Ir, volver e ir: 33 rostros de migrantes que partieron o llegaron a Uruguay

El embarque es un proyecto multiplataforma del fotógrafo Diego Vidart que pretende recrear El juramento de los 33 orientales de Juan Manuel Blanes con migrantes actuales

Las ideas colgadas, inconclusas, son el alimento del artista. Son muchas las veces en que escritores, fotógrafos o directores de cine responden a la incómoda pregunta sobre el origen de su obra con un ya recurrente "tenía esta idea pendiente". En su maraña creativa diaria, de vez en cuando se activan procesos que iluminan y traen al primer plano proyectos que, hasta ese momento, acumulaban polvo en un rinconcito oscuro de la mente. Algo así le sucedió a Diego Vidart, fotógrafo uruguayo nacido en Francia que desde hace años se dedica a la investigación fotográfica. Para Vidart, el recordatorio había quedado anotado en una vieja libreta y apuntaba a un concepto específico: la pre-fotografía.

¿Se puede hacer una fotografía de un hecho que sucedió antes de la invención de la fotografía? Esa es la pregunta principal que se hace la pre-fotografía y Vidart lo quiso vincular a los procesos de independencia de Uruguay. A Vidart, que pasó sus primeros 18 años de vida viajando entre países con múltiples pasaportes, la palabra "desembarco" le resultaba perfecta, por lo que el hecho elegido no podía ser otro que el desembarco de los treinta y tres orientales y la representación que Juan Manuel Blanes hizo del episodio en su reconocido cuadro El juramento de los 33 orientales.

El objetivo de Vidart era crear una representación actual de aquel cuadro en una fotografía que se acotara a la época contemporánea. Y de ahí nació El embarque.

El proyecto, que se presentó el miércoles 6 en el Centro Cultural España y que permanece abierto al público hasta el lunes 18, involucra una exposición, un libro y una página web. El núcleo de El embarque es una foto de grandes dimensiones donde treinta y tres migrantes contemporáneos del país –uruguayos y extranjeros– fueron retratados en la sala de embarque del antiguo aeropuerto de Carrasco. En el libro, mientras tanto, se pueden encontrar cada uno de los retratos de estas personas, junto a sus historias de traslados y desembarcos.

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A dos días de la inauguración de la obra, presentamos la última historia de sus treinta y tres protagonistas. Hoy, Ana Cáceres: . "En 1974 mis padres deciden emigrar. En esa época en Australia necesitaban mano de obra. Papá era mecánico, mamá hacía costuras, y entonces había un espacio migratorio. Y decidieron partir. El gobierno australiano te ayudaba con el pasaje, por eso también pudimos ir. Llegamos con tres valijas y 90 dólares en el bolsillo. El que tenía más en el avión llevaba 200 dólares. También te daban hospedaje por un año: era un apartamento en un complejo habitacional, pero no teníamos cocina, había que comer en un comedor colectivo con todos los demás que vivían ahí. Desayuno, almuerzo, cena. Era habituarse a la cultura, a la comida, a todo lo que era nuevo para nosotros. Yo tenía 8 años, y para mí era una gran aventura, ir a un lugar nuevo, desconocido. También implicó dejar mis afectos, la familia. Al principio fue difícil, porque empecé a ir a la escuela y no sabía inglés. No entendía nada lo que decía la maestra, entonces los compañeros se burlaban de mí. Pero bueno, uno tiene que ambientarse. Después del primer año en el complejo de viviendas - que increíblemente hoy es una cárcel para inmigrantes ilegales - hubo que buscar dónde vivir. O sea cambiar de barrio, de escuela, adaptarse nuevamente. Es triste decirlo, pero si estaba con mis padres no quería que hablaran español delante mío. Me daba vergüenza. Porque quería ser parte del país. Más allá del tema físico, que es obvio que uno no pertenece al lugar, tenías esa cosa de que no querías que los demás te vieran distinto...". . (Las historias completas estarán disponibles en la página web a partir del 6 de junio, como también en las páginas del libro) . Fotografía: @talikimelman www.elembarque.uy

