella". Las demás ríen, asintiendo. De Bucourt se le acerca. Lo hace de una forma refinada, lenta. Se nota en la mirada que es algo que le han dicho cientos de miles de veces.

"A mis cuarenta yo encandilaba con mi belleza. La gente decía ¡qué fácil para ella!. Hoy algunas de mis colegas (modelos) no han podido salir de ese lugar. Ponen mucho esfuerzo en seguir sosteniendo –y perdón por la palabra- ese disfraz. Un día yo me pregunté: si yo no soy esa modelo famosa, que sale en las revistas, ¿quién soy? ¡Qué pregunta!. Y ahí me llegó la India, donde yo no era nadie. Y fue muy bueno para mí, porque me di cuenta de todos los recursos que yo tenía. Les deseo que lleguen a muy grandes con los ojitos que le brillen. No hay maquillaje, ni vestido en el mundo que de brillo en los ojos", fue la respuesta.

De Bucourt es vista como un ejemplo de saber envejecer. Con gracia asegura que ella va a poner de moda la vejez. Se niega a hacerse cirugías a pesar de las recomendaciones de sus colegas modelos. "A mí dejenme derechita, que camine divina, denme trapos lindos que me los sé poner. Chicas, tengo tantos proyectos que ojalá me alcance la vida. Dejenme así: orgullosa de mí misma".

Ejecutivas más allá del maquillaje

Mujeres en cargos relevantes en compañías argentinas le han confiado los temores y obstáculos que enfrentan en sus carreras. Algunas reconocen, por ejemplo, que se visten como un hombre porque tienen miedo de que si lo hacen de forma muy femenina, el varón haga una interpretación errónea.

De Bucourt le contó a El Observador que les responde en forma contundente: "Ningún hombre te va a hacer una propuesta indecente y fuera de lugar, si vos realmente estás centrada en tu presencia, porque el hombre admira la femineidad pura; jamás va a haber un equívoco. Las mujeres somos responsables del mensaje que lanzamos pero muchas veces no lo sabemos. Hablar de estas cosas es muy importante, porque nadie te lo enseña".

De Bucourt dicta en Argentina talleres para empresarias, ejecutivas y personal femenino de empresas ("desde petroleras y cementeras, hasta bancos").

Subraya que no se tiene suficiente conciencia de lo que es significa ser la imagen de la empresa y el impacto que ello tiene. Pero también hace hincapié en que la imagen profesional valorizada, propia de cada mujer, es reflejo de la autoestima y la autenticidad; y que resulta fundamental salir de la trampa de la "mirada del otro".

"No hagas las cosas por el otro. Hacélas lo mejor que puedas pero no por el aplauso del otro, sino por vos misma", es una de sus recomendaciones.

Según la empresaria, existe una creciente humanización a nivel de las empresas, que las lleva a buscar los tipos de concepto que ella predica.

"¿Quién no quiere tener en su empresa mujeres que estén contentas con ellas mismas? La palabra imagen no es solo un maquillaje y un vestido lindo. Es un conjunto, es una obra de arte. Es cómo hablas, cómo te sentás, que lenguaje de silencio manejás, cómo te moves, el orgullo que sentís por tu propia historia de vida, la coherencia con tus valores. Todo eso que hace a una mujer bien plantada. La forma de vestir se transforma en un lenguaje que transmite quién es la persona", apuntó.


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