La despedida a la médica de familia que dedicó 30 años a los vecinos de Carrasco Norte

"Yo tengo población que justifica (el funcionamiento de la policlínica)", afirmó su única doctora, Adriana Bacigalupi
Por Federica Chiarino

Las persianas estaban abiertas hasta la mitad y, entre la tranquilidad del barrio, no se podía identificar si en la Policlínica Lancasteriana había gente o no. Cerca del mediodía golpearon la puerta. Era Marcela Cardozo, una vecina que vive en el Pasaje B, pegado a la policlínica. “La doctora todavía no llegó”, le dijo la conserje, al tiempo que abría la puerta. “No, ya sé. Igual venía solo a despedirme”. Y es que este viernes fue el último día de en que funcionó el centro de salud de ASSE y el último día en que atendió la médica de familia, Adriana Bacigalupi, que atendió allí durante casi 30 años y que desde febrero lo hacía sola ante la renuncia de sus colegas, que se fueron yendo de a uno.

Marcela se sentó en uno de los bancos de madera de la sala de espera. Tres pequeñas estufas eléctricas intentaban, de manera casi infructuosa, calentar el ambiente.

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Unos diez minutos después llegó la doctora Bacigalupi. Entraron las dos a la vieja enfermería, que hoy oficia un poco de recepción o de administración, donde trabaja la conserje. Marcela comenzó a llorar y abrazó a la médica. Charlaron un rato y, cuando se despidieron, el abrazo fue largo.

“Ella es nuestra doctora de familia”, dijo Marcela a El Observador, y respiró hondo para calmar el ahogo del llanto. “La que nos atiende, la que nos recibe, la que nos cuida”, añadió. Y es que Bacigalupi no solo atiende a Marcela desde niña, sino que también atendió a su mamá, y hasta a su hija de tres años.

El 15 de mayo, la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) le comunicó a Bacigalupi que cerraría la policlínica, alegando que su funcionamiento no se justificaba, debido a una “baja” asistencia de pacientes.

Pero ella asegura que recibe, todos los días, un promedio de entre diez y doce personas. Marcela contó, además, que en algunas ocasiones fue a atenderse a la policlínica –que, en general, no trabaja con agenda de turnos, sino a demanda– y no pudo ver a la médica porque había mucha gente que había llegado antes que ella. “Yo tengo población que justifica (el funcionamiento de la policlínica)”, aseguró Bacigalupi.

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La noticia del cierre no cayó bien y los vecinos quisieron evitarlo. Tal fue así que un día, en avenida Italia y Cooper, a dos cuadras de la policlínica, apareció colgado un pasacalles: “Policlínica Carrasco Norte. NO AL TRASLADO de nuestra doctora de familia. ASSE NO RESPETA nuestro derecho a la salud”. Allí sigue.

Poco después, José Martínez, llegó acompañado de algunos otros pacientes, con una hoja de cuadernola a la que ni siquiera se habían molestado en sacarle el desprolijo borde. “Estamos juntando firmas, doctora, para que usted no se vaya”, le dijeron. Enternecida, Bacigalupi se rió y les dijo: “Esto es un cheque en blanco. No pueden firmar una hoja de cuadernola que no dice nada”.

Lo volvieron a intentar. Hoy, en su carpeta, tiene cuatro hojas A4, impresas, que explican el motivo de la junta de firmas y en donde muchos pacientes firmaron para mantener la policlínica.

Martínez, de 61 años hace 16 que se atiende con Bacigalupi. Está preocupado porque no sabe qué va a hacer ahora. “Si cierran acá se va a complicar todo”, dijo. Los usuarios tienen la opción de ser trasladados al Centro de Salud Cruz de Carrasco, que es el centro más cercano. “La Cruz no va a dar abasto, mirá que hay gente”, advirtió el paciente.

En familia

La Policlínica Lancasteriana fue testigo del crecimiento profesional de Bacigalupi. Y no solo del de ella, sino también del de su esposo. Ella con 27 años y él con 29, siendo novios empezaron a trabajar allí hace 29 años, cuando comenzaban a dar sus primeros pasos en la medicina familiar.

Los dos pasajes, A y B, que rodean la policlínica, son una zona delicada de Carrasco Norte. Allí se han presentado, en reiteradas ocasiones, problemas de drogas y delincuencia. Bacigalupi conoce a los vecinos desde que eran niños. “Se generó un vínculo re lindo, realmente, y jamás tuve un problema. Todo lo contrario, son bárbaros conmigo, son amorosos, son solidarios”, aseguró.

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Tiempo después, a su esposo le ofrecieron trabajo en una clínica de la calle Acosta y Lara, en el mismo barrio. Allí trabaja hasta el día de hoy, en una clínica que empezó en un centro comunal, y ahora ha sido reformada y mejorada. ASSE evalúa esa policlínica como otra opción para derivar hacia allí a los pacientes. Pero el esposo de Bacigalupi es también el único médico en ese consultorio, y tiene llena su agenda diaria de consultas.

A ella le preocupa que los pacientes “van a quedar muy desperdigados”. “No van a tener esa atención que tuvieron conmigo, que podían venir cualquier día, llegaban y yo los veía”, añadió. Luego de tantos años en el barrio, Bacigalupi ha pasado de ser médica de familia a oficiar, también, como psicóloga y consejera de muchos vecinos.

A Bacigalupi la opción que le dio ASSE fue trasladarla al Centro de Salud Cruz de Carrasco. El miércoles pasado, autoridades le dijeron: “El lunes le abrimos agenda en la Cruz”. “No me abran agenda porque es horrible. Va a haber pacientes anotados y yo no voy a ir”, les contestó. Después, pretende renunciar.

Por su parte, los pacientes de la Policlínica Lancasteriana se manifestarán el lunes a las 12 del mediodía en avenida Italia y Cooper para tratar de revertir el cierre que se concretó este viernes.


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