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Cavando la grieta

Análisis de Pablo Carrasco para El Observador Agropecuario sobre la rendición de cuentas

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29 de junio de 2018 a las 05:00

Por Pablo Carrasco, especial para El Observador

Esta rendición de cuentas, como todas las que se han propuesto de parte del partido que nos habrá de gobernar tres lustros, será una propuesta de aumento del gasto sin atisbo de esfuerzo alguno por disminuir el costo de un Estado que a esta altura padece obesidad mórbida.

Hasta allí lo esperable de una fuerza de izquierda que en todo el planeta y todo lugar entiende que gobernar es gastar.

La variante esta vez es que el incremento del gasto encuentra su justificación, según el Ministro de Economía, en base a la buena fortuna de la que el Uruguay es merecedor en los próximos dos años. Un acto de fe religiosa, un voluntarismo irresponsable y una práctica completamente alejada de la prudencia que debe adornar al buen administrador.

¿Cuál será el destino de estos US$ 160 millones que adicional y anualmente habremos de gastar y con los que no contamos? La respuesta es simple: sueldos de empleados públicos, sean esto actuales o producto de nuevas contrataciones.

¿De donde saldrán estos fondos si la buena fortuna no acude a la cita? La respuesta también es muy simple: el Uruguay productivo, las empresas, los empleados privados y los emprendedores, quienes deberán hacerse cargo hoy por cualquiera de los mecanismos esquilmantes del gobierno o mañana, pagando las deudas que nos están siendo adjudicadas.

Es curioso que ambos grupos, perjudicados y beneficiarios, estén enojados. Los primeros a través del movimiento #unsolouruguay al costado de la ruta, pasando frío y explicando su condena a muerte y su hartazgo de seguir firmando los cheques que necesita el Estado. Los segundos, y en especial los docentes, que declararon un paro de actividades por lo exiguo del monto obtenido en relación a lo que ellos sienten que merecen.

Mientras los primeros recibirán un aumento en el precio del gasoil como respuesta a sus reclamos, los segundos llevaron adelante su paralización los días 20 y 21 de junio (miércoles y jueves) que unido al feriado (exclusivo de los empleados públicos) del martes 19 de junio dejó convenientemente al lunes y al viernes como irresistibles "sándwiches" que pueden ser engullidos con un simple dolor de cabeza y certificado médico.

Los pagantes serán despojados de esta partida el resto de sus vidas mediante la coerción casi violenta del Estado y sus impuestos. Sin embargo, los beneficiarios aprovechan para generar un feriado de nueve días en pleno campeonato del mundo en señal de protesta con salamines y cerveza incluidos.

El Estado gasta el dinero con una eficiencia muy inferior a la de los agentes privados. Cada vez que se cobra un impuesto, habrá dinero que en lugar de ser gastado por un ciudadano particular con prudencia y responsabilidad será dilapidado de manera ineficiente e irresponsable en manos de un jerarca de alguna lúgubre oficina publica.

El empleo es un indicador prístino de esta diferencia. En tiempos difíciles como los que vivimos, el privado ajusta sus costos suprimiendo fuentes de trabajo mientras que el Estado en ese mismo país va aumentando irresponsablemente su plantilla de trabajadores.

El dinero que reciben los docentes en el Uruguay transforma a una pésima educación en otra que además de pésima es cara. Eso es todo lo que sucede a partir esfuerzo que se le pide a quienes no cobramos nuestro cheque del Estado.

La división entre los uruguayos se empieza a reformular después de años de gobierno populista.
Se desdibuja la división entre la izquierda y la derecha y se empiezan a alinear sus actores entre los que cobran y los que pagan los cheques del Estado, entre los que corren riesgo y los que no, entre los que nacieron con estrella y estrellados.
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