Washington, D.C: Una metrópolis a pie

La capital de Estados Unidos es fácil de recorrer y tiene lugares fuera del circuito típico que vale la pena conocer para sentirse un verdadero washingtonian
Washington es una ciudad chica. Más chica incluso que Montevideo, tanto en superficie como en población (menos de la mitad). Pero es donde todo pasa. Y es un destino caro, fundamentalmente para comer afuera. No tanto como Nueva York o como Boston, pero no es Miami ni de cerca.

Lo bueno de la capital estadounidense es que la mayoría de sus atracciones son gratuitas.

DC es una ciudad baja, sin rascacielos, con edificios de no más de una docena de pisos y con mucho, mucho verde.

Lo importante para poder ubicarse rápidamente es conocer cómo se estructura la ciudad. Está dividida en cuatro partes, no iguales, que toman como centro el edificio del Congreso. A partir de ahí es muy sencillo: Noreste, Sureste, Noroeste y Suroeste. Para quien está unos pocos días, con saber que está en el Noroeste alcanzará. Ahí está (casi) todo. La segunda referencia vital son las calles. Las horizontales son números, las verticales letras y las diagonales nombres de estados del país. Para abajo está el río. No hay cómo errarle.

La mejor época para ir es primavera y principios de otoño. El invierno es muy frío y el verano puede ser bochornoso.

Antes de arrancar


Tener conexión a internet en el teléfono es muy útil cuando uno no conoce una ciudad, pero el roaming puede ser algo caro. Por US$ 34 se puede comprar un chip en un Walmart con 5 gigas para navegar que le alcanzarán y le sobrarán.

Hay tres apps que son de gran utilidad en DC. La primera es Google Maps. Fácilmente ubica el lugar al que uno quiere ir y dice cómo ir –auto, metro, ómnibus e incluso calcula cuánto saldría tomar un Uber–. La otra es Next DC Metro and Bus, con la actualización al instante de cuándo pasará la próxima línea. La última es Spotcycle, que muestra las bases dónde hay bicicletas del sistema público o dónde devolverlas, también en tiempo real. La bicicleta es la forma más rápida de moverse en Washington, y los demás vehículos que comparten la calle respetan mucho a los ciclistas. Además, hay ciclovías.

No puede faltar


El recorrido clásico, para hacer en uno (a las corridas) o dos días, es el National Mall: los memoriales que dan al río Potomac, el obelisco –al que nadie en la ciudad le llama así sino Monumento a Washington– y los museos, todos gratis. Al final del recorrido, el Congreso. Si no pasó antes, desvíese hacia el norte cuando llegue al obelisco y pase por la Casa Blanca.

Adonde van los locales


Vaya a la calle U, donde está la mayor cantidad de bares y restaurantes, y tradicionalmente es un barrio de personas negras. De domingos a jueves tiene su movimiento pero el fin de semana aumenta. Ahí puede ir a Ben's Chili Bowl, un histórico restaurante de panchos donde incluso el presidente Barack Obama paró a finales de 2008, luego de ganar la elección, a comer un half-smoke. Y vaya a Dupont Circle. Es el otro punto de salida nocturna, este con algo más de glamour.

Visite Georgetown, el barrio cheto de la ciudad, tradicionalmente de personas blancas. Camine por el Waterfront, lo que en Uruguay llamaríamos rambla. Si tiene tiempo, visite la Universidad de Georgetown. El campus impacta.

Si el día está lindo, al atardecer se puede disfrutar en un bar con rooftop (azotea) o un beer garden (patios en los que ofrecen cerveza, y comidas). Y camine, camine, camine. Washington es muy amigable para hacerla a pie, a diferencia de la mayoría de las ciudades estadounidenses.

Las claves


Transporte. Hay seis líneas de metro identificadas por color. El precio del boleto varía según distancia y hora (US$ 1,75 a US$ 5,90). El ómnibus cuesta US$ 1,75. No se tome un taxi, salvo de noche. Llegará a la misma hora o más tarde y pagará mucho más.

Bicis. Hay un sistema público que cuesta US$ 2 la media hora. También se puede pagar US$ 8 y hacer viajes de menos de media hora durante un día. Si se pasa de ese tiempo le cobrarán extra. Lo puede evitar parando en una estación antes de pasar ese límite y volviendo a sacar la bicicleta.

Idioma. Si no habla inglés, no se preocupe. En la mayoría de los comercios y por la calle encontrará quien hable español, e incluso mucha señalización en la ciudad está en castellano.

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