¿Y si Donald Trump es producto de una realidad alternativa?

Un supervillano megalómano sin escrúpulos gana las elecciones de Estados Unidos. Para saber cómo pudo suceder hay que releer El ruido de un trueno
El cuento fue publicado por Ray Bradbury en 1952 en la revista Collier's y fue incluido un año después en el libro Las doradas manzanas del sol. La trama sucede en el año 2055, una época en la que los viajes al pasado son rutina. La compañía Time Safari Inc. ofrece un paquete de US$ 10 mil para viajar en una cacería guiada a la era jurásica.

Un cazador llamado Eckels paga la tarifa. Mientras la partida de caza se apresta a salir, conversan sobre las elecciones recientes, en las que Deutscher, el candidato fascista, acaba de perder frente a su rival moderado, Keith.

Cuando llegan al pasado, los guías le advierten a los cazadores sobre la necesidad de cuidar el ambiente, dado que hasta la mínima alteración del pasado distante puede generar, mediante un efecto de bola de nieve, cambios catastróficos en la historia.

Los cazadores están obligados a mantener un sendero en el que levitan para evitar corromper el ambiente. Cualquier desviación es penada con fuertes multas. La pieza de caza mayor a la que van a dispararle iba a morir unos minutos después y entonces la línea del tiempo se mantendría intacta.

Sin embargo, Eckels se pone nervioso cuando el tiranosaurio se acerca, sale del sendero y corre por el bosque. En su huida, escucha disparos, y cuando vuelve, ve que los guías han matado a la bestia. Al volver a 2055, Eckels nota que la realidad es extraña. El inglés se habla de manera distinta, la gente se comporta diferente y Deutcher ganó las elecciones, en lugar de Keith.

El cazador comienza a buscar la razón en su propia persona y al revisar sus botas, ve que aplastó a una mariposa cuando huyó del sendero.

En su momento este cuento, El ruido de un trueno, fue recibido como una idea interesante, muy bien narrada por uno de los grandes escritores que ha dado Estados Unidos. Leído ahora, da un poco más que pensar. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, contra todo pronóstico, y a pesar de que el propio candidato nunca se preocupó en disimular sus ideas apocalípticas, se siente como una realidad alternativa, como una desviación del sendero del tiempo.

Ahora, el gran paladín de la aldea global y el comercio como idioma universal, la tierra de los inmigrantes y de la diversidad social y cultural, de pronto hace un viraje hacia el nacionalismo, comienza la construcción de una muralla en su frontera y abandona la retórica de los derechos humanos en busca de retornar a la "grandeza" de otros tiempos.

Los hechos, y los grandes medios de prensa que los divulgan, ya no tienen importancia. Aparecen hechos alternativos y diferentes formas de ver la realidad, de tal manera que cada uno elige la suya. Al frente de la Agencia de Protección del Ambiente se nombra a un individuo que niega el calentamiento global. La misma falta de sentido común y de decencia se aplica a la elección de todo el equipo de gobierno.

Los grupos neo nazis resurgen como los hongos después de la lluvia. Todo el que tiene una razón para odiar siente que llegó su momento de hacerse oír. La violencia en contra de las minorías crece. Las alianzas con los gobiernos democráticos se debilitan, en tanto que se forman nuevos pactos con los poderes autoritarios del planeta.

El futuro se torció. Algo se quebró. Con las cartas vistas, aparecen los analistas que dicen que todo esto era previsible, que las cosas así como estaban no podían durar. Sin embargo, a mí me queda claro lo que pasó: algún distraído habitante del futuro pisó una mariposa.

Qué se le va a hacer. Esto de los viajes del tiempo siempre se dijo que era peligroso y, tarde o temprano, tenía que pasar una desgracia. Yo me conformo con alguna de las magias colaterales, como la reciente final del Abierto de Australia entre Nadal y Federer, una revancha tardía que no se hubiera dado en nuestro viejo universo, el anterior al pisotón.

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