Melbourne: la mejor ciudad del mundo para vivir

La pregunta es recurrente y la respuesta es casi obvia. Melbourne, Melbourne, Melbourne y Melbourne. Hace cuatro años que esta ciudad es elegida como la mejor del mundo para vivir y no es difícil entender por qué

Caminar por Melbourne es recorrer una ciudad grande que no parece tal. Sus pobladores se expanden hacia los lados y no hacia arriba, por lo que no es común ver grandes edificios ni sentir que allí viven más de cuatro millones de personas. Solo en un barrio abundan las construcciones de más de 20 pisos y es hasta pintoresco, porque contrasta perfecto con el paisaje de puentes y ríos que lo anteceden.

La zona comercial de Melbourne no acumula avenidas de forma indiscriminada. A cada calle grande le sigue su correspondiente pequeña, que se llama igual que la mayor pero precedida de la palabra Little. Además, abundan los callejones que permiten perderse por la ciudad sin siquiera proponérselo. Parece diseñada para que nadie desespere; para que siempre se pueda eyectarse del paseo de compras e ir por un café, una cerveza o algo para comer en alguno de los más de 2.100 establecimientos gastronómicos existentes.

A Melbourne llegan más de 1 millón y medio de turistas por año (casi 4.600 por día y 257 mil están de paso al mismo tiempo), pero eso no provoca que sus habitantes la sientan ajena; la ciudad es la cuna del fútbol de reglas australianas, una mezcla del rugby y otros deportes ya extintos, y 10 de los 18 equipos de la liga ofician de locales en la ciudad. Cada fin de semana, bares y calles se llenan de hinchas pintados y vestidos con los colores de sus equipos, para recordar que, más allá de ser una ciudad internacional, Melbourne es Australia. Se estima que casi 34 mil hinchas asisten al estadio a ver cada partido de la liga.

Melbourne tiene lo bueno de las grandes ciudades pero no sufre lo malo de ser una de ellas. Por eso, no resulta raro que desde 2011 sea la mejor ciudad del mundo para vivir 

Decenas de eventos mundiales, más de 26 mil estudiantes terciarios de todo el mundo y sucursales de empresas multinacionales en cada cuadra exigen que la ciudad tenga altos niveles tecnológicos y de eficacia en el transporte. Sin embargo, esos estándares no rompen la paz que imponen los tranvías que la recorren a menos de 20 kilómetros por hora y contribuyen a mantener la imagen de ciudad antigua que Melbourne encarna, ayudada también por su arquitectura victoriana de mediados de 1800.

Melbourne tiene lo bueno de las grandes ciudades pero no sufre lo malo de ser una de ellas. Por eso, no resulta raro que desde 2011 sea la mejor ciudad del mundo para vivir.

La maestra

El galardón de mejor ciudad para vivir, que Melbourne retiene desde 2011 y que es entregado por la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, se otorga tras la actualización del Estudio Global de Habitabilidad que esta compañía realiza cada año.

Para ello, se evalúan 30 factores diferentes de cinco categorías (estabilidad, cultura y medioambiente, sistema de salud, infraestructura y educación) y se los etiqueta como aceptables, tolerables, incómodos, no deseables o intolerables. Los juicios se traducen en un puntaje que sumado puede llegar a un máximo de 100 y cada unidad influye de manera diferente en la suma total. La ciudad que obtenga el mejor promedio es la triunfadora.

Originalmente, la investigación se realizaba para orientar a las empresas acerca de dónde invertir su dinero y abrir nuevas sucursales y emprendimientos, pero actualmente cobró una importancia global, con gran cobertura mediática, y también es utilizada como una herramienta de atracción de turistas y estudiantes que buscan ampliar sus conocimientos fuera de casa.

La inversión que el gobierno realiza en infraestructura se ha duplicado y se estima que en 2014-2015 alcanzará los 5.000 millones de dólares 

Además de este ranking, existen otras dos empresas influyentes al respecto: la revista de estilo de vida Monocle y la consultora financiera y de recursos humanos Mercer. La primera pondera categorías más estéticas como la calidad de la arquitectura y el diseño urbano, mientras que la segunda prioriza índices de desarrollo económico y estabilidad política, que la posicionan como la más importante para decidir cuánto pagar a los empleados que son enviados fuera de su país de origen.

