Desprestigio y perjuicio al país

La sanción del TLC con Chile no depende de la decisión de los legisladores del oficialismo sino de que lo autorice el Plenario
Se le agotan los plazos al gobierno para evitar un papelón presidencial y un perjuicio al país en torno al tratado de libre comercio con Chile. Desde que una exigua mayoría del Plenario del Frente Amplio rehusara aprobarlo y lo sepultara en un eufemístico cuarto intermedio, el tema yace inmóvil pese al reiterado optimismo del canciller Rodolfo Nin Novoa. Luego de comparecer ante la comisión de Asuntos Internacionales del Senado, el ministro informó que sus consultas personales con los legisladores frenteamplistas aseguran que se aprobará rápidamente.

Pero su afirmación omitió que la sanción del TLC no depende de la decisión de los legisladores del oficialismo sino de que lo autorice el Plenario, a menos que el gobierno se anime a soslayar a ese cuerpo. Y en el Plenario ya naufragó el mes pasado, cuando le pusieron la proa el Partido Comunista y el grupo Casa Grande de la senadora Constanza Moreira, con respaldo de buena parte de las bases. No hay indicación pública alguna de que desde entonces se haya atenuado esta obstrucción, que refleja la profunda división en la fuerza gobernante entre quienes promueven sensatamente la apertura al libre comercio y quienes defienden anacronismos ideológicos y una concepción de país cerrado, fórmula segura de pobreza y atraso.

Poco y nada han valido los argumentos del presidente Tabaré Vázquez, de Nin Novoa y del ministro de Economía, Danilo Astori, de que el tratado ni siquiera toca el intercambio de bienes sino servicios, y que de estos ninguno que esté en funcionamiento en la actualidad. Pero hay algunos que quieren proteger un sector que aún no existe pero que puede surgir en el futuro. Algo muy tirado de los pelos, sin duda. La experiencia demuestra irrefutablemente, de todos modos, que la exención de gravámenes arancelarios para ingresar a mercados externos supera largamente lo que puedan perder en actividad y empleo algunos sectores locales. Es precisamente el exitoso caso de Chile, cuya totalidad de exportaciones accede a mercados con preferencias arancelarias, mientras que en Uruguay solo alcanza al 30% de sus ventas al exterior, según informó Astori.

El TLC fue firmado por Vázquez en 2016 con la entonces presidenta chilena Michele Bachelet. Nuestro presidente quedaría en una posición menos desairada si fracasara porque el Parlamento se niega a ratificarlo, situación comprensible en una democracia. Pero no es el caso. La tranca no viene del Parlamento sino de una parte de la propia alianza de izquierda. Es una situación difícil de comprender porque la aprobación parlamentaria está asegurada con los votos ofrecidos por el Partido Nacional, con los que se obtendría la mayoría. Pero en aras de mantener el espejismo de unidad frenteamplista y evitar otra de las disidencias internas que sacuden periódicamente a esa fuerza, Vázquez ha optado hasta ahora por dejar de lado el apoyo nacionalista y seguir derivando en la esperanza de que cuando el Plenario retome el tema, si es que lo hace, la balanza se vuelque a su favor.

La consecuencia de esta actitud es que la institución presidencial sufre el desprestigio de ser ignorada por quienes deberían respaldarla. Adicionalmente el país se arriesga a perder una vía idónea para mejorar sus perspectivas en momentos en que su economía está enlentecida y complicada, panorama que mejoraría agudamente si todos reconocen que el libre comercio es un instrumento irreemplazable de desarrollo.

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