Misión imposible: París en 48 horas

Cómo conocer una de las principales capitales de Europa en solo dos días

Por Priscila Guinovart

Viajar es un estiramiento del alma, una especie de nave extensísima que nos lleva no sólo al otro lado del mundo sino a otra versión de nosotros mismos: más abierta, generosa y sensata.

Viajar supone también (al menos para la mayoría de nosotros) una suma de "obstáculos" varios: manejarnos con un presupuesto muchas veces celoso, conciliar gustos e intereses y, sobre todo, un excelente manejo del tiempo.

Una ciudad no se conoce en dos días, pero esto no debería ser motivo de aflicción alguno. Después de todo, una ciudad no se conoce en un mes. En lo personal, estoy absolutamente convencida de que conocer ciudades (sus tiempos, sus olores y sabores, sus sonidos y ruidos) es una tarea ardua, que bien merece nuestro tiempo y dedicación.

Estos párrafos, no obstante, no pretenden desanimar al lector que planea un viaje por Europa durante 15 días. Todo lo opuesto: son una invitación, un desafío, un atajo.

Si usted es de los que por una razón u otra se quedará sólo dos días en París para luego recorrer otros destinos, aquí le van algunos consejos y cinco estaciones de subterráneo que lo ayudarán a llevarse una impresión fiel de una de las ciudades más hermosas y antiguas de Occidente.

Día Uno: péguese al Sena (casi) todo el tiempo

El Sena atraviesa París de forma bastante inusual: lo zigzaguea. Por lo tanto, mantenerse al lado del río lo llevará a conocer la Torre Eiffel, el Louvre, Notre Dame, la Asamblea Nacional y la Conciergerie, entre otras delicias arquitectónicas. Tenga en cuenta que, si bien le hablo de una distancia poco mayor a cinco kilómetros, hay mucho (¡mucho!) para ver - solamente la foto saltando con la Torre Eiffel detrás se traduce en una inversión de diez minutos.

En este momento, usted estará recorriendo el París más típico y turístico, y también el más...maduro - redondeemos en 2000 años. L'île de la Cité (270 d.C.) es aquella ciudad* que sustituyó a Roma inmediatamente después a su caída; procure caminar con respeto y atención.

Eso sí: es, en consecuencia, una de las zonas más caras de la ciudad, razón por la cual inventé una máxima útil a todo turista: "a mayor distancia del Sena, más bajos son los precios". Recuérdelo a la hora de almorzar.

Una vez alejado del Sena, un almuerzo en un restaurante promedio no excederá los 18 euros (a saber, pizza, 10 - 15 euros, steak con acompañamiento, 12 - 17 euros, foie gras con acompañamiento, 16 - 18 euros, pato confitado, 15 - 18 euros). Por ley, el agua es gratuita en todos los establecimientos.

Si hizo los deberes y comenzó su paseo a las 10:00, a las 18:00 ya habrá tickeado todos los puntos de mi lista (y, en el más feliz de los resultados, agregará varios). Es entonces que usted, fiel al Sena, empalmará con Champs-Élysées desde el Louvre y caminará el línea recta hacia el Arco del Triunfo.

Fácil.

Importante: no ignore los puentes. Le pont Neuf tiene más de 400 años de edad y es un patrimonio de la Humanidad.

Días Dos: Le métro, c'est syma!

Ya vio y fotografió todos los lugares que aparecen en las postales, pero créame, no conoce aún París. Con la ayuda de cinco estaciones de subterráneo, vamos a conocer los secretos mejores guardados de la capital gala.

Estación Abbesses: en el corazón de Montmartre, es una de las estaciones más pintorescas e "instagrameables" de París. Con sus angostas callecitas de adoquines, sus toldos, librerías y ateliers, es uno de los puntos más atractivos de la ciudad. Desde allí, podrá visitar el Sacré-Cœur y la casa de Van Gogh (devenida en museo) entre numerosas atracciones imposibles de enumerar.

Estando en Montmartre, confíe en la gastronomía italiana.

Estación Opéra: descenderá de espaldas al Palais Garnier, la ópera de París, que es, a título personal, uno de los edificios más bellos que mis ojos han visto. Fundado en 1875 bajo el Segundo Imperio (Napoleón III), el Palais Garnier ostenta estilos varios, predominando el barroco y el clasismo parisino.

Si se tienta con tomar un café justo en frente, en Café de la Paix, otra maravilla arquitectónica cómplice de incontables intelectuales (entre ellos Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa) recuerde que está cerca del Sena. No obstante, cada euro valdrá la pena.

Estación Basilique de Saint Denis: situada en el Gran París, al norte de la capital francesa, la basílica de Saint Denis es una de las joyas de la ciudad. Precisar la arquitectura de la basílica no es tarea fácil, ya que su construcción original comenzó en el año 450 - 470 de nuestra era. Su façade, inconfundiblemente gótica, decora lo que alguna vez fue un cementerio galo-romano y un sitio sagrado que hasta el día de hoy guarda las tumbas de la mayoría de los monarcas franceses (sí, incluyendo a las de Luis XVI y María Antonieta).

Estación Cardinal Lemoire: las Arenas de Lutecia son otro vestigio de aquel París galo - romano que vitoreaba gladiadores. El anfiteatro, construido en el siglo I, estuvo a punto de ser destruido durante su redescubrimiento (1860), cuando una empresa de tranvías deseaba usar el espacio para un depósito. Fue entonces que intervino la pluma del maestro, Víctor Hugo, y el 27 de julio de 1883 le dirigió una carta al presidente del Consejo Municipal de París para evitar lo que sería un imperdonable error histórico.

El comienzo de la epístola es ya célebre: Monsieur le président, Il n'est pas possible que Paris, la ville de l'avenir, renonce à la preuve vivante qu'elle a été la ville du passé (Señor presidente, no es posible que París, la ciudad del futuro, renuncie a la prueba viviente de que fue la ciudad del pasado).

Las arenas están hoy allí para ser disfrutadas por galos y turistas por igual, y constituye uno de los últimos testigos de los tiempos en los que París se llamaba Lutecia.

Estación Les Halles: La estación Les Halles es uno de los ejes de la ciudad, por lo que todo a su alrededor es majestuoso. Sin embargo, recomiendo al lector optar por un destino más humilde: la Rue Montorgueil. A lo largo de toda la calle, pululan restaurantes de diversas partes del globo; todos de más que decente calidad compitiendo entre ellos. No es difícil encontrar pizzas con trufas blancas a 5 euros, para citar uno de mis ejemplos favoritos. Punto cosmopolita de encuentro, la Rue Montorgueil es un pilar de la movida artística y gastronómica de París.

Buen viaje y à la prochaine!

*Técnicamente, una isla: la que dio hogar a la tribu céltica de los Parisii.

Esta nota fue originalmente publicada en el blog Delicatessen


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