Viejos zorros

El discreto encanto del petróleo y la búsqueda de una política de Estado
En ciertas ocasiones un puñado de ex presidentes de un país se reúne para representar la continuidad de políticas de Estado, o para celebrar tradiciones entrañables, como los ritos democráticos. Ocurrió el martes 2, cuando en la residencia presidencial del Prado el presidente Tabaré Vázquez (76 años) se reunió con Julio Sanguinetti (80), Luis Alberto Lacalle (74), Jorge Batlle (88) y José Mujica (80), los otros cuatro hombres que ocuparon la primera magistratura desde la apertura de 1985.

El club de los ex presidentes tiene un fuerte valor simbólico en Estados Unidos, por ejemplo, por lo que no es extraño ver al conservador George W. Bush riendo a carcajadas junto al liberal Bill Clinton. Pero en América Latina, donde las pasiones políticas suelen crear barreras insuperables, pocos países pueden permitírselo. Es inimaginable en Argentina, aunque sí en Chile o Uruguay.

No es la primera vez que Vázquez cita a los ex presidentes. Ya se reunieron en el invierno de 2009 para inaugurar el nuevo aeropuerto de Carrasco; o en octubre de ese año por la ampliación de la playa de contenedores del puerto de Montevideo. Ambas obras, concedidas a operadores privados durante el gobierno de Jorge Batlle, fueron posibles por leyes de desestatización aprobadas durante el gobierno de Lacalle (el referéndum de diciembre de 1992 contra la ley de Empresas Públicas sólo derogó tres artículos referidos a Antel).

Vázquez homenajeó otra vez al "consejo de ancianos", como lo denominó Mujica, cuando asumió por segunda vez la Presidencia de la República, el 1º de marzo de 2015, a treinta años de la apertura democrática.

Las consultas de primus inter pares se realizan en ocasiones excepcionales. Lacalle las hizo en 1991, antes de firmar el tratado del Mercosur, y Batlle acudió a todos los líderes durante la grave crisis económico-financiera de 2002. Pero Vázquez les ha dado un grado de visibilidad que, de alguna forma, lo colocan a la cabeza del club. De paso, trata de retomar la iniciativa luego del peor año que le haya tocado gobernar, en un contexto de rebelión política y pesimismo generalizado.

La reunión de los ex presidentes esta semana se debió al eventual hallazgo de petróleo en el territorio nacional.

Uruguay aún no extrae petróleo y lo importa por hasta 1.640 millones de dólares, como ocurrió en 2008. Sin embargo desde hace décadas hay pistas de la existencia de crudo, en pequeñas cantidades, en zonas de la cuchilla de Haedo y, más recientemente, bajo el mar territorial, en mayor volumen y a grandes profundidades. Habrá que ver su viabilidad comercial: cantidad y calidad, costo de extracción y transporte, precio internacional.

Vázquez, los otros presidentes y sus partidos sueñan con una política petrolera sabia y duradera.
Al fin el petróleo, ese fetiche tan ansiado, será bueno o malo según se lo asuma y se lo gestione. Puede ser socialmente positivo para naciones que lo han tratado como una droga peligrosa, al estilo de Noruega, Holanda o los Emiratos Árabes. De diversas formas esos países conservan la renta, toda o parte, e invierten en negocios diversificados. Pero el petróleo también puede ser el gran destructor de naciones que opten por el tipo de vínculo que tienen el alcohólico y la botella. ¿Qué caudillo se prohíbe la posibilidad de dispensar grandes cantidades de dinero a cambio de nada, salvo el favor de las muchedumbres?

La dependencia exclusiva o principal del petróleo creó sociedades rentistas y mendicantes del favor oficial, del ocio y el lujo, de la extravagancia y el gasto militar, de la corrupción indescriptible, de la demagogia, el paternalismo, la tiranía y la miseria.

"Ojalá no haya petróleo: genera una tentaciones terribles", opinó Jorge Batlle. "El petróleo trae muchos problemas... Mire Pemex, mire Petrobras, mire Pdvsa, mire YPF, mire Ancap".

"Cuando se cometen errores (el petróleo) puede ser malísimo", advirtió José Mujica. "Tenemos que tratar de entender la experiencia internacional para que se transforme en una política nacional", más allá de los partidos y de esta generación.

Es probable que al fin no haya mucho petróleo en territorio uruguayo; o que sea caro de extraer y su renta no resulte abrumadora sino apenas complementaria, como quien emboca dos cifras a la cabeza en la quiniela y no el pozo del cinco de oro; es posible que un poco de petróleo no destruya por completo la cultura del trabajo y el ahorro, ya bastante maltrecha, y que se tenga el buen tino de guardar algo para el futuro.


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