Marihuana legal al narcotráfico

Uruguay, prestigiado en el exterior en tantas áreas, se desacredita como descontrolado paraíso marihuanero
Cuando el expresidente José Mujica se tentó con el profundo error de legalizar la marihuana, advertimos reiteradamente sobre dos graves peligros. Uno era el aumento de la adicción a esta droga sin disminuir el recurso a otras más nocivas, al revés del propósito de Mujica. Este fracaso quedó en evidencia irrefutable al poco tiempo de vigencia de la ley. El otro, la imposibilidad de controlar que no se excedieran los límites de producción y uso del cannabis legal, acaba de confirmarse. Se ha constatado en las bocas ilícitas la presencia de cogollos de segura proveniencia nacional, ya que esos centros de distribución y venta antes se nutrían exclusivamente de los ladrillos de marihuana prensada de origen paraguayo.

Una fuente policial informó a El Observador que las autoridades, tanto del Ministerio del Interior como del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), estiman que los cogollos que han comenzado a aparecer en el narcotráfico han sido desviados de la producción legal. Sus fuentes autorizadas son los 7.884 cultivadores domésticos, los 76 clubes de usuarios y las empresas que los producen para su venta en las 12 farmacias (1% de las que existen en el país) que aceptaron fomentar la drogadicción. Hasta el director del Ircca y de la Junta Nacional de Drogas, Diego Olivera, admitió que ese desvío es una hipótesis que se considera.

Aunque se ignora aún el origen exacto de los cogollos en el mercado ilegal, existe en las autoridades virtual certeza de que provienen de los centros de producción autorizada. Los cultivadores hogareños están limitados a seis plantas en cada caso. Pero el control de este volumen es una esperanza vacua, ya que no existe un cuerpo inspectivo que vaya, casa por casa y en forma asidua, a los muchos miles de viviendas para asegurarse de que no se exceda el límite permitido. Incluso ya ha habido unos pocos casos de productores domésticos a los que se encontró en infracción. Lo mismo puede ocurrir con los clubes de fumadores y hasta con las empresas productoras. No hace mucho tiempo se detectó en una de ellas un intento de sustraer la droga. A este desbarajuste se agrega el suministro de marihuana a turistas extranjeros, pese a que está expresamente prohibido. Algunos hosteles del este publicitan el acceso a la droga durante esta temporada estival y es habitual percibir su consumo en balnearios por visitantes del exterior.

El presidente Tabaré Vázquez se ha declarado contrario al uso de la marihuana, coherente con su razonable política de defender la salud pública con medidas contra el consumo de tabaco y los excesos alcohólicos. Pero argumenta que debe convivir con el de marihuana en cumplimiento de una ley vigente. En esta tolerancia presumiblemente influye el empecinamiento de Mujica, cuyo apoyo político le es esencial, en mantener la legalización, pese a que en su momento el expresidente había asegurado que daría marcha atrás si resultaba estar equivocado. La equivocación está plenamente demostrada. Pero ni Mujica depone la persistencia en su nocivo error ni Vázquez parece dispuesto a promover la derogación de la ley, único camino abierto para la defensa de la salud pública y para evitar que Uruguay, prestigiado en el exterior en tantas áreas, se desacredite como descontrolado paraíso marihuanero.

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