Votando con los pies

La población de Uruguay casi no crece, pero los desplazamientos internos han sido de gran significación

En el siglo largo transcurrido entre los censos de 1908 y 2011 la población de Uruguay se multiplicó por tres. Puede parecer mucho, pero en realidad es una tasa baja (212%). En el mismo período la población del mundo se multiplicó por cuatro y la de Argentina por más de cinco.

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Más dramáticos fueron los desplazamientos de las personas, que votaron con los pies al migrar por necesidad o preferencia, tanto hacia el sur y las fronteras como hacia el exterior del país.

Un refugio en los confines del mundo

El número de habitantes de Uruguay se había duplicado en la década de 1850, después de la Guerra Grande; y se multiplicó por ocho en la segunda mitad del siglo XX. Argentina, Brasil y Uruguay, en ese orden, eran los grandes destinos de la masiva migración de europeos, corridos por el hambre, la falta de oportunidades y la disidencia. Entonces Montevideo, repleto de extranjeros, era una torre de Babel. "Se ha convertido en una especie de refugio para todos los vagabundos descontentos de todos los países de Europa", advirtió el artista inglés Robert Elwes en 1853. El censo departamental realizado en Montevideo en 1884 mostró que el 44% de los habitantes de la capital habían nacido fuera de fronteras. Luego, en los primeros 30 años del siglo XX, la población de Uruguay de duplicó. Pero a partir de entonces, desde la Gran Depresión, y más aún desde mediados de la década de 1950, el crecimiento se hizo muy lento debido a una combinación de baja natalidad, inmigración casi nula y alta emigración. La historia pegó la vuelta. En el último medio siglo la población aumentó poco más de 25%. En 2011 el 15% de los uruguayos vivían fuera de fronteras y apenas el 2,34% de quienes residían en el país habían nacido en el extranjero.

La inmigración es demasiado débil ahora como para tapar el agujero demográfico que amenaza al país.

En 2016, la Dirección Nacional de Identificación Civil entregó 29.585 cédulas de identidad a latinoamericanos, informó Búsqueda el 5 de enero. Además de los limítrofes Argentina (11.530) y Brasil (6.211) los países con más documentos otorgados —nuevos o por renovación— fueron Venezuela (2.576), República Dominicana (2.132), Perú (1.615) y Cuba (1.318). Y siguen siendo más los uruguayos que se van que los que regresan tras residir en el extranjero. "Solo en 2015 se fueron por (el aeropuerto de) Carrasco y no volvieron 13.290 uruguayos, según los datos de la Dirección Nacional de Migraciones", informó Búsqueda en octubre. Muchos otros uruguayos se marchan hacia Brasil o Argentina por vía terrestre o fluvial.

El envejecimiento, otra tendencia mundial, ha sido enorme. La población del país menor de 15 años pasó de 41% del total en 1908 a sólo 21,8% en 2011, en tanto las personas de 65 años o más saltaron de apenas 3% en 1908 a 7,6% en 1963 y a 14,1% en 2011.

Uruguay tiene la población más envejecida de América Latina. Las personas de mayor edad promedio están en Lavalleja y Montevideo, y las más jóvenes en Artigas, Río Negro, Rivera y Salto.

El país ahora tiene niveles de fertilidad que comprometen la reposición poblacional: este límite se sitúa estadísticamente entre 1,8 y 2 hijos por mujer según la estructura demográfica del territorio. En Uruguay es inferior a 2, en especial en Montevideo, que se reduce a 1,5.

Huida hacia el sur

Ya entrado el siglo XX, las personas tendieron a concentrarse en Montevideo, cuya población aumentó 318% entre 1908 y 2011, muy por encima del promedio. El Interior como un todo creció apenas 167%, aunque Canelones y Maldonado experimentaron saltos notables.

En 1908 la población de la capital del país equivalía al 29,7% del total, y era así todavía en 1929, en los inicios de la Gran Depresión internacional. Pero tres décadas más tarde, en 1963, el departamento de Montevideo reunía el 46,3% de la población uruguaya y, con su área metropolitana, superaba el 50%.

Comenzó a hablarse de "macrocefalismo": un cuerpo con una cabeza desproporcionadamente grande. Fue el resultado de un éxodo interno agudo y dramático. Como se describió en este blog en setiembre del año pasado: "Los habitantes de Uruguay migraron del campo a los pequeños pueblos, de los pequeños pueblos a las capitales departamentales, de las capitales departamentales al sur, y de Montevideo al exterior: hacia Argentina, España, Estados Unidos, Brasil o Australia, según la época y la calificación profesional".

