Veterinaria en contra de las medidas dispuestas por el MSP ante leishmaniasis

Consideran que todos los perros positivos deben ser sacrificados
En febrero de 2016, el Ministerio de Salud Pública y la Universidad de la República publicaron una guía para el tratamiento de la leishmaniasis. Allí aseguraban que al no existir instrumentos para evitar que los perros infectados transmitan la enfermedad a otros caninos y a las personas, "la conducta indicada es el sacrificio humanitario de los perros infectados".

Sin embargo, una ordenanza del MSP posterior -del mes de julio- habilita a quienes sean dueños de un perro positivo a leishmaniasis a que no lo sacrifiquen, si se comprometen a ingresar a un programa de seguimiento con medidas preventivas obligatorias, que incluyen la colocación de un collar repelente, la consulta mensual a un veterinario, la restricción de la salida del perro de la casa y la castración.

Ante esa declaración, la Facultad de Veterinaria informó que nunca fue consultada para la realización de esta nueva ordenanza, que entienden "está fuera de lugar" y que no consideran "adecuadas las acciones" porque creen que todos los perros positivos deben ser sacrificados. Por esa razón, no asumen responsabilidad de las consecuencias que provoque.

"Los perros positivos, siguen siendo positivos de por vida. No hay ningún medicamento que evite que los perros sean transmisores de la enfermedad. Sean asintomáticos o sintomáticos, el riesgo es el mismo", explicó este jueves el director del Centro Hospitalario de Facultad de Veterinaria y referente del centro en el tema de leishmaniasis, Carlos Soto.

Por esa razón, advierten de la peligrosidad que puede tener no sacrificar a los caninos, que es la forma principal de controlar la enfermedad, que aseguran es imposible de erradicar. Para los veterinarios las acciones de prevención, como la utilización de collares repelentes con deltametrina en los perros, debe ser para los que están sanos porque hay otras formas de contagio entre los perros, como directamente a las crías cuando nacen.

La leishmaniasis es una enfermedad transmitida por una mosquita que oficia como vector. El parásito se contagia al picar a un perro infectado y luego a un humano. Hasta ahora no hubo casos en personas en Uruguay, pero de hacerlo es mortal en el 90% de los casos si no reciben un tratamiento adecuado. En el caso de los caninos, no existen medicamentos que los curen y continúan siendo portadores de la enfermedad.

"A diferencia del dengue, que podés atacar al mosquito quitándole el agua, este transmisor no funciona de la misma forma. Se desarrolla en el suelo, la humedad, la materia orgánica", explicó Soto.

En julio de este año el Ministerio de Salud Pública extendió la emergencia sanitaria por leishmaniasis en el departamento de Salto hasta febrero de 2017, luego de que confirmaran que los casos de perros enfermos se duplicaron en pocos meses y superaron el centenar. En ese sentido, a principios de agosto, la Comisión Nacional de Zoonosis advirtió de la existencia de riesgo sanitario por esta enfermedad en el litoral norte del país (Artigas, Salto y Paysandú).

Sin embargo, la Facultad de Veterinaria también advierte que tanto la presencia de la mosquita como de la enfermedad en perros podría ser mayor. "Encontramos el vector donde lo fuimos a buscar, pero no fuimos a Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo", agregó el director del hospital veterinario.

Cómo detectarla

Si el canino presenta caída del pelo –especialmente alrededor de los ojos y las orejas–, fatiga, pérdida de peso, caspa, crecimiento exagerado de las uñas, hemorragia nasal, sangrado en la materia fecal o fiebre, se recomienda llevarlo al veterinario porque son los principales síntomas de la leishmaniasis. En humanos genera fiebre, pérdida de apetito, diarrea y vómitos.


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