Verónica Raffo: agente de cambio

Abogada y socia del estudio Ferrere, Verónica Raffo es hoy en Uruguay una referente del liderazgo femenino y se ha convertido en un espejo en el que se miran mujeres que buscan animarse a ir más allá
Por Gabriela Malvasio

Cuando la editora de Seisgrados me encomendó entrevistar a Verónica Raffo, tres cosas vinieron a mi mente. Primero, ir corriendo a buscar en mi biblioteca el libro de Sheryl Sandberg, Lean In. La jefa financiera de Facebook se ha convertido en un referente del liderazgo femenino, y me resultaba vital repasar sus conceptos para hacerle una nota a quien bien podría considerarse la Sheryl Sandberg uruguaya. Verónica, abogada, socia del estudio Ferrere, lideró durante seis años la Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay (OMEU), desde donde bregó para que más mujeres ocupen cargos de dirección o se animen a emprender. Este año pasó la presidencia a Elena Tejeira, pero está lejos de dejar de involucrarse en el tema. Basta con ver que hace pocas semanas fue una de las protagonistas de TEDx Montevideo, donde despertó fascinación y aplausos al terminar la charla poniéndose una camiseta con la inscripción #FeministaXXI.

Pero otras dos imágenes poderosas vinieron a mi mente. Una fue una foto, del 29 de julio de 2010, en la que a la distancia se ve a una ejecutiva caminando por la playa junto a un hombre de traje. Era la playa de Kiyú en San José, y Verónica Raffo se dirigía junto a uno de sus socios al lugar del accidente de helicóptero en el que había fallecido Daniel Ferrere, el carismático fundador del estudio.

La otra imagen era mucho más cercana en el tiempo. Un día de marzo de este año, en la terraza del edificio corporativo de Ferrere, Verónica Raffo, con blusa de seda azul eléctrico y un palazzo blanco, levanta triunfante la plaqueta que el director de El Observador, Ricardo Peirano, le entrega por haber obtenido el primer lugar en la encuesta de mujeres líderes que realizara Café y Negocios entre más de 60 ejecutivos y empresarios. El gesto de Verónica de celebrar como lo haría un atleta que acaba de ganar una carrera despertó aplausos y algarabía.

Con esto en mente, ¿cómo enfocar la entrevista a esta mujer inteligente, segura, que ha logrado convertirse en referente? Una mujer especializada en el derecho laboral, con años de experiencia en ayudar a destrabar y resolver situaciones conflictivas, que bien podría darse por satisfecha siendo una de las cabezas que dirige un estudio de 800 personas con presencia en cuatro países, pero que, sin embargo, decide involucrarse en impulsar causas sociales.

En la previa, la posible respuesta la obtuve en un video en el que la propia Verónica recomienda a las abogadas jóvenes sacarse las anteojeras: ser obviamente excelentes en lo técnico pero no quedarse solo en ello, sino volverse personas completas con una mirada más holística, tener otras inquietudes, buscar entender la realidad en la que viven y comprometerse.

Por eso, cuando ya entrada la tarde de un día lluvioso de esta rara primavera me recibió en una de las salas de reuniones de la sede corporativa de Ferrere en Ciudad Vieja, la primera pregunta fue por qué ir a más. "Es una necesidad. A mí lo que me llena es sentirme hoy un poco mejor que ayer, que crecí en alguna dimensión. Tengo 45 años, a esta altura de la vida, parte del crecimiento no es solo ser exitoso en un tema de negocios. Estoy casada hace casi 20 años y para mí eso es un valor personal muy importante. Tengo dos hijos divinos. Crecer es también comprometerse con temas en donde querés hacer un cambio, una diferencia, inspirar a los demás y que se sumen", responde.

