Aranceles prohibitivos, disputas políticas y comerciales, investigaciones de competencia, leyes restrictivas, congelamiento de habilitaciones. Los enormes cambios que sacudieron en 2025 el mercado mundial de la carne vacuna llegan al último mes del año con un común denominador: todo lo que se escribió con la mano fue borrado con el codo.
Las reglas de juego que fueron avasalladas una y otra vez volvieron en las últimas dos semanas a ser las mismas que a principio de año. Como si nada hubiera pasado.
Los aranceles de Trump ya no están en el mapa. Ni el arancel global de 10%, ni el arancel de represalia de 40% a Brasil y las tasas recíprocas con China están en suspenso. La Unión Europea volvió a postergar por un año la aplicación de la ley antideforestación que torna más exigente el ingreso de carne vacuna a sus 27 países.
China acaba de dejar en suspenso por dos meses más el resultado de su investigación de salvaguarda que puso bajo escrutinio las importaciones de carne y tranquilizó en el corto plazo a un sector que estaba pendiente de posibles restricciones.
De entre todas las variables tal vez la más persistente esté por llegar. Para el 20 de diciembre el presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva anunció la firma definitiva del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, si bien persiste la oposición de Francia.
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Este acuerdo eliminaría el arancel de la cuota Hilton (un ahorro de US$ 14 millones anuales para Uruguay) y crearía una cuota progresiva de 99 mil toneladas anuales para los cuatro países del Mercosur.
La Unión Europea es el destino que más creció en 2025 con 43,6% más de importaciones desde Uruguay, de 45 mil a 65 mil toneladas hasta la última semana. Y el que más paga, por encima de US$ 7 mil la tonelada. En 2025 las importaciones de Europa en todos los mercados serán las más altas desde 2019, con un total de 400 mil toneladas, casi el 20% procedentes de Uruguay.
Incertidumbre con flechas hacia arriba
Ante cada nuevo anuncio, cada tuit de Trump sobre bajar el precio de la carne –y del ganado en EEUU-, cada reunión con Xi Jinping, cada duelo de declaraciones del magnate con Lula, la incertidumbre global aumentaba. Y también los precios.
En esa trayectoria el novillo en Uruguay que empezó el año en US$ 4,09 se ubicó en US$ 5,12 en la última semana –mayor valor histórico en noviembre- tras tocar techo en US$ 5,42 en octubre según los promedios de la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG), acompañando a un precio de exportación que trepó 25% en el año desde US$ 4.604 en enero a US$ 5.769 por tonelada en la última semana, récord histórico para el promedio de 30 días superando a mayo de 2022.
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Las Carpetas Verdes del ejercicio 2024/25 mostraron un incremento de 45% en los ingresos de las empresas ganaderas respecto al periodo interior y un promedio de US$ 107 por hectárea.
En el pico de precios de ganado de este año los márgenes de la industria se vieron recortados y esa presión, junto a factores estacionales y la alta disponibilidad de ganado en corrales, llevó a la reciente corrección de los valores de la hacienda.
El excelente presente y las buenas expectativas estimularon la cría, el ternero trepó de US$ 2,68 a US$ 3,23 este año con máximo en US$ 3,55, con demanda de la invernada y la exportación en pie. La zafra de toros mostró subas de 24% en promedio y una baja en el costo medido en número de terneros.
El mercado venía tonificado desde 2024 por la escasez de oferta y la débil capacidad de producción que sigue teniendo Estados Unidos ante una combinación de sequía en estados ganaderos, dificultades sanitarias para acceder a ganado de reposición de México por la mosca de la bichera y un mercado doméstico que traccionaba pese a las presiones inflacionarias con un componente de revalorización de las proteínas animales como alimento que empezaba a dejar atrás el relato que buscaba imponer a las imitaciones de laboratorio como sustituto de la carne.
Los valores de la hacienda y la carne no hicieron más que subir a niveles récord, en Uruguay y en prácticamente todo el resto del mundo-
Los bruscos cambios de política comercial tuvieron impactos inmediatos en un mercado tensionado: se desplomaron las exportaciones de EEUU a China por el aumento de aranceles y porque China dejó expirar las habilitaciones de la mayoría de las industrias exportadoras estadounidenses. Ese nicho de carne de alto valor fue captado mayormente por Australia.
