Wellington: la belleza de los kiwis

La capital de Nueva Zelanda es una ciudad tranquila pero hermosa, que combina la cultura maorí con la herencia británica, en el país más alejado del mundo
Wellington no es la ciudad más grande de Nueva Zelanda sino la segunda, pero concentra toda la vida política del país y buena parte de la historia y la cultura de estas dos islas de Oceanía que conjugan lo ancestral del pueblo maorí –que hoy en día es minoría– con lo importado por los británicos desde mediados del 1800.

Se ubica en el extremo sur de la Isla Norte, territorio que comparte con Auckland, la mayor ciudad de este pequeño y tranquilo país que conquista a los turistas con su naturaleza y la singularidad de los pueblos de Oceanía, en el país más alejado del mundo.

Nueva Zelanda –o como se denominaba originalmente, Aotearoa, nombre que se puede ver con frecuencia en sus calles– comparte con Uruguay la característica de ser un país agrícola-ganadero, con una población apenas mayor: 4,7 millones de personas. Pero hay otro montón de cosas que no comparte. Es un país desarrollado, y se nota, y es muy ordenado.

Su capital tiene solo medio millón de habitantes, incluyendo ciudades dormitorio, y sus pobladores, a quienes cariñosamente se los denomina "kiwis"; son muy amables y educados.

"Wellington, la pequeña capital más cool del planeta", se puede leer en un letrero electrónico ubicado en la fachada de la Bolsa de Valores de ese país, y probablemente sea cierto, porque para su reducido tamaño tiene una vibrante vida social y cultural.

Con vista al mar

La ciudad mira a la bahía y al puerto, y el centro se ubica sobre esa costa. Allí se pueden encontrar, en un radio de pocas cuadras, los principales edificios: el municipio, el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, el Centro Michael Fowler, y la Biblioteca de la ciudad de Wellington. El Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa es un imperdible de la ciudad. Cuenta con diversas exposiciones, la mayoría relacionadas con la historia local, la fauna y la flora, y la cultura maorí.

También se puede encontrar en el centro la calle Cuba, la peatonal de la diversión. Concentra tiendas de ropa, cafeterías y bares, y vale la pena darse una vuelta.

Todos los viernes y sábados, sobre esta calle abre la feria noctura de Wellington, donde se pueden degustar diferentes platos, tanto típicos como de cocina extranjera.

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Ciudad política

Otro de los atractivos que se pueden visitar es el Parlamento, ubicado cerca del centro. Su arquitectura cilíndrica llama la atención por lo diferente respecto al resto de la ciudad, y se pueden hacer visitas guiadas, en las que cuentan tanto la historia del edificio como de la democracia de ese país. También se puede recorrer el subsuelo, refaccionado hace algunos años para soportar terremotos. En esa sede también tienen sus oficinas el primer ministro y el gabinete de gobierno.

Frente al Parlamento está The Backbencher, un histórico bar cuyo menú tiene la particularidad de que los platos fueron bautizados con los nombres de figuras relevantes de la política de ese país. Así, por ejemplo, está el "pescado fresco de John Key", quien fuera primer ministro hasta diciembre, o el "cordero de Bill English", el actual primer ministro. Un plato de esos cuesta alrededor de 30 dólares neozelandeses, unos 620 pesos uruguayos.

Y antes de dejar la ciudad hay que visitar la cima del monte Victoria, preferentemente al atardecer, desde donde se tiene una vista panorámica de toda la ciudad kiwi.

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Claves

Idioma. Si habla inglés, va a llevarle un tiempo acostumbrar el oído al acento neozelandés. Una de las mayores dificultades es que lo que en el Reino Unido o Estados Unidos pronuncian con el sonido "e", en Nueva Zelanda muchas veces es pronunciado como "i".

Teleférico. Como todo el país, Wellington está enclavada en una zona montañosa, y existe un teleférico que permite subir a la parte más alta de la ciudad y tener desde allí una vista panorámica. En lo alto está una de las entradas del jardín botánico de la ciudad, que incluye una variada flora de Oceanía.
Gastronomía. Un plato típico de Nueva Zelanda –aunque una versión parecida existe en Australia– son los pies, pequeños pasteles salados rellenos que se suelen comer a cualquier hora. Los de carne son muy recomendables. En el lado de lo dulce, el postre típico se denomina Pavlova. elaborado con merengue y frutas, típicamente frutillas, maracuyá y kiwis –insignia de estas islas–.

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