Además de los temas de liderazgo femenino, otra "obsesión" de Verónica es la educación. Es por ello que está en el directorio desde hace dos años de la organización Enseña Uruguay, que busca ser una solución para "el drama" de la cantidad de horas docentes que quedan vacantes en Secundaria, que lleva a que muchos chicos pasen de año sin haber recibido clase. La organización capta jóvenes profesionales para que se conviertan en docentes y se comprometan por dos años a ser profesores en liceos de contexto crítico. "Se busca que sean una especie de líderes en el aula y generen un impacto comunitario. Que enseñen cosas como confianza en uno mismo, presentar una idea, un montón de habilidades que impactan", subraya Verónica. Por año se postulan unas 800 personas y son 25 las seleccionadas.

No entiende cómo la problemática de la educación no es una obsesión nacional. Ve un Estado muy "gordo y vigilante" que tiene una "intervención feroz" en muchos aspectos y, por otro lado, que parece "muy flaco y débil" en cuestiones vitales como educación y seguridad. "Parece haber una falta de empatía del gobierno con lo que sienten los ciudadanos en estos temas. En la sociedad civil está habiendo cada vez más movimientos que dejan de lado la apatía y empatizan con lo que está pasando. Instituciones como los liceos Jubilar, Impulso, Los Pinos y otras hacen cosas fantásticas", comentó.

Cosa de familia

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Verónica es directa, frontal, no se anda con vueltas. Y habla mucho. Mucho y rápido. El sello familiar es inconfundible. Su padre, Juan Carlos, dirigente del Partido Nacional, fue ministro de Transporte y Obras Públicas durante el gobierno de Lacalle. Conozco bien a sus hermanos. Tuve el placer de trabajar en El Observador con Juan Carlos (hijo), que ahora es gerente de Comunicación de Scotiabank y, aunque solo coincidí en la redacción del diario unos pocos días con Laura, reconocida (y popular) economista, después el intercambio fue rico y continuo cuando ella estuvo al frente de la organización de emprendedores Endeavor. De su madre, Marta, me han llegado infinidad de deliciosas anécdotas que la pintan como una firme impulsora de sus hijos.

Que a Verónica la confunden siempre con Laura es algo conocido (les preguntan si son mellizas), y también que ella, a veces, no contradice a su interlocutor y el otro se va convencido de que habló con su hermana. Como aquel taxista que le dijo fascinado: "Ayer llevé a Jaime Roos y hoy llevo a Laura Raffo", y Verónica no quiso desilusionarlo.

Pero la impronta familiar va más allá del parecido físico, el tono de voz o algún que otro gesto característico: está en una capacidad casi histriónica de envolver al otro con la palabra. Los Raffo tienen como un don de seducción que se explica en el dominio del arte de la empatía. Cuando hablan están permanentemente involucrando al otro en la conversación. Siempre hay un "no te pasa que", "seguro que cuando hacés tal cosa pensás esto" o "¿a vos qué te parece?", que no deja al otro como mero espectador de un monólogo.

Para Verónica Raffo, además, la familia es otra explicación de su necesidad de ir a más. A la hora de la cena en su casa siempre se hablaba de todo y se impulsaba a mirar más allá "de las propias narices". Durante un año no pisó la Facultad de Derecho para hacer política y dio todos los exámenes libres. Asegura que eso le dio mucha ductilidad: un día charlaba con un embajador y al otro escuchaba a un obrero de la construcción, y al siguiente a alguien en situación de calle.

Pero también viene con el ADN eso que cuesta tanto a los uruguayos: el no tener miedo al alto perfil, a ser visible. Verónica sabe que su exposición es alta, y ha optado por tenerla. Su rol de socia del estudio Ferrere la lleva a eso, pero ella tiene otra buena explicación. "A veces me preguntan por qué voy a todo y aparezco en todo. Tengo cero afán de protagonismo y de foto; pero la construcción de una imagen profesional es la puerta, la posibilidad de entrar y tener los contactos a todos los niveles para, por ejemplo, llevar adelante los proyectos en los que me involucro. Hay que entender cómo es esto de las relaciones y las redes", argumenta.

