Australia: una realidad muy compleja

El territorio australiano padece una de las peores sequías de su historia
Por su condición de isla-continente, con vastos territorios donde cualquiera puede perderse con facilidad, Australia es un país ideal para filmar películas de terror y post apocalípticas. Varias muy buenas fueron filmadas ahí, entre otras la saga Mad Max. Este tipo de filmes ha acuñado una peculiar imagen asociada con el país que para muchos, lo mismo que el sur de Sudamérica, representa el fin del mundo, un lugar alejado de todo, aunque muy cercano a la imaginación.

Pero Australia no es solo un lugar que la ficción, sobre todo la de la industria del entretenimiento cinematográfico y televisivo, adoptó para desarrollar visiones apocalípticas, sino que es asimismo uno donde la resurrección es posible, tal como se ve en la serie Glitch, disponible en Netflix, en la cual los muertos regresan sin poder entender el mundo moderno. Así pues, en ese contexto geográfico y humano en el que la muerte parece estar tan cerca de la vida, y esta de la anterior, la realidad adquiere una dimensión diferente, como si Australia fuera otra realidad, posible y muy lejana a la misma vez, una que no necesita de mucho para resultar ficticia en medio de las más cruda realidad.

De esa manera podemos percibir a Australia en los días de ahora mismo, real y sorprendente a más no poder. Es que ese país padece una de las mayores sequías de su historia, la peor desde 1965, sobre todo New South Wales, el estado más poblado, situado al sureste del país.

Granjeros y estancieros se encuentran desesperados, pues una superficie aproximada a los 809.444 km2 está sufriendo los devastadores efectos de la falta de agua, siendo los animales los primeros perjudicados. Vacas, ovejas y canguros compiten por las pocas pasturas que van quedando, y por el momento son los últimos los que llevan todas las de perder, pues los propietarios de las tierras pueden ahora dispararles con autorización estatal para que las vacas y ovejas tengan algo que comer. En Australia hay un población de unos 50 millones de canguros, que hoy no saltan de alegría.

Para proteger la fauna y la flora, cada año cerca de un millón son sacrificados, cifra que en 2018 será con toda probabilidad superior, pues la sequía continuará por al menos tres meses más.

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