Temas > COLUMNA ADRIANA VILENSKY

Aprender a prestar y a pedir prestado

Es necesario que los niños adquieran el conocimiento de armonizar los deseos propios con los de otros

Tiempo de lectura: -'

28 de junio de 2017 a las 05:00

En los primeros años de la infancia es común que sean egocéntricos. Es natural en esta etapa, y por lo tanto no es conveniente calificarlo de egoísta. Sin embargo, esto provoca que a los dos años piensen que sus cosas y las de los demás son sólo suyas.

No conocen las reglas de cortesía y les cuesta mucho ponerse en el lugar del otro, es decir, empatizar. En primer lugar tienen que fortalecer su autoconcepto, que pasa por un fuerte sentido posesivo, para luego desarrollar intereses y habilidades sociales. Igualmente, les cuesta mucho ceder y desprenderse de sus cosas. Suelen pensar que lo que se va se pierde para siempre, y a pesar de que se les diga que se les será devuelto, no están seguros de esto último. No tienen un concepto formado sobre la propiedad ajena, puesto que quieren todo aquello que les gusta.

A los tres y cuatro años las cosas comienzan a cambiar gradualmente. Muchos empiezan a tener intereses sociales, a tener en cuenta a los demás niños, y varios ya entablan sus primeras amistades.

A pesar de que el juego del niño todavía no suponga una coordinación entre los integrantes, sus otros pares le empiezan a generar cierta indiferencia o rivalidad. De igual forma, al pequeño le empieza a gustar la compañía de otros y siente auténtico interés por los mismos. El niño se refiere a sus pares por sus nombres, relatan las cosas que les pasan juntos y a veces dicen tener novios o novias.

A partir de los tres años, el niño empieza a incorporar palabras a su vocabulario como "compartir", "conceder", "intercambiar", "hacer un trato". Para ello es fundamental la intervención de los padres. Los pequeños aprenden por imitación y por las enseñanzas de sus progenitores las habilidades de la negociación y el intercambio.

Asimismo, es conveniente elogiar a los niños siempre que muestren gestos de amabilidad, generosidad y ayuda. Al igual que manifestar su reprobación, si no quieren prestar o si le quitan un juguete a un compañero. Es importante explicarles las ventajas de prestar los juguetes si a uno mismo se los prestan.

No obstante en ocasiones es bueno descubrir conjuntamente con ellos estrategias concretas para solucionar sus conflictos. Para ello, en el vínculo padre-hijo es adecuado practicar el intercambio y el pacto. Por ejemplo: "Martina te doy la mitad de este bizcocho riquísimo porque sé que te encanta y quiero que lo disfrutes"; "¿Me das un poquito de tu licuado?", "¡Podemos hacer un jugo y tomarlo los dos! qué te parece?" "Esto que hacemos es compartir las cosas". Es así que luego de este entrenamiento, el aprendizaje se traslada a la relación con sus amiguitos.

Es bueno que los padres generen determinadas situaciones en las cuales el niño pueda jugar, compartir y negociar con sus pares.

No es necesario proceder de manera directiva una vez que el niño empieza a desarrollar habilidades para negociar entre ellos. También, es bueno intervenir con alguna sugerencia si la ocasión lo amerita: "Si querés que él te preste la pelota, podrías dejarle un rato tus patines, que le encantan." De esta manera se elaboran las bases para el desarrollo de sus habilidades sociales.

El guiar adecuadamente y el elogiar son métodos educativos provechosos. Hay que recordar que el entorno familiar influye en el aprender a compartir, ceder, pactar y negociar. Los niños aprenderán más fácilmente este modelo si en el hogar prevalecen la amabilidad y la flexibilidad, el dar y el recibir.

A su vez, es fundamental que los padres compartan tiempo con sus hijos, que los escuchen y sean comprensivos.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...