Islandia, el verdadero equipo de todos

La selección nórdica es el equipo simpático de Rusia 2018 al demostrar que aún hay lugar para el esfuerzo y la pasión en un deporte que de a poco pierde la sorpresa

El futbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre ganan los mismos. Por suerte sigue pasando que algún equipo de menor poderío le gana a los más grandes, o que en las fases de definición haya algún colado, pero cada vez pasa menos. Sobre todo en las competiciones de clubes europeas, las que concentran los televidentes, el dinero y la atención mediática global del fútbol.

En los últimos años, en los que el balompié se convirtió definitivamente en un negocio y un show, en la discusión andan siempre los mismos diez o doce clubes. La elite.

En el fútbol de selecciones los favoritos son también, más o menos, los de siempre. Pero con cada torneo, y en especial en los Mundiales, siempre hay un equipo ignoto que nos conquista el corazón. Que llega a octavos, a cuartos o a semis sin que nadie lo espere, y al que ya desde antes le deseamos todo el bien del mundo, aunque no lleguemos a hinchar abiertamente por ellos.

Mi elegido en Rusia es Islandia, al que le deseo que pueda repetir su campaña de la Eurocopa de 2016. Tiene esa cualidad fundamental de equipo simpático que es un perfil exótico (desde la perspectiva uruguaya, por supuesto). No es un país tradicional futbolísticamente hablando. El equipo parece un grupo de extras de la serie Vikings vestidos de jugadores. Los apellidos son todos iguales (dato nerd: en realidad los islandeses no tienen apellidos, son patronímicos, es decir, palabras que dicen que son "hijos de fulano", por eso son todos "fulanoson"). Hacen el aplauso y gritan "¡HU!" con la hinchada cuando termina el partido. ¿Cómo no quererlos?

Islandia
Otra cualidad básica para ser equipo simpático: ser relativamente limitados en sus recursos futbolísticos, pero complementar con trabajo de equipo, actitud y esfuerzo. Islandia no juega lindo. Sus partidos de las eliminatorias para la Euro 2016 y para este Mundial fueron ajustados, o a lo sumo 2-0 (un 3-0 contra Turquía fue la excepción) y sin goles lindos. Es un equipo aguerrido, al que es difícil ganarle y efectivo. No se precisa más.

Y sobre todo, me caen bien porque en esta era donde todo se hace a base de millones de euros y en la que los poderosos son cada vez más poderosos, los islandeses demuestran que con trabajo, proyectos serios y ganas, se puede competir.

Porque no es casual que este sábado el país más pequeño en población en llegar a un mundial va a jugar contra Argentina. No es por gracia de un sorteo favorable en la eliminatoria, un puñado de jugadores inspirados o un golpe de suerte. Islandia llegó a la Copa del Mundo porque desde hace dos décadas trabaja para eso.

En el 2000 empezaron a construir canchas techadas con fondos del gobierno para poder jugar durante el invierno, que como se imaginará, es largo y duro. Las pusieron hasta en los lugares más remotos de la isla, y se enfocaron en generar buenos entrenadores, para que los niños, sobre todo, tuvieran buenos maestros. Subsidiaron los cursos de entrenador, y hoy el país tiene más de 500 técnicos certificados por la UEFA para los juveniles. Imagínese una apuesta como esa a la formación de entrenadores en el Baby Fútbol local, que es de por si una magnifica herramienta para detectar talentos. Sería el combo ideal.

Relator Islandia
Y el dinero siguió llegando aunque en 2008 la crisis económica mundial fundió a Islandia (de forma bastante literal). Óscar Tabárez demostró en Uruguay que no se necesita tener una población de decenas de millones o mucho dinero para competir, pero el caso de Islandia es aún más extremo. Cada país tiene su realidad, pero la paciencia y la necesidad de apuntar al mediano y largo plazo es un concepto que no nos vendría mal adoptar en un país que de forma poco realista pide títulos continentales a sus clubes y mundiales a su selección de forma constante, en un mundo donde la billetera (para los clubes) y la planificación a largo plazo (para las selecciones) matan la mística de la camiseta.

Obviamente que en el Mundial hincho por Uruguay. Pero quiero que a Islandia le vaya lo mejor posible. Porque son un rayo de esperanza en el fútbol actual. Porque rescatan una de las bases del fútbol, esa cuestión de igualdad y de paridad, en la que el chico siempre le puede ganar al grande, y el que nunca jugó un mundial puede meterse entre los cuatro mejores del torneo. La posibilidad de competir, así vengas de una isla de roca volcánica y de invierno perpetuo.

Y porque muestran que aunque el Real Madrid, el Barcelona, el Bayern Munich y el PSG nos quieran demostrar lo contrario, los torneos de selecciones – y sobre todo los Mundiales- nos siguen regalando las mejores historias.

Comentarios

Acerca del autor