Ventajas de las misiones de paz

Los ingresos extra que aportan son esenciales para modernizar a las Fuerzas Armadas

Son inconsistentes, por un lado, los argumentos de algunos sectores del Frente Amplio para oponerse a la participación de efectivos uruguayos en las misiones de paz de Naciones Unidas. Y por otro soslayan las muchas razones que la justifican. Junto con tropas de otros países, ayudan a mantener el orden, evitan enfrentamientos y cumplen tareas humanitarias en áreas asoladas por conflictos armados o, como en el caso de Haití, por desesperantes condiciones sociales. Los ingresos extras que aporta la ONU multiplican los magros salarios de nuestros soldados, además de asegurarles experiencias y avances tecnológicos que no reciben en Uruguay, conformando útiles unidades militares de elite.

Y la parte de esos ingresos que van a las Fuerzas Armadas son esenciales para modernizar algo y mantener en funcionamiento una estructura militar con equipamiento insuficiente y muchas veces obsoleto, como ocurre especialmente en la Fuerza Aérea y la Armada. No menos importante es el prestigio y la aprobación del organismo mundial y de muchos países por la actuación de las tropas uruguayas, excepto por algunos pocas instancias de denuncias de excesos sexuales. En el caso de Haití, después de 13 años de útil asistencia se ha retirado el contingente uruguayo de esa nación caribeña, golpeada por desastres naturales, enquistada corrupción gubernamental y oprobiosos niveles de miseria.

El retiro se concretó, después de largos años de debate, por objeciones sin fundamento dentro de la alianza gobernante. Provienen del Partido Comunista, del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y del grupo Casa Grande de la senadora Constanza Moreira, sectores que frecuentemente mantienen discrepancias ideológicas, basadas en concepciones socialistas arcaicas e irreales, con lo que hace su gobierno dentro y fuera del país. Incluso el diputado del PVP Luis Puig sostuvo el absurdo de que las misiones de paz de la ONU “no son pensadas en función de generar mejores condiciones de vida para los pueblos sino para generar mejores condiciones para que operen las transnacionales” en la explotación de riquezas minerales en países atrasados, aun al costo de inventar “conflictos internos para defender sus intereses”. Las guerras civiles, especialmente en países africanos, como el Congo, donde Uruguay mantiene 1.245 efectivos, son producto de luchas tribales y étnicas por el poder. Y si las transnacionales que denuncia Puig tienen algo que ver, la presencia de las tropas de la ONU ayudan a contener las consecuencias de los conflictos y no a alentarlos.

Pese a haber aceptado el retiro de Haití, el gobierno reconoce las obvias ventajas de la participación uruguaya en las misiones de paz de la ONU. El ministro de Defensa, Jorge Menéndez, dijo a El Observador que se estudiarán nuevos requerimientos del organismo mundial, aceptando intervenir donde se considere conveniente. En general se atribuye a la acción uruguaya en ese campo que el país haya sido incorporado al Consejo de Seguridad de la ONU, dudoso honor que acaba de embretar a nuestra diplomacia en respaldar las acciones militares de Estados Unidos en Siria al costo de arriesgar relaciones con dos importante socios comerciales como Rusia e Irán. El país debe priorizar sus propios intereses, que no radican en su superflua presencia en el Consejo de Seguridad pero sí en seguir participando de la misiones de paz del organismo mundial.


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