Si bien la migración campo-ciudad es un fenómeno mundial, y más marcado aún entre los países de mayor desarrollo relativo, los pobladores del campo uruguayo se marcharon antes que en casi todo el resto de América Latina. Pero el éxodo rural en Uruguay no contribuyó a crear una constelación de ciudades medianas e importantes centros regionales, sino que básicamente infló a la capital del país. (Nueva Zelanda, por ejemplo, con una población total de 4,5 millones y una base económica agropecuaria similar a la uruguaya, tiene diez ciudades que superan los 100.000 habitantes, cinco de ellas por encima de los 200.000).

El campo y Montevideo

La caída de la población rural se produjo por dos factores complementarios: por un lado, la atracción de los centros urbanos, con su oferta de servicios, puestos de trabajo y entretenimiento; y por otro, la gradual tecnificación de la producción agropecuaria. La inversión en tecnologías, desde el alambre al tractor, sustituyó mano de obra.

Los inmigrantes europeos expandieron la agricultura a partir de la década de 1860: trigo, maíz, lino, huerta, frutales. El área sembrada pasó de 474.000 hectáreas a fines del siglo XIX a 830.000 en 1908. Los grandes cultivos de arroz se iniciaron en 1919. En la década de 1880 se generalizó el uso del alambrado pues Estados Unidos y Gran Bretaña producían alambre barato por primera vez en la historia.

"El aumento en la cantidad de alimentos en los siglos XIX y XX se produjo en lugares en los que el número de agricultores se había reducido", resumió el historiador británico Hugh Thomas en un ensayo sobre el tema. "El éxito de la agricultura moderna se debió no solo a la mecanización, sino también a un simultáneo descenso del número de agricultores".

Todas las grandes potencias agropecuarias, desde Estados Unidos a Argentina, Nueva Zelanda o Australia, tienen escasa población en el campo y una utilización relativamente alta de tecnologías modernas.

Por el contrario, la población rural suele ser muy elevada en países de mayor atraso relativo, a veces signados por la pobreza y el hambre: Burundi, Uganda, Níger, Etiopía, Ruanda, Eritrea, Guatemala o Haití, entre muchos otros.

El vaciamiento de la campaña uruguaya se acentuó en la segunda mitad del siglo XX. Según el censo de 1985, aún el 12,4% de los habitantes del país estaban en el campo, pero en 2011 ya eran apenas el 5% del total, unas 165.000 personas. De todas formas, la cantidad de personas que trabaja en el sector agropecuario, de manera directa o indirecta, es muy superior. El desarrollo de los caminos y de los medios de transporte favoreció el desplazamiento periódico de empresarios, técnicos y trabajadores desde los centros poblados, donde residen con sus familias, a los sitios de labor en el campo.

Los asentamientos precarios

El "macrocefalismo" o concentración en Montevideo fue estimulado por la baja rentabilidad relativa del sector agropecuario, que durante décadas subsidió la creación de una industria de "sustitución de importaciones" y el desarrollo de la capital del país; la concentración de servicios, desde salud a enseñanza superior; y más y mayores oportunidades laborales, incluido el sector público y sus empresas.

Recién desde el censo de 1996 en adelante el interior pudo mantener su participación ante la suma de Montevideo y Canelones, el "gran sur", que concentra el 56% de los habitantes del país, y al que se debe agregar el sudeste del departamento de San José. La retención de habitantes en el interior en las últimas dos décadas se debió –entre otros factores– al constante aumento de la inversión turística en Maldonado, el crecimiento de Río Negro, Rivera, Tacuarembó y Salto, y al auge de la agricultura, la forestación y la ganadería.

El largo estancamiento económico que se inició a mediados de la década de 1950 y la emigración masiva y rápida desde el interior contribuyeron a gestar el fenómeno de los asentamientos precarios o "cantegriles" (nombre irónico que alude al exclusivo Cantegril Country Club de Punta del Este). El cinturón de chabolas en torno a la capital del país también se engrosó con habitantes de barrios montevideanos que marcharon hacia el suburbio en busca de tierras baratas para construir sus viviendas.

Muchos barrios "centrales" perdieron población: Unión, Villa Dolores, Parque Batlle, Villa Española, Cerro, Ciudad Vieja y Aguada, entre otros. Mientras tanto se inflaron las ciudades de Canelones y San José contiguas a la capital y los barrios periféricos: Villa García, Manga y Manga rural, Casavalle, La Paloma, Tomkinson, Casabó, Pajas Blancas, Toledo Chico, Paso de la Arena, Punta Rieles, Bella Italia, Piedras Blancas.

Al menos el 12% de la población de Montevideo y su área metropolitana, cerca de 200.000 personas, vive ahora en asentamientos precarios, que padecen desde escasez de servicios básicos, como saneamiento, calles y transporte, hasta miseria lisa y llana.

El área metropolitana de Montevideo

La instalación de la mayor parte de los habitantes sobre las costas de los mares y grandes ríos y lagos es una tendencia mundial. Los seis departamentos del sur de Uruguay, desde Colonia a Rocha, que tienen costa sobre el Río de la Plata y el océano Atlántico, concentran más del 70% de la población, cuando un siglo atrás no llegaban a 54%.