 

Alumno superdotado

El reporte de la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist evaluó con puntaje perfecto las categorías de salud, educación, deporte e infraestructura de Melbourne, mientras que los aspectos referidos a la estabilidad, cultura y medioambiente también sumaron mucho. Como un alumno superdotado, Melbourne casi no tiene errores: obtuvo un puntaje de 97.5 sobre 100. Una ciudad (casi casi) perfecta.

Con 13 hospitales a lo largo de la ciudad, la salud de Melbourne cotiza en alza. Sus habitantes disfrutan de un sistema de salud de primer nivel proporcionado por una mezcla de servicios y profesionales públicos y privados. El sistema de salud pública australiano llamado Medicare cubre a toda la población, de la que el 43% también cuenta con un seguro privado. Además de hospitales generales, Melbourne cuenta con un hospital de ojos y oídos, uno dental, uno de mujeres, uno infantil y dos establecimientos de salud mental. Los profesionales que allí trabajan también vienen de la ciudad, en la que se dictan cursos de medicina en cuatro universidades. A su vez, la ciudad es un centro de renombre mundial para la investigación y tratamiento del cáncer, con el Instituto de Cáncer Peter MacCallum como principal demostración.

Melbourne también es reconocida por su nivel educativo. Cuarta en el ranking mundial de ciudades universitarias en 2012, alberga a más de 26.300 extranjeros que llegan por estudios terciarios. La ciudad aloja la universidad más grande de Australia y la mayor cantidad de instituciones educativas del país. 
Su programa de bienvenida a los estudiantes contribuye a estos logros mediante un puesto de información y asistencia en el espacio de arribos del aeropuerto de Melbourne, con voluntarios que reciben a los nuevos alumnos con un paquete de bienvenida repleto de consejos sobre alojamiento, transporte, teléfono e internet, compras, entretenimiento, trabajo, impuestos e instituciones bancarias.

En cuanto al deporte, la combinación de opciones para practicarlo y propuestas para disfrutarlo como espectador convierte a Melbourne en una capital mundial en este aspecto. De enero a diciembre, la ciudad hospeda sistemáticamente un Grand Slam de tenis, un gran premio de Fórmula 1, uno de motociclismo y uno de los premios de turf más relevantes del mundo: Melbourne Cup. A esto se suman los eventos deportivos especiales de cada año.

Melbourne también es reconocida por su nivel educativo. Cuarta en el ranking mundial de ciudades universitarias en 2012, alberga a más de 26.300 extranjeros que llegan por estudios terciarios. La ciudad aloja la universidad más grande de Australia y la mayor cantidad de instituciones educativas del país

Además, sus habitantes tienen opciones para ejercitarse en una infinidad de deportes, dado que hay mercado para todas las disciplinas. La principal estrategia para acercar la actividad física a su población es el programa Active Melbourne. A través del ofrecimiento de más de 25 opciones deportivas, el gobierno de la ciudad apunta a que “todos los miembros de la comunidad tengan la oportunidad de participar de actividades físicas que contribuyan positivamente a su salud y bienestar”. Además de las actividades planificadas, se estimulan constantemente los grupos de caminatas, corridas, patinaje y paseos en bicicleta. 

La infraestructura también influyó para que Melbourne retuviera el título de mejor ciudad del mundo para vivir por cuarto año consecutivo y es lógico. Sus carreteras, vías de tren y logística portuaria son las mejores de Australia. Su aeropuerto es la entrada al sur del país y recibe más de 30 millones de pasajeros y 350 mil toneladas de carga por año, que llegan a través de 27 empresas. La inversión que el gobierno realiza en infraestructura se ha duplicado y se estima que en 2014-2015 alcanzará los 5.000 millones de dólares.

Las telecomunicaciones están a la altura de las mejores ciudades del mundo. Sus conexiones corren a través de una red de satélites y cables de fibra óptica submarinos que aseguran la calidad y su mercado desregulado permite que los actores locales e internacionales presten servicios a precios muy competitivos. El 90% de las empresas y el 79% de los hogares australianos tienen acceso a internet.

La cultura es también un símbolo de la ciudad. Su estrategia cultural proyecta actividades constantes para los próximos tres años. Cada vez que se visita Melbourne, parece que fuera la semana cultural del año pero no: todas las semanas son iguales. Galerías de arte, música, teatro, gastronomía, jardinería, moda, arte callejero (la diversidad de los artistas y sus recaudaciones son impresionantes) y cine por todos lados. Concursos, festivales, muestras y ofertas de privados contribuyen a una atmósfera cultural que envuelve la ciudad.

