La espía que me amó y luego me arrojó a patadas por una escalera

Atómica ofrece una experiencia grata y explosiva de un gran deslumbre que no debe ser pasada por alto

Theron. La aclaración es pertinente para quienes acudan al filme siguiendo los pasos de su director David Leitch, un especialista en acrobacias de acción devenido en cineasta que se destacó en Hollywood con el inesperado éxito Sin control (2014), que codirigió con Chad Stahelski.

En esa película, Keanu Reeves interpreta al asesino a sueldo John Wick, quien es obligado a salir de su retiro una vez que un grupo de maleantes asesina a su mascota. La premisa, un poco disparatada, se apoyó en un largometraje repleto de secuencias de acción tan brutales como visualmente atractivas que dejaban entrever la experiencia de los directores en el rubro.

Para Atómica, su segunda película como director, Leitch (ya sin Stahelski) nuevamente presenta una obra de un gran sustento audiovisual pero con una premisa más compleja que Sin control. Basada en la novela gráfica The Coldest City (La ciudad más fría) de Antony Johnston y Sam Hart, el filme narra la misión de la espía británica Lorraine Broughton (Theron) en Berlín en 1989.

El tumulto sociopolítico que antecede la caída del Muro es el contexto elegido para contar un relato de espionaje tradicional que tiene los suficientes giros y un protagonismo magnético de Theron para mantener al espectador cautivado. Sujeta a un interrogatorio por sus superiores, Broughton es la narradora que contará los hechos del filme en retrospectiva. Pero si algo que este género ha enseñado es que no se puede confiar en nadie, ni siquiera en los que son presentados como los chicos buenos, por lo que se recomienda estar atento y desconfiar del relato de la protagonista.

Con el objetivo de recuperar una lista de agentes que contiene la identidad de los espías de varios servicios de inteligencia (la CIA y el MI6, entre otros), Broughton deberá acudir a Berlín para hacer lo que sabe: investigar, interrogar, seducir y, sobre todo, enredarse en múltiples peleas mano a mano contra un sinfín de agentes rusos, los villanos que Hollywood ama odiar).

Es más que destacable el acercamiento que Leitch y el guionista Kurt Johnstad hacen sobre el combate cuerpo a cuerpo, un elemento que suele ser retratado de forma superficial dentro de muchas películas de acción. Las peleas de Atómica destilan realismo. Los combatientes se cansan, toman aire, se equivocan, gritan por el frenesí y la endorfina generadas y utilizan todo elemento a su alrededor para salir victoriosos, desde las llaves de un auto hasta un lavabo. Una larga escena filmada como si fuera una toma continua se ha vuelto una bandera de presentación del filme y uno de sus momentos más gratificantes (pese a la violencia retratada).

Lo que sucede entre golpes y disparos también es interesante, aunque un poco menos. Atómica es un filme que, como la protagonista, exuda estilo en múltiples departamentos del arte de hacer cine: hay una construcción de planos ágil y cuidada, una banda sonora adictiva y un afán por mostrar a Berlín y sus habitantes como una de las ciudades más revolucionarias para la moda en ese entonces.

Theron, por su parte, es la actriz que la película necesitaba. Pese a que su personaje está sujeto a una frialdad constante, la actriz deja entrever las heridas del cascarón al mostrarla en momentos de recuperación y soledad, aferrada a una botella de vodka (nada de ese Martini agitado para espías blandos) dentro de una bañera de hielo en la que busca sanar los moretones que rodean la totalidad de un cuerpo removido de toda sexualidad.

El resto del elenco del filme, que incluye a un James McAvoy poco inspirado, la incipiente Sofia Boutella y los siempre rendidores John Goodman y Toby Jones, son utilizados como piezas de un tablero de ajedrez que tratará de estirar el juego tal vez un poco más de lo que el guión ameritaba.

De todas formas, Atómica ofrece una experiencia grata y explosiva de un gran deslumbre que no debe ser pasada por alto y que demuestra que todavía Hollywood es capaz de innovar si encuentra a los realizadores adecuados.

Qué ver y qué no de Charlize Theron en streaming

Mad Max: furia en el camino
El regreso del director George Miller a la saga apocalíptica que estableció parte del éxito de Mel Gibson en la década de 1980, hizo algo similar con Charlize Theron. Furia en el camino (2015) demostró la capacidad de Charlize Theron como heroína de acción, un rol que la actriz sudafricana retomó posteriormente en Atómica. Su personaje en Furia... se consolidó rápidamente como un icono feminista. Disponible para alquilar en Claro Video.


Young Adult
El director estadounidense Jason Reitman volvió a trabajar con Diablo Cody, la guionista de su galardonado filme Juno (2007), en el retrato de una escritora exitosa y ególatra (Theron) que regresa a su pueblo natal. Una vez regresada a Mercury, Minnesota, intenta retomar una relación con un exnovio (Patrick Wilson) quien se encuentra casado y con un hijo. La apática protagonista de este drama-comedia hace que el filme se convierta en un gusto adquirido. Disponible en Netflix.

Prometeo
Mientras que el regreso de Miller en Mad Max fue laureado por críticos y audiencias, la vuelta del director Ridley Scott a su saga Alien en 2012 con Prometeo fue menos bienvenida. En su intento de expandir la historia original de los terroríficos alienígenas, Scott elaboró una película de espectaculares efectos especiales pero de un guión dispar protagonizado por una tripulación de científicos poco creíbles. Ni siquiera Charlize se salvó de esta. Disponible para alquilar en Claro Video.



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