Opinión > EDITORIAL

AFE se moderniza o desaparece

La supervivencia del ente depende de la nueva planta de UPM y de una renovación de su sistema

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13 de enero de 2018 a las 08:38

La supervivencia de AFE, luego del desplome récord de su transporte de cargas el año pasado, depende de que se concrete la nueva planta de celulosa de UPM y de que su pequeño sindicato no vuelva a frustrar la modernización del servicio ferroviario, como hizo al menos dos veces en el pasado reciente. El negro presente del ente fue precisado por el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi. Auguró que si no se transforma, "el fin inexorablemente será" el de la quebrada Pluna, o sea desaparecerá por inviable. Dijo que su agigantada pérdida de cargas es consecuencia de que no ofrece las condiciones de regularidad y seguridad que exigen los clientes. Y apuntó directamente al anacrónico sindicato de la empresa al reclamar que se enfoque menos en defender lo viejo y más en colaborar con el restablecimiento de un servicio medianamente eficiente.

Desde su lejano récord de hace más de 70 años, cuando transportó 1.840.000 toneladas en 1945, la cifra viene en picada. No llegó a 700 mil toneladas en 2016 y siguió cayendo a alrededor de 480 mil toneladas el año pasado, pese a que sus poco realistas autoridades habían pronosticado tres veces más. Y ese magro total se alcanzó mayoritariamente gracias al transporte de piedra para ANCAP, ya que la producción del agro y de otros sectores escapan a un servicio lento y poco confiable. De nada sirvió la reforma del ente, bajo la administración Mujica, al dividirlo en dos empresas estatales. Fue una inefectiva burocracia de papel, cuando lo que se precisaba era inversión y trabajo para mejorar el inseguro sistema de vías y el escaso y anticuado material rodante, así como lograr que su plantilla colaborara en vez de trancar.

Ocurrió durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez. Se estaba a punto de cerrar un acuerdo con un consorcio privado para la recuperación del ferrocarril, pero fracasó por la oposición de un sindicato cerrado a cualquier cambio. El siguiente presidente, José Mujica, aseguró con bombos y platillos que empresas de China iban a asumir el trabajo, pero nuevamente la negativa sindical lo impidió. Su actitud ya complicó las negociaciones con UPM, cuando un paro sin justificación alguna impidió que una misión de la empresa finlandesa hiciera un programado relevamiento de las vías a ser reemplazadas para el transporte de la madera desde la zona de Paso de los Toros a Montevideo.

El futuro del ferrocarril está jugado a que UPM instale finalmente la tercera planta de celulosa del país, lo que depende de que el gobierno cumpla su compromiso de construir, además de otras obras de infraestructura, la línea entre ambas ciudades para la circulación de trenes a 80 kilómetros por hora, velocidad modesta pero que representaría un avance supersónico sobre los actuales 10 kilómetros en algunos tramos. Están recién en la etapa de programación las obras por US$ 1.000 millones que corresponden al gobierno, como contrapartida a la eventual inversión de US$ 4.000 millones de UPM que comenzarían, si se encuentra la manera de financiarlas, en alrededor de un año. Aunque todo salga bien con UPM, sin embargo, al gobierno le queda el escollo de persuadir al sindicato de ferroviarios de que, por su propia conveniencia, acepten la nueva estructura, única alternativa a la total desaparición de AFE que admitió el ministro Rossi.
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