La pulseada entre la izquierda y el agro: no es la movilización, es la política

El gobierno concilia, el FA robustece su militancia y el agro apuesta sus fichas a la protesta

El conflicto entre el agro y el gobierno se mueve en un tablero político con muchas piezas, en las que juegan las redes sociales, la movilización y el efecto mediático, todos con impacto en la opinión pública.


El presidente Tabaré Vázquez reaccionó rápido y en talante conciliador luego de la muy importante e inusual concentración de productores en Durazno, cuya principal demanda es imposible de satisfacer: subir el precio del dólar.


Más que con las medidas hacia el agro –rebaja del 18% en el precio del gasoil y del 15% de UTE para lecheros, granjeros y arroceros–, el mandatario acertó en los gestos de mano tendida hacia un sector empresarial políticamente distante. Recibió a los autoconvocados a los que en principio estuvo tentado a ningunear e insistió con una mesa de diálogo que, si se manejara con inteligencia, quizá pueda conseguir retoques al plan inicial.


La respuesta de los productores orejanos fue insistir en una vigilia de dos días frente a las rutas, la convocatoria a una nueva concentración en Durazno y, en algunos círculos, la posibilidad de una manifestación agraria en Montevideo. Desde su seno surgen planeos de medidas extremas, pero todavía no han tenido eco. Por ahora. Los productores –inexperientes en el manejo de la movilización como herramienta, algo que está en el ADN de la izquierda– corren serios riesgos si se equivocan en la intensidad de la protesta como soporte de la negociación.


El alivio de tarifas fue considerado insuficiente en los sectores a los que fue dirigido, pero la desazón se generalizó en el campo y también entre los industriales urbanos. Con razón argumentan que algunos golpes de hacha (la motosierra es políticamente incorrecta) en el gasto público podrían aumentar el subsidio, aunque sea momentáneo, a los productores en dificultades. Pero eso es tan utópico como esperar que el Estado o el mercado provean la felicidad económica absoluta.


Eso sí, los autoconvocados deben necesariamente entender que la izquierda jamás aprobará medida alguna destinada a quien considera con espalda para bancar una época mala. Es obvio que no está entre ellos una familia con 30 hectáreas y 20 vacas, a la que ahora no le toca nada.


Pero la cosa es sectorial y apunta a "pequeños y medianos". En el mejor de los casos, los movilizados podrán apostar a identificar mejor y ampliar los beneficiarios y, tal vez, encontrar otras formas de alivio.


El déficit heredado de José Mujica es una limitante real, algo que también tendrán que entender burócratas y sindicatos a la hora de pedir mayor gasto público en momentos de adecuación presupuestal. La movida del agro encuentra al Frente Amplio revitalizado, en proceso de recuperar una mística que permite organizar 23 brigadas de pegatineros voluntarios contra las 12 que salieron en las últimas elecciones. Contrató 122 ómnibus para el festejo aniversario de Piriápolis el domingo 4 y posee un software para el análisis de big data en redes sociales, donde se nota un aumento de las banderitas tricolores en los avatares. Allí actúa un ejército de 400 twiteros entre los cuales predomina la ironía punzante y el discurso orgánico de barricada que contrasta con el del gobierno pero le es funcional. Es una herramienta política.


La pulseada entre la izquierda y los descontentos del agro no se mide en el terreno de la movilización. Se resuelve en el campo de la política donde la imagen y las actitudes son determinantes a la hora de lograr los objetivos trazados.

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