Hoy, Verónica lidera un equipo profesional en su área pero se ha convertido básicamente en una asesora estratégica de empresas. Es alguien de confianza con experiencia, a quien altos ejecutivos acuden para diseñar estrategias globales cuando las cosas se ponen complicadas. Encara esa tarea que califica como "transparencia polite" y lo que considera una de sus fortalezas: la empatía. Además tiene la desafiante misión de dirigir un estudio que se ha expandido en la región. "Un combo entretenido", ríe.

Y la pregunta tenía que llegar en algún momento: "¿cómo hacés para hacer todo?". "Duermo poco", dispara con una carcajada. Y enseguida argumenta que es una apasionada que va sumando cosas. Tiene muchas responsabilidades pero también la posibilidad de contar con una enorme flexibilidad. Asegura que eso se lo brinda el trabajar con autonomía y contar con un buen equipo. La única dificultad de su agenda es lo cambiante, porque todo el tiempo surgen necesidades de clientes o del propio estudio; pero hay algo que es intocable: los tiempos familiares y de sus hijos.

La herencia Ferrere

Hablar de su trabajo lleva inevitablemente a Daniel Ferrere. Le comento el recuerdo de esa foto en la playa de Kiyú y su sonrisa habitual se convierte en una mueca que mezcla resignación y dolor. "Fue como de ciencia ficción. No lo podíamos creer", rememora. Verónica recuerda cada detalle de ese día como si hubiera sido ayer.

A Ferrere lo describe como un genio, un líder con una visión increíble. Sabe bien que tenía "blancos y oscuros", pero subraya que estaba "10 jugadas adelante". "Era muy agresivo comercialmente y con un estilo de liderazgo de otra época, muy personalista. No es lo que somos hoy; hoy está más repartido", comenta.

Asegura que todos los que trabajaron con él aprendieron como locos y que marcó en ellos determinadas cuestiones a fuego. Hoy ella se reconoce repitiendo sus frases: "Prefiero pedir perdón que pedir permiso"; "lo perfecto es enemigo de lo bueno", "cuando todos se sientan a pensar cómo es la mejor manera, yo ya lo hice". Reconoce que Ferrere también le transmitió el cultivar una imagen pública y jugarse a dar su opinión.

Con el radar prendido

Verónica Raffo se declara feminista y eso no es habitual en el mundo de los negocios. "Hay mucha gente que hace años trabaja por estos temas y ni que hablar a nivel de políticas públicas. En el mundo de los negocios hay mucha hipocresía en ese sentido; todo el mundo es muy correcto de la boca para afuera, pero los números son macabros y dicen otra cosa", subraya.

Visualiza, sin embargo, una mayor sensibilización acerca de las cuestiones de género, pero está convencida de que hay que acelerar los cambios culturales, para, por ejemplo, no tener que esperar unos 118 años para que se cierre la brecha salarial.

Verónica insta habitualmente, como lo hizo en la charla TEDx, a luchar contra los prejuicios inconscientes del día a día. "Vas a comprar los regalos de Navidad para los chicos de tu familia, y ¿por qué a la nena la muñeca y la cocina, y al chico el juego de constructor? Hay que empezar desde ahí. El otro día se organizaba un evento importante empresarial y pregunté por qué los cinco expositores eran hombres. Claro, terminé yo como una de las oradoras en el panel", ríe.

Para Verónica es un tema al que hay que "atacar" todos los días: "No festejes las bromas machistas, si te parecen una guasada. Uno por lo general sonríe y lo deja pasar. No lo dejes pasar, hacelos sentir incómodos. Yo lo hago permanentemente. Soy re querida", dice con una sonrisa irónica. "Es la única manera de no ser cómplice de estas actitudes", remata.

Power dressing

Cualquiera que haya visto a Verónica Raffo en acción no puede negar que es una mujer elegante. Tiene esa elegancia al estilo parisino, producto de años de saber qué le queda bien, de no tomar a la vestimenta como una frivolidad sino como un poderoso lenguaje.