Además, programas gratuitos de danza y otras manifestaciones culturales invitan a los habitantes a formar parte del lugar y su principal estímulo es un programa de espacios creativos que centraliza las opciones de alquiler y utilización de sitios para actividades artísticas, filtrados por zona, tipo de propuesta y precio (hay varios gratuitos).

Respecto al medioambiente, Melbourne aspira a ser una de las ciudades más sustentables del mundo y a neutralizar sus emisiones de carbono para 2020. Y transita ese camino con proyectos y mensajes; los organismos públicos predican con el ejemplo: construcciones sustentables, energías renovables y paneles solares en casi todos los techos. Además, sobre todo, sus programas para reducir el uso de energía y agua, sumados a los de reciclaje y manejo de los residuos, están acompañados de estímulos financieros para quienes participan, con préstamos y facilidades de acceso a capitales de inversión que no están disponibles para otras finalidades. En tanto, también convierten agua de lluvia en agua potable e intentan mitigar el efecto de la contaminación originada por el transporte con más de 150 kilómetros de ciclovía y una red de transporte muy eficaz.

Además de los aspectos conocidos, el estudio de The Economist constató que el bajo índice de asesinatos también contribuyó a que Melbourne retuviera la corona. El estado de Victoria, donde se aloja esta ciudad, tuvo un promedio de 3,1 asesinatos cada 100 mil habitantes en 2012-2013, mientras que el promedio mundial es del doble (6,2).

Sus estrategias para conseguir estos bajos índices son variados pero se destacan los programas de seguridad en los taxis, la campaña Si ves algo, di algo, y la superpoblación de cámaras de seguridad. Muy bueno sote.

Clase abierta

Pensar que Melbourne podría brindar beneficios únicamente para sus habitantes sería erróneo. Además de ser la ciudad preferida de Australia para muchos de los que la visitan, las ofertas que la ciudad tiene para ellos también la postulan como una de las mejores del mundo para recorrer. La bienvenida está a cargo de los Melbourne Greeters, un escuadrón de voluntarios que ofrecen un tour gratuito, que dura entre dos y cuatro horas, en el que cuentan lo que saben (mucho) de esta ciudad que tiene tanta historia como presente. Los grupos son reducidos y también están disponibles para aquellos que no hablan inglés pero hablan español, francés, griego, italiano, alemán, holandés o sueco.

Además, todos los días durante las horas más movidas la ciudad está repleta de embajadores, que visten de rojo y están ahí, disponibles por cualquier duda o pregunta que los visitantes quieran hacerles. Ideales para esos momentos en que el turista se desorienta.

Si de no caminar se trata, también hay opciones. Por su condición de ícono, resulta obligatorio subirse a un tranvía si se visita esta ciudad. Melbourne posee la red activa más larga del mundo de este medio de transporte y proporciona un servicio gratuito que recorre el centro comercial durante todo el día para los que pasean por allí (y los locales que quieran subirse). Y un ómnibus sin costo pasa cada media hora para los que quieran salir de ese centro y recorrer una zona más amplia de la ciudad.

La internet es gratis en varios puntos de la ciudad y las principales atracciones (museos, muestras, callejones históricos y pintorescos) también. En la plaza principal (Federation Square) hay tours gratuitos y programas de actividades semanales de todo tipo.

Y hasta comer es gratis (o puede serlo), si el viajero se acerca a Lentil As Anything, una cadena de restaurantes “A Voluntad” que no ponen precio a los platos ni obligan a pagar siquiera un centavo. Una propuesta similar es impulsada por los Hare Krishna y se trata del restaurante Crossways: en pleno centro, por entre cinco y siete dólares, se accede a un tenedor libre vegetariano, con bebida y dulces incluidos.

Quizá por todo esto, y a propósito de la premiación, el jerarca del estado de Victoria, Denis Napthine, aseguró que “los números del aeropuerto de Melbourne muestran el 15% de aumento anual en las visitas internacionales, nuestro turismo está por las nubes y nuestra atracción de conferencias de importancia global está superando todas nuestras previsiones”.


Fuente: Nicolás Kronfeld

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