Volver al futuro que nunca fue

Recordar cómo el pasado imaginó un futuro es algo que ha inspirado a escritores y cineastas, e incluso se ha convertido en la razón de ser de algunas subculturas

La película de Robert Zemeckis Volver al futuro marcó a toda una generación que aún se pregunta cuándo llegarán esas patinetas flotantes y esos comerciales holográficos que hicieron soñar a muchos niños con un futuro que poco se parece al de la actualidad.

Aquel posible 2015 fue imaginado en 1983. Y hoy, en 2012, a menos de tres años de aquella fecha que aún no llegó, no parece muy plausible la idea de viajar en esos autos voladores que Marty McFly y Doc Brown tuvieron que esquivar al llegar al futuro.

Cada presente mira hacia adelante en base a lo que conoce y, a medida que va pasando el tiempo, ese futuro se va acercando hacia el presente de otras personas. Para muchos, conocer cómo su pasado imaginó su futuro, no deja de tener cierto encanto gracioso.

Por ejemplo, hoy día muchas sensibilidades se conmueven al acercarse al futuro que proyectaron durante la década de 1950 en esas estaciones de servicio que parecían platillos volantes o en aquellos autos falsamente aerodinámicos. 

Retrofuturismo

Este “futuro pasado” puede entenderse como retrofuturismo y encuentra su piedra de toque y máximo exponente en el cuento El continuo de Gernsback, escrito por el imprescindible autor de ciencia ficción William Gibson. En esta historia, un fotógrafo del futuro indaga en el pasado que imaginaron en Estados Unidos a mitad del siglo XX, y lo hace con una mirada plagada de fascinación.

Es esa sensación precisamente la que ha inspirado multitud de novelas, películas, cómics e incluso subculturas que se expresan en la moda o el diseño. Muchas de ellas, revuelven en tiempos pretéritos con una perspectiva camp, una sensibilidad particular por lo exageradamente artificiosa, cursi o bizarra en general, y que encuentra un ejemplo en la película de Tim Burton Mars attacks!.

El placer por lo “raro” no es, sin embargo, la única senda que puede tomar el retrofuturismo. El desarrollo de la historia y la tecnología no es lineal y, si toma una dirección y no otra, es por una serie de circunstancias que a veces rozan lo casual. ¿Cómo hubiera sido el siglo XIX si ya se hubieran inventado determinadas armas o medios de transporte? 

La realidad de un tiempo presente es extremadamente relativa si se mira en perspectiva. Es de esta premisa desde donde parte la llamada urconía: la construcción de mundos alternativos o paralelos imaginados a partir de una distorsión de la realidad, en general asociada a la tecnología. Esta idea es la base de las dos dimensiones de la serie televisiva Fringe, donde se puede conocer un mundo paralelo en el cual existe una Nueva York con Torres Gemelas sobrevoladas por zepelines y donde la gente usa caravanas-celulares.

Del mismo modo que puede imaginarse un presente alternativo, puede adelantarse un futuro que podría ser si se dieran determinadas condiciones. En abril se estrenó en las salas de varios países Iron sky, una comedia de ciencia-ficción ambientada en 2018, que cuenta cómo una comunidad nazi que había huido hace 70 años al lado oscuro de la luna, regresa para atemorizar unos Estados Unidos gobernados por una especie de Sarah Palin.

Lo que pudo haber sido

Los tintes retrofuturistas también están presentes en la (muy mala) película La liga de los hombres extraordinarios, donde se imagina un pasado en el que existen inventos que no surgieron hasta varias décadas después. Igualmente,  en el filme protagonizado por Will Smith Wild Wild West, la máquina de vapor es utilizada por un villano para crear una enorme araña mecánica que recuerda a una Torre Eiffel con patas.

Imaginar un pasado distinto, donde algunas tecnologías han tomado un rumbo diferente, puede incluso generar cierta nostalgia por aquello que nunca pasó. La subcultura retrofuturista steampunk,  parte de la tecnología de vapor y la fascinación por la mecánica decimonónica para incorporarla a todo tipo de objetos como ropa, autos o incluso computadoras. El steampunk resucita la moda victoriana y la mezcla con ingenios de la época en formas que solo podrían haber sido imaginadas por escritores como Julio Verne o H.G. Wells.

Conocer el mañana que imaginó el ayer es también una forma de saber cómo se pensó a sí mismo el pasado. Como dice Andy Hedgecock, coeditor de la revista de ciencia ficción Interzone, “la ciencia ficción de un período dado refleja las esperanzas y temores de ese período y/o su voluntad de hacerles frente, antes que la intención de retirarse a la pura fantasía”.

Pareciera que el presente es un momento histórico que cada vez más tiende a revolver entre sus futuros pasados. Puede ser porque enternece o divierte, pero también, quizá, porque con tanta innovación es difícil imaginar un futuro que no haya llegado ya o esté en vías de. O quizá porque mirando al futuro solo se ve incertidumbre.


Fuente: Andreu Belsunces Gonçalves

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