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Chismografía literaria

Puede ser tan trivial como cualquier otra; desde el punto de vista gráfico, a través de su diseño y diagramación, se presenta como un libro de historietas o una publicación de folletín

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07 de julio de 2020 a las 05:04

Por Jaime Clara

«Yo no soy chusma, pero me encanta saber» pregonaba mi abuelo, cada tanto, justificándose al recibir información poco calificada o rumores sobre alguna persona de su entorno. El rumor o el chisme, forman parte de la vida cotidiana desde tiempos inmemoriales. El chisme es la información no verificada sobre una persona, que en general pretende criticarla. En la falta de confiabilidad -independientemente de si la noticia es veraz o no- está la esencia de la cuestión. Alguien dice algo, que lo repite, que a su vez lo replica a varias personas, para que de esa forma, la «información» inicial quede totalmente desvirtuada, aumentada, exagerada. Muchas veces el chisme es una noticia falsa que alguien difunde con maldad o por intereses creados. El chisme está más cerca de lo que se denomina habladuría o, en España, cotilleo.

La frontera del chisme con el rumor es mínima. Rumor es una información cuya veracidad está en duda. Muchas veces, los rumores pretenden condicionar conductas o pensamientos de las personas. La dosis de malintención, en ambos casos, es una constante.

La calidad de la información que surge de chismes o rumores, es muy baja. Hay publicaciones y programas de radio o televisión -y de las redes ¡ni hablar!- que viven exclusivamente de este tipo de noticias. En general, están vinculadas a la farándula, al espectáculo o la política. Es lo que se ha dado en llamar, a través de colores, prensa rosa (por asuntos del corazón) y amarilla (por su carácter sensacionalista).

¿Qué pasa cuando la información discreta o privada es de intelectuales? Seguramente es lo mismo. Y la chismografía literaria puede ser tan trivial como cualquier otra. Se publicó el libro Vida secretas de grandes escritores. Hasta desde el punto de vista gráfico, a través de su diseño y diagramación, se presenta como un libro de historietas o una publicación de folletín. El autor, es Robert Schnakenberg (1969) conocido como Nguyen van Foch, es un autor norteamericano de numerosos libros de no ficción.

En las recargadas tapa y contratapa, aparecen varios títulos que, en otra publicación, no dudaríamos en calificar de sensacionalistas. Allí aparecen preguntas y afirmaciones de «Kafka, un pervertido?», «¡Papá, no le pegues! Hemingway agrede a un periodista. ¡Y mucho más!», «Lord Byron ¿Don Juan o afeminado?», «¡Vaya con la mujercita! ¡La adicción al opio de Luise May!», «Lo que nunca salió a la luz de los grandes novelistas, poetas y dramaturgos», entre otros ejemplos.

En la introducción, sin firma, por lo que suponemos escrita por el autor, se afirma que «la inmensa mayoría de las leyendas literarias tuvieron existencias más parecidas a las de las estrellas de Hollywood que a las tímidas y retraídas «ratas de biblioteca». Tanto si eran adictos a las drogas o bebedores de pis como mujeriegos o aspirantes a estrellas de cine, era más fácil verles con una botella de ginebra medio vacía que con una pluma en la mano.» En el mismo texto, se hace referencia a que a Hemingway le gustaba usar ropa interior femenina, las perversiones sexuales de James Joyce y el disfrute de Ayn Rand por la serie Los ángeles de Charlie. «Este libro le informará de todos los defectos, fobias y debilidades que probablemente no conocía cuando descubrió la existencia de estos gigantes literarios, y espero que sea un aliciente para leer o volver a leer sus obras.» Menos mal, que lo que pretende el autor es incentivar la literatura y la obra de los escritores en cuestión.

Cada autor, se abre con una ficha con los datos básicos de nombre, fecha de nacimiento y muerte, nacionalidad, signo del zodiaco, sus obras más importantes, los coetáneos más importantes, el estilo literario, y una frase textual. A partir de allí, un artículo breve, de página y media sobre algunas características generales, insólitas o sórdidas y luego varios recuadros o textos breves con anécdotas que complementan lo que no se sabe o no trasciende de la vida del autor en cuestión.

No voy a relatar aquí el disparatario de afirmaciones, pero por lo menos enumerar algunas, quizás las más suaves y menos excéntricas: Los ronquidos de Tolkiern (autor de El señor de los anillos) eran tan molestos que él y su esposa llegaron a un acuerdo por el que ella dormía en el dormitorio y él en el baño. Kafka fue en varias ocasiones a un balneario nudista pero no se sacaba el bañador. Salinger, según su hija, bebía su propia orina. Agatha Christie padecía una anomalía llamada disgrafía, que hacía ilegible su letra, por lo que dictó todas sus novelas.

No creo que saber determinados detalles de las vidas personales y privadas de los escritores cambie en algo la opinión del lector, pero en muchos casos se sorprenderá con muchas de las afirmaciones. Un dato clave: el libro carece de bibliografía o de fuentes. El autor es responsable de un libro similar, llamado Vidas secretas de grandes directores de cine.

Vidas secretas de grandes escritores
Robert Schnakenberg
Editorial Océano
Barcelona, 2008
316 págs.

Esta nota fue publicada originalmente en Blog Delicatessen*

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