Vida y arte vs. tiranía

Tras casi un año buscándola, pude por fin ver en DVD Powidoki
Tras casi un año buscándola, pude por fin ver en DVD Powidoki (Los últimos años del artista: Afterimage), la última película que Andrzej Wajda (1926-2016) filmó antes de morir.

Considerando el rigor y la visión precisa para mantener el relato al mismo nivel de excelencia de la envoltura estética, sorprende antes que nada que el director polaco la filmara cuando tenía 90 años de edad, sabiendo que estaba despidiéndose, del cine y de la vida, con un acto de creación sublime.

Librado de fallas y sin siquiera un segundo de distracción, el filme cuenta los últimos días del extraordinario artista constructivista polaco Wladyslaw Strzeminski (1893–1952), quien fue contemporáneo y amigo de Kazimir Malevich, entre otros creadores que hicieron del arte de vanguardia el estado mental propicio para sintetizar la cadena de invenciones asociadas a la modernidad.

Aunque presenta algún que otro comentario sobre las ideas de Strzeminski respecto a la forma (y a las formas que debería tener) del arte de su época, Powidoki debe verse como una película política en la cual, las directas menciones al realismo socialista (que tanto auge llegó a tener en nuestra ilustre América Latina) no son más que intermediarias de la iluminada visión anti totalitarista que caracteriza a gran parte el cine de Wajda y que aquí se concentra en los estragos que puede ocasionar un régimen comunista, que nunca, ni siquiera proponiéndoselo, deja de ser cruel y criminal.

La acérrima lucha por la libertad que llevó a cabo Strzeminski (quien por cierto era socialista) contra el siniestro régimen pro-soviético que arruinó a su país, y por ende la vida de millones, le costó el peor de los exilios, marginado y perseguido dentro de su propio país.

Murió tuberculoso y de hambre, lamiendo platos vacíos de sopa, en similar estado de catástrofe física y mental al que padecieron millones en la URSS de Stalin y en la China de Mao. Powidoki es un filme cuyo mensaje de fondo no perdió ni perderá vigencia, pues siempre habrá cómplices y traidores que aplaudirán a regímenes de cárcel, miseria y barbarie, como el de Nicolás Maduro hoy en día, o el que le tocó padecer aStrzeminski y que le robó la más sagrada de sus pertenencias: su propia vida.

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