La nueva alfombra roja: poderosa y feminista

Cada vez con más ímpetu, la antesala de los premios es un espacio para comunicar los temas que buscan lograr impacto y masividad
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El año en el que la alfombra roja se convirtió en un grito de guerra
Haga clic en el interactivo para ver los mejores looks de los Bafta y de los Globo de oro, dos de las premiaciones que antecedieron al Oscar.

La alfombra roja, con su atención mediática, sus elevados niveles de exposición y sus millones de ojos observando, es –siempre fue– un espacio perfecto para comunicar, decir y expresar sin hablar demasiado.

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En 2014, Gloria Allred la archiconocida abogada feminista estadounidense, defensora de casos de abuso y acoso sexual de alto perfil, llegó a la entrega de los premios de la Academia vestida de negro. Su espalda al descubierto llevaba una inscripción. "Equal rights for LGTB" (Igualdad de derechos para la comunidad LGTB), decía. Es uno de los tantos ejemplos de exposiciones de motivos que se han hecho en esa pasarela extensa y atiborrada de lentes, flashes y micrófonos. El más reciente –y seguramente más poderoso– es el del movimiento Time's Up, que tuvo su momento de mayor impacto en la entrega de los Globos de Oro y se mantuvo en los premios Bafta el último domingo.
En 2015 un importante grupo de celebridades inició la campaña Ask her more (pregúntale más) con el objetivo de terminar, de una buena vez, con las preguntas sexistas.
Muchas de las actrices mejor pagadas, más influyentes, más sólidas, nominadas y después premiadas, vistieron de negro casi que de manera unánime y asistieron acompañadas de pares o de activistas o militantes por la igualdad de derechos.

Más allá de que –ya no es ninguna novedad– las actrices de la industria del cine tienen contratos suculentos con casas de moda y marcas de lujo, desde hace unos años la alfombra roja ha dejado de ser ese espacio en que ellos hablan de los temas importantes (actuación, dirección) y ellas responden preguntas como, por ejemplo, "¿Quién te viste?", "¿Cuánto tiempo demoraste en aprontarte?" y todas las variantes de esas opciones.

En 2015 un importante grupo de celebridades inició la campaña Ask her more (pregúntale más) con el objetivo de terminar, de una buena vez, con las preguntas sexistas. Un año antes, cuando a la cadena E! se le ocurrió instalar la manycam, una cámara para retratar de cerca las joyas de las manos, Cate Blanchett le preguntó a la notera si los hombres tenían que hacer lo mismo. Julianne Moore, Jennifer Aniston y Elizabeth Moss, entre otras, también se negaron a formar parte del espacio. La manycam nunca más apareció en la alfombra roja.
Muchas de las actrices mejor pagadas, más influyentes, más sólidas, nominadas y después premiadas, vistieron de negro casi que de manera unánime y asistieron acompañadas de pares o de activistas o militantes por la igualdad de derechos.
Actrices, modelos y artistas aún responden sobre sus vestidos. Forma parte del negocio, del show y de los contratos que muchas tienen con las marcas. Pero también encontraron una forma de comunicar a partir de sus elecciones de vestuario. La moda –siempre es bueno recordarlo– es una manifestación cultural poderosa. Acompaña las revoluciones de las mujeres desde Chanel e Yves Saint Laurent rompiendo moldes al incorporar el pantalón y el blazer al vestuario femenino, hasta la remera con la estampa We should all be feminists (inspirada en el título del libro de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie) que en 2016 la directora creativa de Dior, Maria Grazia Chiuri –la primera mujer que ocupa ese cargo en la casa francesa–, puso en la pasarela de París.