Canelones fue el segundo departamento con mayor incremento de la población durante el último siglo debido a la expansión de Montevideo y la constelación de "ciudades dormitorio".

El área metropolitana de Montevideo, conjunto urbano y suburbano en los límites de tres departamentos pero centrado en la capital del país, comenzó a ser significativa a principios de la década de 1960 y dio un gran salto en las décadas de 1980 y 1990. En las últimas tres décadas representa alrededor del 52% de la población total del país.

Muchos pobladores del sur canario, desde Toledo a la Ciudad de la Costa, viajan diariamente a la capital para ganarse la vida. La Ciudad de la Costa, una antigua constelación de balnearios agrupados bajo ese nombre en 1994, tenía 112.500 pobladores en 2011, por lo que se convirtió en la segunda ciudad más grande del país desplazando a Salto (104.000).

En el último medio siglo las poblaciones que más crecieron fueron en su mayoría satélites de Montevideo, como la Ciudad de la Costa, Ciudad del Plata (los antiguos fraccionamientos del Rincón de la Bolsa, en San José), Pinamar, Salinas, Las Toscas o Parque del Plata. También fue notorio el auge poblacional del área metropolitana de Maldonado-Punta del Este. Y en los primeros años del siglo XXI despegaron ciudades del litoral oeste, como Carmelo o Colonia del Sacramento, gracias a su cercanía con Buenos Aires.

El departamento de Maldonado es una nueva California: un territorio de oportunidades gracias al turismo receptivo internacional de alta gama, en particular proveniente de Argentina y Brasil. En 1979 se superó por primera vez el millón de turistas ingresados a Uruguay en un año, en 1993 se alcanzaron los dos millones y en 2016 se sobrepasaron los tres millones. Los principales destinos son Montevideo, Punta del Este, las termas del litoral y Colonia del Sacramento.

Según el último censo, el 41,4% de los habitantes de Maldonado habían nacido en otro departamento o país. Las oportunidades laborales y el flujo de residentes hicieron que su población, que en 1963 representaba sólo el 2,4% del total de Uruguay, pasara a 2,7% en 1975, 3,2% en 1985, 4% en 1996 y 5% en 2011.

Pero no sólo Montevideo, Canelones o Maldonado atrajeron pobladores durante el siglo XX; muchas personas también se concentraron en las fronteras con Brasil o Argentina.

El departamento de Paysandú, cuya población casi se triplicó en un siglo, se vio beneficiado por la radicación de una serie de industrias a partir de la década de 1940. Mientras tanto, la ciudad de Rivera forma un solo conglomerado urbano de unos 180.000 habitantes con la brasileña Santana do Livramento.

El ingreso promedio por hogar más elevado se halla en Montevideo, seguido por Salto, Maldonado, Soriano y Río Negro; y los ingresos más bajos se registran en Cerro Largo y Rivera.

Vaciamiento del centro

En el último siglo, mientras tanto, se deprimieron los departamentos del centro del país, que dependieron básicamente de la ganadería extensiva. La población del departamento de Lavalleja apenas aumentó 15% entre 1908 y 2011, la de Durazno 35%, la de Florida 48% y la de Flores 56%.

Los departamentos mediterráneos representaban en 2011 sólo el 9% de la población uruguaya, cuando un siglo antes nucleaban al 19,4% del total.

Departamentos fronterizos como Artigas, Soriano, Cerro Largo, Rocha, Rivera, Treinta y Tres también perdieron mucha población entre 2004 y 2011.

Se encogieron algunas poblaciones muy dependientes del ferrocarril, medio que alcanzó su auge en las décadas finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, o que prosperaron gracias a ciertas agroindustrias puntuales o reparticiones públicas que luego decayeron. Entre las poblaciones que perdieron más población desde 1963, o la incrementaron de manera irrelevante, se cuentan Santa Clara de Olimar, José Batlle y Ordóñez, Montes, Belén, Aiguá, San Bautista, La Paloma (Durazno), Tupambaé, 25 de Mayo, Cardal, Mígues, Carlos Reyles, 25 de Agosto, Treinta y Tres, Tambores, Cardona, Villa Soriano, Soca, Mariscala, Minas, Juan Lacaze y Rosario.

El territorio uruguayo, que en general es muy accesible y fértil, está relativamente despoblado, según estándares internacionales, aunque no tanto como los de Argentina, Paraguay, Nueva Zelanda, Canadá o Australia.

La super-concentración en el sur agravó el desbalance. La densidad de población, que promedia 18,6 personas por kilómetro cuadrado, muestra variaciones radicales según zona del país. Los departamentos mediterráneos tienen entre cuatro y seis personas por kilómetro cuadrado (salvo Florida, que llega a 6,5), en tanto Canelones y Montevideo van de 114 a 2.440 personas por kilómetro cuadrado.


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