Viaje a Chile (1)

Hay cosas de la vida diaria chilena que resultan sorprendentes al viajero que presta atención y no se dedica solo a sacarse selfies
No hace mucho tiempo atrás me decía un intelectual argentino en un café de Buenos Aires (uno que nada debería envidiarle a los mejores de París): "El problema de la Argentina es que creíamos que éramos Suiza y Alemania y ni siquiera hemos llegado a ser Chile".

Estoy en Chile, donde muchas cosas son mejores que en Suiza y Alemania (países donde he estado). Para empezar, la gente es más amable. Además, vinos y mariscos son superiores a los dos países mencionados.

Hay cosas de la vida diaria chilena que resultan sorprendentes al viajero que presta atención y no se dedica solo a sacarse selfies, textear (como si tuviera muchas cosas importantes para decir durante el viaje) y ejercer una mirada de turista superficial.

Si el diablo está en los detalles, como dice la expresión popular, también la efectividad se ve en detalles no tan insignificantes como podría parecer a primera vista. Compro una tarjeta para usar en el metro y en los ómnibus del transporte capitalino, por valor de 10 viajes.

Luego de un viaje, se agota y me dice el conductor de un ómnibus que mi crédito es "cero", pero igual me permite viajar pues "le creo y es un problema de nosotros". Regreso dos horas después al lugar donde había comprado la tarjeta "bip! DTP Metropolitano", en estación Manquehue, y le explico a la persona que atiende la ventanilla sobre lo sucedido.

Me dice "déjeme consultar con mi superior". Pasan los minutos y me llaman de otra ventanilla: "Estamos verificando lo sucedido". Después de otros minutos, que no son muchos, me llama la misma persona y me devuelve la tarjeta.

Me dice: "Disculpe lo sucedido. Aquí está su tarjeta. Tiene para 10 viajes, los que usted había comprado". Salgo sorprendido por la efectividad, en un metro en el cual viajan millones, que funciona mucho mejor que el de Roma y que una cantidad más de metros europeos.

Recuerdo una situación parecida vivida en el subway de Nueva York el año pasado. La máquina expendedora me "tragó" los cinco dólares que había introducido. Cuando le informé a un empleado sobre lo sucedido, me respondió con descaro: "intente nuevamente con otro billete". Quizá, como en el mapa invertido de Torres García, el Norte es el Sur.

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