Vindicación del apretón de manos

Hay una práctica que cayó en desuso, el apretón de manos. En los tiempos que corren, como un tsunami, el hábito de besarse ha desplazado a una señal de confianza y respeto.

por Jaime Clara

¿De dónde viene la costumbre de dar la mano, como saludo? Según los investigadores, no se trata de un hábito de la sociedad moderna. Sus comienzos se encuentran hace unos cinco mil años, según se constata en jeroglíficos egipcios, donde se representan pactos entre los hombres y dioses, que en forma solemne, unen sus manos, en señal de acuerdo.

En Babilonia, 1800 AC, el dios Marduk, recibía un apretón de manos como traspaso o conferencia de poder. Marduk fue el más fuerte y sabio de los dioses. Cuando los asirios invadieron Babilonia, los reyes se vieron obligados a continuar con aquel acto como señal de respeto y como forma de evitar que el pueblo conquistado, se rebelara. Los asirios comenzarían a creer que esto era una tradición general y la adoptarían como un acto cotidiano propio y fue llevado a Medio oriente.

Una teoría, también indica que las dos manos –sea derechas o izquierdas- son atrapadas una con la otra, cuando dos personas se encuentran o despiden, o cuando es la forma elegida para sellar un acuerdo. Su propósito es demostrar buenas intenciones y posiblemente haya sido originado como un gesto para mostrar que las manos no cargan armas.

Besos, nada más

Lo cierto es que por estos tiempos, dar la mano, como señal de respeto, deferencia y saludo, ha caído en desuso. La costumbre de besarse, y sobre todo entre hombres, nos atomiza.

Hace algunos años escribí una columna para el desaparecido diario Plan B sobre un tema que si bien no me desvela, al leer al filósofo argentino Tomás Abraham, me llamó la atención y  me pareció interesante compartirlo con los lectores. Muchos de ellos todavía me recuerdan aquella columna, y vieron en el planteo de Abraham casi que una declaración de principios, nada machista, sino que muy honesta. Y hoy la comparto aquí porque la práctica continúa desarrollándose y multiplicándose. ¿De qué se trata? El prestigioso intelectual argentino lanzó una campaña para “terminar con el sistema obligatorio de besos entre varones”. Para el pensador, “se ha llegado a un límite insostenible”.

Si bien en cada región las costumbres son características –y el Río de la Plata es bastante homogéneo- hay algunas particularidades que nos diferenciaban a los que estamos de este lado del río. Uno de esos detalles era el beso entre varones, que en Buenos Aires, por lo menos, era cosa de todos los días. Y aquí no. El beso estaba reservado como una muestra de afecto entre las mujeres y de hombres hacia mujeres. Y por supuesto, entre integrantes de la misma familia, sin distinción de sexo y de cercanía. Desde hace algunos años la costumbre del beso en la mejilla entre los hombres se ha consolidado en la sociedad montevideana. Creo que en el interior, las cosas no han cambiado tanto.

Los europeos suelen dar dos besos, son las personas que más besan en las presentaciones. Los rioplatenses solemos dar un solo beso y en Brasil dan hasta tres. Los orientales son las personas que menos utilizan el beso como forma de saludo y en Norteamérica importa más el abrazo, tras un discreto beso. En Rusia los hombres se dan besos en la boca, definidos en los medios con la espantosa palabra de “piquito”.

Pero en los últimos tiempos esta conducta se ha ido modificando con una velocidad increíble. Ahora lo extraño, lo que se ha ido perdiendo, es dar la mano entre los hombres. Enseguida te zampan el beso. Por eso entiendo al filósofo Abraham: “he comenzado la acción con los amigos a quienes les pedí que no lo tomaran como algo personal, pero que desde este día nos daremos la mano. Es franco, viril, leal, distante pero respetuoso, el dar la mano.(...)Lo han recibido con beneplácito, algunos con sorpresa, otros con ironía, nadie pensando que es un disparate. Son muchos los que están cansados de los besos. Un buen apretón de manos y de vez en cuando, por qué nó, el clásico abrazo porteño acompañado por el grotesco italianismo “qué hacés papá ”, sentencia enfático.

El beso, como manifestación de cariño entre personas adultas surgió en el entorno del siglo VI, cuando deja de ser un patrimonio exclusivo entre adultos y niños. Muchas veces el besar la mano era una actitud de sumisión y de respeto.  Pasó la censura durante Revolución Industrial en el que quedó reducido a la vida privada. Durante el mayo francés (1968) el beso fue un símbolo de rebeldía. El besar el suelo es una reverencia hacia la tierra que recibe al visitante, como lo hacía en cada uno de sus viajes Juan Pablo II. Besar siempre fue algo más que un simple saludo. 

Es por ello que la evolución del beso como saludo cotidiano, es relativamente reciente; si nos atenemos a que, hasta hace solamente unos cuantos años, el beso era un tema prácticamente tabú, traspasar estas barreras hasta considerarse un acto socialmente bien aceptado, ha llevado mucho tiempo a nuestra sociedad. De hecho hay sociedades en las que, aún el beso no es considerado como una forma correcta de saludar.

“Mi propuesta y campaña no tiene un significado psicológico –explica Abraham-, no sé si mi boca está más cerca de mis fueros personales que mi mano derecha. Todo mi cuerpo tiene derecho a vivir tranquilo. Es una cuestión de cercanía. Si fuera un oso hormiguero me bancaría el chupón de un conocido, total lo veo a dos metros. De ser un manicorto, un muñonero, el dar la mano exigiría que nos rocemos los pantalones con el prójimo y preferiría los mails. Pero siendo un homo erectus, no hay como los brazos para conservar los lugares.”

Modestamente me sumo a esta campaña desde esta orilla. Insisto, nada tiene que ver esto con el machismo. En mi caso tampoco es algo personal con alguna persona y nadie se sienta obligado a cambiar su forma de saludar por este motivo. Pero que se sepa. Solo que quiero preservar el saludo tradicional hacia hombres y hacia mujeres. Reservemos ese beso masculino hoy tan repetido y gastado para algún otro momento emotivo si es necesario. Y además, creo, que en esas circunstancias, el abrazo o el viejo y querido apretón de manos, será más efectivo y más efusivo.


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