El Maestro, el Mundial y el futuro de Uruguay

Los uruguayos nos hemos sentido orgullosos de los logros deportivos de la selección, nos guste o no la forma táctica que emplea el Maestro Tabárez
La performance de Uruguay en el Mundial de Rusia, para nuestra sorpresa y regocijo, ha llamado la atención de los principales medios de prensa del mundo. Y no solo de los diarios o cadenas deportivas, como sería lo lógico dada la naturaleza del evento, sino publicaciones de carácter general o incluso de carácter económico. No es habitual, por ejemplo, encontrarse en las páginas de The Wall Street Journal con una nota sobre nuestra selección titulada "La Sociedad de los Poetas Muertos del Fútbol" y enfocada desde el punto de vista del management del Maestro Tabárez. De la importancia que da a los valores; del énfasis que pone en hacer que los futbolistas no solo se esfuercen por ser excelentes jugadores sino sobre todo excelentes personas; de cómo le molesta el mal comportamiento; de su interés porque los jugadores amplíen su cultura, aprendan idiomas, conozcan los países en los que van a jugar.

También el artículo destaca la importancia que da Tabárez al trabajo de las selecciones juveniles que luego van a nutrir a la selección mayor, y no solo en la forma de jugar sino también en la forma de comportarse desde que ingresan al Complejo Celeste, saludando a los funcionarios con los que allí se encuentran. Y luego sabiendo que deben estudiar pues, como escribió Tabárez en su primer plan, "una persona joven debe estudiar, no debemos impedirlo, debemos fomentarlo, porque ello mejora incluso su rendimiento deportivo". Son conceptos que no se manejan habitualmente entre los técnicos de fútbol, más preocupados de los resultados de los cuales depende la permanencia en su cargo. Quizá a Tabárez, sugiere el Wall Street Journal, le asoma permanentemente su primera profesión como maestro de escuela primaria.

Otros medios han hecho énfasis en el trabajo en equipo de la selección celeste, que Tabárez ha cultivado en extremo. Incluso hasta el punto de que las individualidades y estrellas que hoy Uruguay posee en las principales ligas de Europa deben amalgamarse a un trabajo común. No hace falta que Tabárez maneje "los egos" de los jugadores porque los que juegan en las selección tienen que dejar su ego fuera de los límites del campo o correr el riesgo de perder la titularidad el partido siguiente.

En fin, ya sea por el correcto comportamiento –muy distinto al que nos caracterizaba hace unos 20 años–, por el respeto que genera la figura del Maestro Tabárez, por la calidad de una generación de jugadores como hacía tiempo no se había visto, por la entrega de los jugadores en la cancha, o por todas las cosas juntas, nuestra selección ha ido concitando elogios y atención.

El recorrido mundialista se terminó ante Francia para desazón de todos. Pero más allá de los resultados deportivos, ya hay resultados en términos de "marca país". Uruguay ha dejado una buena impresión en su paso por Rusia y se ha ganado un merecido respeto en el concierto futbolístico y por el comportamiento como grupo.

Ahora bien, si esto se ha podido lograr mediante el esfuerzo de un grupo de jugadores, técnicos y dirigentes a lo largo de una década, ¿no es posible pensar en que políticas semejantes puedan generar también resultados positivos en otros campos vitales para nuestro país? Allí está, por ejemplo, el campo tan crítico de la educación, despeñándose hacia el abismo desde hace más de una década pese a los ingentes recursos económicos que se han volcado sin que nadie rindiera cuentas de su uso y pese a los reiterados dichos gubernamentales sobre la necesidad de un cambio radical.

¿No cabe pensar en una política de Estado, sobre la que ya existe un amplio consenso político y social, para salir del marasmo educativo en el que vivimos y dar a nuestros jóvenes las herramientas para insertarse en el mercado de trabajo actual y prepararse para un mundo cambiante donde buena parte de los empleos actuales van a desaparecer y donde buena parte de los empleos futuros aún no se conoce?

Los uruguayos nos hemos sentido orgullosos de los logros deportivos de nuestra selección, nos guste o no la forma táctica que emplea el Maestro Tabárez. Nos hemos sentido orgullosos de su entrega en el campo de juego y de su comportamiento. Nos hemos sentido orgullosos del reconocimiento mundial al Maestro y a su trabajo de largo plazo. Pero no podemos sentirnos orgullosos de nuestro sistema educativo donde no hay entrega, ni trabajo a largo plazo, ni planificación, ni una correcta conducción ni buenos resultados.

La mejor lección que podríamos obtener en estos días del comportamiento de la selección es aprovechar la ola mundialista para encarar al menos una de las más acuciantes reformas. Y la educación parece el objetivo número uno. Por su importancia y porque el Maestro Tabárez ha demostrado que la educación fue la base de un proceso que mereció un destaque que trascendió los resultados deportivos.


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