El exportador número uno por lejos, Brasil, redujo significativamente su presencia en el mercado estadounidense pero recondujo eficazmente sus volúmenes de carne hacia China, el Medio Oriente, países del sudeste asiático y vecinos sudamericanos como Chile, manteniendo los precios.
El factor China
Tras la marcha atrás de Trump y de la UE que eliminaron variables distorsivas, el próximo episodio de incertidumbre está marcado en el calendario. El 26 de enero China anunciaría la resolución de la investigación de salvaguarda.
China es el principal importador mundial pero su sector ganadero no es nada despreciable. Es el tercero del mundo detrás de Estados Unidos y Brasil con un rodeo de más de 100 millones de cabezas y una producción de carne de 7,5 millones de toneladas anuales que se complementa con un volumen de importación de 3,8 millones de toneladas.
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Por ahora las condiciones comerciales se mantendrán incambiadas en lo inmediato lo que alivió al mercado y trasladó esta incertidumbre a fines de enero.
Inmediatamente al anunciar esto los precios empezaron a caer en China porque por ahora no va a haber cuotas ni aranceles, “y no hay ningún tipo de restricción para que Brasil envié volumen al precio que marquen ellos” lo que contrasta con la intención del gobierno de que “la carne de exportación este más alta para que la carne local pueda competir”, señaló el operador Daniel Castiglioni de Castitrading.
“Ya se había postergado a mitad de año. No me sorprende, es un tema muy complejo y constantemente hay cambios en el mercado internacional de la carne. El punto comercialmente más importante es el cambio de Estados Unidos respecto a Brasil, que el 20 de noviembre eliminó el arancel adicional de 40%, “y el impacto que tiene en China, un mensaje político que impediría a China penalizar a Brasil de alguna manera”, dijo Castiglioni en Tiempo de Cambio de Radio Rural.
China tiene que dar una señal a los productores locales, que producen el 67% del consumo. “Es significativa la producción local para el consumo, lo van a proteger de alguna manera. Las cuotas es lo más probable. Cuotas amplias, no creo que Uruguay y Argentina se afecten demasiado. El que puede estar en el límite sería Brasil. Todo esto pasa por Brasil”, detalló Castiglioni.
“Y se retrasa la decisión porque es muy complejo encontrar un equilibrio que beneficie el mercado local chino, restringir oferta y que los precios suban”.
Mientras tanto, Brasil sigue enviando volúmenes récord al gigante asiático que en los últimos dos meses importó más de 600 mil toneladas (setiembre-octubre), con un creciente peso de Brasil.
¿Qué se espera para el 2026?
Demanda sostenida. Precios altos. El novillo arrancará el próximo año sobre US$ 5 por kilo y la tonelada exportada en US$ 5.500, un avance de 20% a 25% respecto a un año atrás, aunque con un dólar entre $ 39,50 y $ 40 y no a $ 44 como en enero de 2025.
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Estados Unidos seguirá comprando volúmenes récord después de crecer 15% en 2025 y Brasil vuelve al mercado justo a tiempo para entrar con fuerza en la cuota de 65 mil toneladas al mercado estadounidense en enero, como hizo en 2025.
En noviembre las compras de China se frenaron por un par de semanas previo a la resolución que no llegó, algo que podría repetirse en enero en forma transitoria. El mercado chino sigue siendo la incógnita.
Los precios del ganado en la región se han ido equilibrando y el panorama es más consistente, si bien Argentina se despegó en las últimas semanas con novillos cotizando arriba de US$ 5,30, el mayor precio en dos décadas.
En la presentación de las Carpetas Verdes el director del Plan Agropecuario, Carlos Molina, destacó que el 2026 comienza con un escenario favorable de demanda en un contexto cambiante, en un mundo con incertidumbre aunque buenas perspectivas en el que se necesita aprovechar el buen momento para desarrollar los pilares claves para la adaptación y la sostenibilidad de las empresas ganaderas en estrategia, gestión e infraestructura.