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"Este proyecto es parte de mi propia historia. Es el resultado de cuestionarme quién soy, de dónde soy. Yo viví 18 años con varios pasaportes, hasta que en determinado momento me convertí en uruguayo. Llegué al país tarde. Había sido toda mi vida un migrante sin hacer gala del rotulo. Entonces este proyecto sirve para cuestionarme quién soy, y desde ese punto me interesa explorar el territorio y sus fronteras", contó Vidart. "Yo no soy tanto de hacer imágenes, sino de cuestionar a la fotografía. En ese proceso trabajo siempre con la idea macro de tener un período de investigación, de preproducción, de desarrollo de la idea, de conceptualización y puesta a punto, un previo de producción fuerte y después el cierre de la idea".

Más de cien personas postularon sus historias a través de un formulario web para El embarque, entre ellos el padre de Vidart, Jorge, que quedó en la selección final. "Fue una sorpresa, no me lo esperaba pero tiene lógica. Él es mi historia".

Una de las particularidades de El embarque es su ambición. El proyecto, que el propio Vidart catalogó como el más grande que ha realizado hasta la fecha, requirió la intervención de múltiples colaboradores, entre ellos la fotógrafa Tali Kimelman, que fue la encargada de realizar los retratos individuales. Pero también sumó la ayuda de editores de textos, correctores, directores artísticos y un prólogo a cargo de la escritora y guionista Inés Bortagaray.

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"La fotografía que es un área donde, en general, trabajás bastante solo o con un equipo muy reducido, y con tu mirada. Y acá fue lo contrario. Por eso lo comparo con una producción cinematográfica, en la que hay una persona que está dirigiendo el proyecto, que soy yo, pero que tiene un equipo detrás que lo apoya y lo sustenta. Esto se hizo metodológicamente desde esa perspectiva".

Uruguay ha estado involucrado con todos los tipos de migraciones posibles desde que se constituyó como país, pero El embarque llega en un momento en que el flujo de inmigrantes centroamericanos es fuerte y constante. Eso está retratado en el proyecto, ya que varios de los rostros que aparecen allí provienen de esas tierras.

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Ya en la cuenta regresiva, les presentamos a @natyata29. Aquí un poco de su historia: . "Al empezar la crisis llama mi hermano y les dice a mi madre y mi padrastro 'acá hay trabajo, dejen todo y vénganse'. Fue muy fuerte. Yo no me quería ir, pero no había quien se hiciera cargo de una adolescente. Tuve que seguirlos. Vendieron todo y nos fuimos, en marzo del 2002. Fue muy distinto a como nos lo pintaban. Problemas, malentendidos, no había trabajo para mis padres. Yo, con 16 años, tuve que buscar trabajo también, no pude estudiar. Terminé de limpiadora en lo de unos mexicanos y después ilegal en una fábrica de químicos, hasta que me tuve que ir por intoxicación. Al mes se vencía el pasaje de vuelta y me quise venir. Armé las valijas, preparé todo para la mañana siguiente. Pero cuando me levanté me habían desarmado todo y me habían escondido el pasaporte. Mi madre y mi cuñada, fueron ellas. Dormíamos todos en un dormitorio y yo había dejado la valija a los pies de la cama. Y cuando me levanto re contenta porque me iba veo la valija vacía. Me puse histérica. 'No, vos no te vas'. '¿Cómo que no me voy?'. 'En Uruguay nadie se puede hacer cargo de ti, entonces no te vas'. Un llanto tremendo...". . (Las historias completas estarán disponibles en la página web a partir del 6 de junio, como también en las páginas del libro). . Fotografía: @talikimelman www.elembarque.uy

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"Esto no es un muestreo de la migración ni pretende serlo, pero son historias de migrantes recientes. Uruguay ha estado atravesado siempre por las migraciones, desde el día cero. Somos un país construido por migrantes y lo seguiremos siendo. Y las palabras que mi hijo va a empezar a usar dentro de diez años van a ser palabras que van a venir de esta nueva mezcla de hoy, que nos une con venezolanos, colombianos o dominicanos. Por suerte nos vamos a seguir modificando, cuestionándonos en el buen sentido. Es una construcción permanente de quiénes somos y quiénes queremos ser".



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