Viaja mucho por su trabajo. Adora Nueva York (le encanta su energía), una ciudad a la que le toca ir seguido. Entre reuniones y seminarios, aprovecha para comprar ropa. La mayoría es para el trabajo. "Tengo un physique du rôle que cumplir. Cuido mi imagen por respeto a los demás. Se esperan determinadas cosas de mí: que llegue bien vestida, arreglada. Es así. Aunque uso mucho negro, me gusta comprar cosas de colores. Sirven de efecto de diferenciación. Si en una conferencia está todo el mundo vestido de negro y gris, y vos te ponés algo colorado o verde, en dos segundos te ve todo el mundo. Se lo digo a las chicas del estudio: no vas a estar toda la vida con el pantaloncito gris y la camisa blanca, en algún momento tenés que ponerte algo que llame la atención. Pero cuando converses, decí cosas inteligentes, porque, si no, el vestido mono no sirve para nada", comenta.

Verónica se señala el vestido negro con ribetes blancos que tiene puesto y bromea que ese día parece "la reina de lo clásico" pero que siempre fue bastante jugada en materia de vestimenta. Pero es un jugarse adecuado a la ocasión en que uno se encuentra. "Sé lo que funciona en cada ocasión y lo que me funciona a mí. Tenés que adecuarte adonde vas, el contexto es importante. Por respeto al otro. Si están haciendo un esfuerzo para realizar un evento, hay que respetar eso", comenta.

Nos quedamos un buen rato charlando entretenidas sobre sus viajes a Nueva York, de cómo le gusta caminar en esa ciudad y sentarse a tomar un café, ver pasar a la gente y sacar "fotos mentales" de sus estilos.

Nos despedimos y ya es de noche en la Ciudad Vieja. Me quedo pensando que en esta entrevista y otras que he escuchado o leído de Verónica Raffo hay un concepto que ella repite: ser agente de cambio. En la mayoría de los casos lo utiliza para referirse a otros, pero queda claro que a ella le calza a la perfección.

El momento TED

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El silencio era total. Verónica Raffo ha dado infinidad de charlas, pero era la primera vez que se enfrentaba a una tipo stand up, más descontracturada, como proponen las TEDx. Durante el proceso de preparación reconoce que pasó nervios, que fue como un examen; pero en el escenario todo fluyó. Durante la charla de hace algunas semanas en el Latu no volaba una mosca: 2.000 personas la escucharon hipnotizadas.

Cuando bajó del escenario, pasaron cosas que ella consideró graciosas pero que hablan del impacto: "Vinieron chicas jóvenes a sacarse fotos conmigo tipo pop star. Fue maravilloso. Me venían a preguntar dónde se compraban las remeras de feministas, si había merchandising".

Es posible ver la charla de Verónica Raffo en el sitio de Youtube de TEDx Montevideo.

En movimiento

Verónica dice que siempre fue vaga para los deportes ("un desastre"); por eso el año pasado empezó con un entrenador personal, Sebastián Arioso. "Quería correr porque nunca había corrido ni 100 metros. El primer día que corrí 40 minutos terminé levantando los brazos como quien atraviesa la meta en una carrera". El mismo instructor fue quien la introdujo en el krav magá, un arte de defensa israelí, conocido por ser utilizado por las fuerzas de defensa y seguridad de Israel.

A Verónica le gustó: la consigna es defender la vida y "vale todo, como dicen los brasileños". Practica, por ejemplo, que la vienen a atacar con cuchillo y cómo defenderse si el otro tiene un arma de fuego. Toca madera diciendo que ojalá no lo tenga que usar y explica que solo sirve si uno repite e interioriza los movimientos. "Está bueno. Te enseña a no tener miedo a la agresividad, algo que no te sale habitualmente. Es práctico, son cosas concretas. ", señaló.

Algo bien diferente al krav magá que a Verónica le encanta es bailar, aunque reconoce que ritmos como la salsa no son lo suyo. Cuando en el estudio Ferrere se realizan competencias de baile "piso contra piso", Verónica termina organizando a su piso al estilo "sargento". "Y es que los equipos no se dirigen solos", bromea.