Todas las miradas

El domingo 4 de marzo se celebra la 90ª ceremonia de entrega de los premios de los Academia. En resumidas cuentas: el mundo sabrá quiénes son los ganadores del Oscar. Antes, lo sabido: historias de Instagram en la previa; limusinas; joyas de miles de dólares; peinados más o menos old Hollywood; varios vestidos en distintos matices de dorado; foto, pose, sonrisa, foto, pose, sonrisa.
"El estado de ánimo cargado de la vida pública de Estados Unidos redobló la apuesta en la alfombra roja al igual que en el podio. Las celebridades apareciendo en los focos en un momento como este tenían que hacer una exposición de motivos: ¿todo tiene que ver conmigo o reconozco los asuntos que están por fuera de la burbuja?", escribió en 2017 la periodista de The Guardian Jess Cartner-Morley
Pero esta vez eso no será lo único. El año pasado la periodista de moda Jess Cartner-Morley, del diario británico The Guardian, escribió un texto bajo el título: "¿Quién ganó en la alfombra roja de los Oscar? El enojo político es la nueva norma". Allí se preguntaba si ese acontecimiento tiene que ver con el estilo o la sustancia. "El estado de ánimo cargado de la vida pública de Estados Unidos redobló la apuesta en la alfombra roja al igual que en el podio. Las celebridades apareciendo en los focos en un momento como este tenían que hacer una exposición de motivos: ¿todo tiene que ver conmigo o reconozco los asuntos que están por fuera de la burbuja?". Las declaraciones no fueron gritos, fueron susurros. Pero existieron y marcaron el comienzo de todo lo que vino después.

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powerful sisterhood. #whywewearblack Best red carpet experience. Ever.

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Emma Stone y Dakota Johnson usaron pins a favor de la organización sin fines de lucro Planned Parenthood; Ruth Negga usó un lazo azul de la American Civil Liberties Union en pleno momento de declaraciones espeluznantes de Donald Trump; y en un lugar donde las mangas estaban vedadas porque no hay nada más femenino (eso nos enseñaron, eso aprendimos) que los hombros al descubierto, estas aparecieron en trajes memorables de Valentino, Gucci, Zuhair Murad, Elie Saab.
De nuevo: el vestido lleva –puede llevar– un mensaje. Y hay mucha gente mirando y escuchando. Aunque los niveles de audiencia de los premios Oscar descienden año tras año, en 2017 fueron, en promedio, 32,9 millones de personas las que siguieron la transmisión de los premios a la industria del cine. Y aún más influyente es todo lo que se genera después, vía medios y redes sociales.
En una nota de enero, la editora de moda de The New York Times Vanessa Friedman escribió las siguientes líneas: "El hecho es que las mujeres de Hollywood finalmente se despertaron frente a lo que las activistas saben desde hace años. Esto es: la ropa habla con la misma potencia que las palabras y se puede usar como un arma acorde. Finalmente tomaron el control (o al menos el semicontrol) de componer su imagen por ellas mismas. Y eso significa que ahora debemos prestar atención a lo que usan –que no es lo mismo que decir quién hizo el vestido en cuestión o puntuarlo del 1 al 10-. Eso es solo publicidad e inseguridad".
"El hecho es que las mujeres de Hollywood finalmente se despertaron frente a lo que las activistas saben desde hace años. Esto es: la ropa habla con la misma potencia que las palabras y se puede usar como un arma acorde. Finalmente tomaron el control (o al menos el semicontrol) de componer su imagen por ellas mismas", escribió la editora de moda de The New York Times Vanessa Friedman
No es casualidad que The New York Times haya tomado la decisión, después de las decenas de denuncias de acoso y abuso contra el multimillonario productor Harvey Weinstein y de la fuerza de #MeToo, de hacer un memorándum para los lectores estableciendo cómo se iba a cubrir la temporada alta de premios. "La alfombra roja es una tribuna para hablar de acoso, sexismo, racismo, prácticas de la industria –al igual que los éxitos de Hollywood– y queremos seguir cubriéndola", se podía leer en el memo firmado por la editora de la sección Style Choire Sicha. La cobertura de, por ejemplo, los Globos de Oro estuvo a cargo de buena parte de los mejores periodistas del diario estadounidense.
A una semana de una nueva alfombra roja, se espera que Time's Up y todas las mujeres que lo comandan generen un nuevo impacto visual y discursivo. ¿Qué mensaje pasarán sus vestidos? Falta poco, hay que estar atentos.

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