Y mientras tanto

Jamás conseguiremos la apertura de ningún mercado si nosotros mismos no estamos dispuestos a abrirnos.

Mientras Uruguay y los demás miembros del Mercosur siguen enredados en el debate sobre qué hacer con Venezuela, en el resto del mundo se consolidan tendencias económicas que deberían alertarnos por el tiempo que estamos perdiendo.

La inserción internacional de Uruguay siempre fue un tema central para el desarrollo del país, pero hoy aparecen razones claras para ver que estamos ante un momento de quiebre. El primer punto es que hoy el mundo tiene una dinámica mucho más veloz e impredecible que la de algunos años atrás. Bien podríamos decir que ya no estamos ante una época de cambios, sino que ante un cambio de época de la economía global y esto implica levantar de forma urgente el nivel de debate que venimos teniendo en varios temas. Sobre la inserción del país concretamente, si no nos involucramos en acuerdos concretos, pronto vamos a quedar afuera de los espacios de diálogo internacional y esto nos hace más vulnerables al momento de colocar nuestros productos en el mundo. El segundo punto pasa por señalar que ante la actual coyuntura internacional, la inserción internacional del país ha dejado de ser un tema y pasa a trasformarse cada vez más en un problema para Uruguay. Lo que ayer era un tema a reflexionar, hoy es un problema a solucionar. Y existen datos concretos para demostrar esto.

El primer punto es que ante el estancamiento de las negociaciones en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) comienzan a surgir proyectos alternativos entre grupos más reducidos de países, dispuestos a avanzar en temas que la OMC puso sobre la mesa pero dado que es un órgano en el que las decisiones se toman por consenso, en los últimos años, se han alcanzado pocos acuerdos entre los 164 países miembros. Un ejemplo de estos proyectos alternativos de negociaciones comerciales es el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) entre 12 países, entre los que se encuentran, por ejemplo, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, India, Chile, Perú y México. Entre otros ejemplos, figuran la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea; el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA), que reúne al 70% del comercio mundial del sector; el Acuerdo sobre Tecnología de la Información (ATI), que reúne al 97% del comercio mundial de tecnología de la información y debido a los avances en el sector, busca ampliar la cobertura de estos productos.

Concretamente sobre el TPP, vale resaltar que Donald Trump ya confirmó que el primer día de su presidencia tomará acciones para que Estados Unidos se retire de este acuerdo. Ante esta noticia, algunos países integrantes del acuerdo firmado a inicios de este año, como México y Chile, señalaron que estarían dispuestos a seguir adelante, mientras que Japón se ha mostrado más reticente a continuar sin Estados Unidos. Lo cierto es que más allá de que Estados Unidos siga o no formando parte de estos acuerdos, todo indica que es una tendencia ya establecida. Podrá cambiar en formas e integrantes, pero no se detendrá. Difícilmente los países negociadores estén dispuestos a dejar sin efecto una negociación que tardó años en concretarse y hoy aguarda la ratificación de los parlamentos de cada país.

Un segundo aspecto pasa por comprender las tendencias proteccionistas que empiezan a surgir en los últimos años. Un informe publicado por la OMC el pasado mes de julio señala que, entre 2008 y 2016, los miembros de la organización han activado 2.127 medidas restrictivas al comercio. Muchas de estas medidas fueron más allá de simples aranceles al comercio, imponiendo nuevas normativas y procedimientos para importaciones que han entorpecido el libre comercio. Sucede que la mayoría de todas estas medidas proteccionistas las aplican países para aquellos mercados con los que no tienen acuerdos vigentes.

Finalmente, un dato que resume todo lo anterior es que el 2016 se proyecta como el quinto año consecutivo en que el comercio internacional crecerá a la misma tasa que el PIB mundial. Concretamente se prevé que el volumen del comercio mundial de mercancías crezca un 2,8% en 2016, sin variaciones respecto a 2015, al tiempo que el PIB disminuye en las economías desarrolladas y repunta en las economías en desarrollo.

¿Qué nos dice todo esto? Primero, que la ventana de oportunidades que estuvo abierta por estos años comienza a cerrarse y países como Uruguay que no empezaron a "jugar el partido" a su debido tiempo, se les hará muy difícil agarrar el ritmo necesario para una buena apertura comercial. Solo habrá beneficios para quienes hayan "comprado la entrada", y no para quienes pasaron años gritando de afuera porque no los habían invitado al partido.

Llegó la hora de que el país asuma el riesgo que implica dar pasos importantes en materia de inserción internacional y con valentía pueda pasar de las palabras a la acción. Para eso necesitamos promover un diálogo amplio y franco donde no se tironee según intereses sectoriales, sino que hablar con números claros sobre la mesa.

Debemos tener en claro una consigna tan básica como insustituible: jamás conseguiremos la apertura de ningún mercado si nosotros mismos no estamos dispuestos a abrirnos.


(Desde University of Southern California)


Acerca del autor