Tecnología > Gigante a flote

¿Qué futuro le espera al Stratolaunch, el avión más grande del mundo?

El proyecto encuentra dificultades para seguir adelante y transformar en una realidad su función de lanzador espacial de cohetes

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28 de abril de 2019 a las 05:00

El avión despegó por primera vez el 13 de abril y algunos medios no tardaron en bautizarlo como el avión más grande del mundo que pretende convertirse en un cosmódromo volador. 

El Stratolaunch tomó el liderazgo en términos de envergadura. La distancia entre las dos puntas de las alas alcanza los 117 metros, mientras que el propio avión mide 73 metros de largo. Se ubica en el primer lugar, desplazando al segundo puesto al Hughes H-4 Hercules con sus 98 metros de envergadura. En tanto, el An-225 Mriya se ubica en la tercera posición. No obstante, en cuanto a la longitud y al peso, el An-225 Mriya lidera con 84 metros de largo, 250 toneladas de carga útil y un peso de despegue de 680 toneladas. 

Por su parte, el Stratolaunch es capaz de subir 23 toneladas menos que la aeronave soviética. Su peso de despegue máximo es de 590 toneladas. A pesar de sus enormes alas, que tienen una longitud mayor que la de una cancha de fútbol, el nuevo avión tiene una apariencia de un aparato ligero debido a sus fuselajes estrechos. Ello se debe al hecho de que está diseñado para portar sus cargamentos anclados por fuera.

El cosmódromo volador

La idea conceptual tras el Stratolaunch es que sirva como una etapa inicial para los cohetes que se lancen al espacio, puesto que puede elevarlos a una gran altitud, evitando así los lanzamientos desde las capas de la atmósfera más densas. De tal modo, hay una mayor flexibilidad con las órbitas donde se pueden lanzar los cohetes y menor dependencia de las condiciones climáticas. Por ejemplo, sería capaz de lanzar cohetes desde el ecuador, lo cual les permitiría a los satélites ahorrar combustible al no tener que cambiar su trayectoria. 

Por innovador que pueda parecer, este concepto no es nada nuevo y hay una multitud de proyectos que perseguían el mismo objetivo. Solo en la URSS y Rusia hubo proyectos como el lanzamiento aéreo desde el An-124 Ruslan, el Burlak con un Tu-160, Ishim con el MiG-31 y el Svityaz con el An-225 Mriya. De hecho, tales proyectos fueron desarrollados por todo el mundo y el listado de todos ellos sería verdaderamente largo. Todos estos proyectos comparten algo: ninguno de ellos siguió adelante, salvo uno. 

Un mal ejemplo

Curiosamente un proyecto de este tipo ya estuvo funcionando desde hace más de 20 años desarrollado por la compañía Orbital Sciences. Consiste en los cohetes Pegasus lanzados desde el Stargazer: un Lockheed TriStar modificado para tal fin. En total, realizó 43 lanzamientos, 40 de los cuales fueron exitosos. No obstante, todos ellos tuvieron lugar al principio del programa y en los últimos 10 años se llevaron a cabo tan solo tres lanzamientos. Lo que es más, el último lanzamiento comercial se hizo hace 20 años. Por lo cual, uno puede llegar a la conclusión de que este proyecto se mantiene a flote meramente con fines científicos y tecnológicos.

El fracaso comercial de este sistema tiene varias explicaciones. Ante todo, está el reducido peso que se puede lanzar con los cohetes Pegasus: 450 kilos a la órbita baja. Luego se le añade el elevado precio de lanzamiento. En 2014, ascendía a los US$ 56 millones. A modo de comparación, cuesta US$ 65 millones lanzar el cohete ruso Proton-M que puede sacar a la misma órbita 23.000 kilos. Con ello, hay que tener en mente que los operarios de satélites pequeños suelen compartir gastos al lanzar varios aparatos con el mismo cohete, reduciendo así los gastos.

¿Y mañana?

A pesar de que se trata de una compañía joven la que se emprendió en este proyecto, se tardó relativamente poco en desarrollar la gigantesca máquina. El proyecto había sido anunciado en 2011 y ya en 2017 la aeronave fue presentada al público. No obstante, el proyecto está sufriendo mucho con los cohetes portadores. En principio estaba planeada una cooperación con SpaceX, pero en 2012 la compañía de Elon Musk se retiró del programa.  Luego hubo una colaboración con Orbital Sciences que tenía previsto desarrollar el cohete Pegasus II, que debería ser capaz de lanzar hasta seis toneladas a la órbita baja. Pero el desarrollo no ha sido fructífero.

De hecho, en 2016 propusieron una idea completamente irreal: lanzar con cada vuelo tres cohetes Pegasus convencionales. Con ello, hay que tener en mente que en los últimos 10 años fueron lanzados tan solo tres cohetes de este tipo. Probablemente lo único que mantiene al programa de Stratolaunch a flote sea el hecho, según los informes, de que la compañía está cooperando con la NASA en el desarrollo de su propio cohete espacial con una carga útil de 3,4 toneladas. 

La última esperanza 

Aunque sus perspectivas puedan parecer inciertas, es posible que el proyecto salga adelante gracias al auge de las agrupaciones satelitales que están previstas con el desarrollo de internet por satélite. Así, el proyecto OneWeb prevé el lanzamiento de más de 600 satélites, el Starlink SpaceX lanzará 1.528 satélites con la opción de aumentar el número hasta 12.000, mientras que el Project Kuiper Amazon planea poner en la órbita 3.236 aparatos espaciales.

En un mercado tan amplio podría haber lugar no solo para el Stratolaunch, sino también para el proyecto Virgin Orbit de Richard Branson, que ya está probando un Boeing 747 modificado para lanzar un cohete desde debajo de su ala. Otra posibilidad podría provenir de los militares: la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos –DARPA, por sus siglas en inglés– anunció el concurso Launch Challenge, donde participarán tres compañías.

En el transcurso del mismo, se les informará a los participantes sobre el lugar de lanzamiento con varias semanas de antelación y se les entregará la carga para el lanzamiento algunos días antes. La misma operación se repetirá varias veces. De tal modo, los militares simularán situaciones en las que tienen que tratar con circunstancias imprevistas de una manera rápida y operativa. Por lo cual, podría haber un futuro para los “cosmódromos voladores”.

(Sputnik)

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