Violencia virtual: caer en la red

La sociedad debe adaptarse a la presencia de las redes sociales y a comprender los códigos con los que se manejan. Sin embargo, el uso correcto de la herramienta es responsabilidad de cada uno.

por Jaime Clara

No hay patente de corso. No se puede decir cualquier cosa a cualquier persona. Una red no es para insultar, denigrar o discriminar. Y que esto no se generalice es responsabilidad de cada uno de los que participan/participamos, en mayor o en menor medida, en las redes sociales, sea Facebook. Twitter, Instagram, Whatsapp, o la que sea.

Una vez más debo escribir sobre el mismo tema. En último programa de Sábado Sarandi, durante una entrevista -no importa cuál- recibo un mensaje de texto en el que un oyente trataba de imbécil al entrevistado, porque no le gustaba lo que estaba diciendo, sobre un tema determinado, del cual, mi invitado es especialista y tiene sobradas credenciales para hablar del asunto.

El tono que utilizó este oyente, al que no dudaría en devolverle el injusto insulto con el que ofendió al entrevistado, no es nuevo, sino todo lo contrario, es cada vez más frecuente. La falta de respeto y la poca consideración que existe por la opinión del otro, no deja de sorprenderme cada día. Estamos padeciendo un bajísimo umbral de tolerancia. Esta situación se potencia en las redes sociales, supongo que por la facilidad de llegar con los mensajes o por la impunidad de la distancia o de un cierto anonimato. Sea como fuere, está mal y hay que procurar cambiar el tono de este tsunami de ofensas y humillaciones permanentes, antes de que sea tarde. Aunque tengo la percepción que esas agresiones frecuentes que se ven en las redes, están poco a poco, permeando nuestra vida cotidiana, y se nota en el tránsito, en los centros de enseñanza, en las manifestaciones callejeras, en los eventos deportivos, por nombrar solo algunos ámbitos.

La furia del clic

Una periodista del diario La Nación de Buenos Aires, escribió hace algunos días sobre el punto, lo bautizó la situación como "la era de la ira virtual". Dice Ludmila Moscato que "hoy, ante la infinidad de situaciones públicas o privadas que generan estrés, enojo, frustración -y a diferencia de otros momentos en los que para desahogar la angustia o bronca había que hacer una llamada o concertar un encuentro con algún amigo-, estamos a un clic de compartirlo con los demás. Y precisamente esa inmediatez es la que puede jugar en contra, tanto a la hora de mandar un mail iracundo como de tuitear animosamente en contra de alguien."

Agrega que "muchas veces, el hecho de estar tras un monitor hace que lleguemos a niveles de violencia que no sostendríamos cara a cara: "El anonimato y la virtualidad facilitan una descarga que no responsabiliza al sujeto. La persona no se siente con responsabilidad subjetiva, es equivalente la analogía a lo que ocurre con un barrabrava, donde la masa de sujetos hace que el individuo desaparezca y que nadie se sienta responsable de la violencia producida. Las redes sociales me parece que tienen en esa especie de potenciación que genera la cadena de contactos, una desresponsabilización del efecto que produce el mensaje, es como si el mensaje no tuviera sujeto que la enuncie", reflexiona Juan Eduardo Tesone, médico psicoanalista de Asociación Psicoanalítica Argentina. Además, no siempre se miden las consecuencias de desahogar furia en Internet ni se termina de tomar conciencia de que el perfil en las redes construye una identidad y una reputación virtual, en la que cada tuit o post suma para que los demás se hagan una idea de quién es uno. Si el nombre propio solamente queda asociado a quejas, insultos y descargas de ira es muy probable que su reputación pueda verse dañada."

Concluye la periodista que "la descarga de ira en Internet parecería traer más perjuicios que satisfacciones. Y probablemente, la clave esté en entender que, como dice Graciela Díaz Lima - directora del programa gratuito de Talleres de Reflexión del Hospital Tornú y coordinadora del taller "Emociones a flor de piel"- es imposible transmitir un mensaje mediante la violencia, sea de la índole que sea: "La comunicación violenta no comunica conceptos, comunica violencia. El contenido del mensaje desaparece, lo que se está haciendo es como dar un golpe y el otro responde con otro golpe, nunca nos vamos a llegar a entender, porque lo que desata la comunicación violenta es violencia". Si incluso teniendo esto en cuenta aflora un impulso violento, los expertos consultados recomiendan demorar la respuesta: irse a caminar, darse una ducha, contar hasta diez o incluso escribir un mail, sí, pero no mandarlo.  Si al otro día uno sigue estando de acuerdo con el contenido, ahí sí, enviar (...) no olvidarse, nunca, de que hay actitudes imposibles de volver atrás: la palabra escrita es muy difícil de borrar, no solamente de Internet, sino también de la memoria y la pupila del agredido."

Siento que cuando se escribe un comentario ofensivo en una red social, no se evalúa el daño que se pueda realizar al destinatario de la agresión. Como se dijo, en las redes se maneja un tono de barra brava que  jamás se utilizaría cara a cara. Por lo tanto, tenemos que tratar de civilizarnos más, también en las redes, porque si estas formidables herramientas de comunicación son el reflejo de la sociedad, estamos muy mal. Y todo puede ser peor.

 

http://www.lanacion.com.ar/1831246-desahogar-la-furia-haciendo-clic-la-era-de-la-ira-virtual

 

 


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