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Dejemos que el conocimiento se extienda por todo el mundo

A Occidente no le conviene impedir la innovación en los países en desarrollo

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29 de abril de 2018 a las 05:00

Por Martin Wolf - The Financial Times *

A la larga, tal y como lo ha escrito el ganador del premio Nobel Paul Krugman, la productividad lo es casi todo. Pero, ¿qué impulsa la productividad? La respuesta es tener conocimientos técnicos o "know-how". El hecho de que la humanidad haya descubierto, desarrollado, desplegado y difundido conocimiento útil es la razón por la que una proporción cada vez mayor de la población mundial por fin escapa las "pobres, desagradables, brutales y cortas" vidas de nuestros antepasados, descritas por el filósofo Thomas Hobbes en el siglo XVII.

El conocimiento también es un poco paradójico. Es más productivo cuando está disponible libremente. Pero el incentivo para crearlo depende de la capacidad de restringir su uso. La primera consideración justifica la diseminación. La segunda justifica el control. Entonces, ¿cómo está funcionando este equilibrio?

El más reciente informe "Perspectivas de la Economía Mundial" (WEO, por sus siglas en inglés) ofrece un instructivo capítulo sobre cómo la globalización ha estado ayudando a difundir el conocimiento útil. Este análisis esclarece el panorama contemporáneo de la innovación, la difusión actual del conocimiento, lo que está sucediendo con la productividad, el papel de las cadenas de valor globales, y el impacto de la competencia en la creación y en el uso del conocimiento.

Quizá la conclusión más significativa se relaciona con el cambio en la ubicación de la innovación. Si este parámetro se mide por lo que se llama "familias de patentes", es decir, las patentes presentadas en más de una jurisdicción (una medida de su importancia), EEUU, Japón y las tres grandes economías europeas (Alemania, Francia y el Reino Unido) todavía dominan. China ya ocupa el segundo lugar en términos de gasto en investigación y desarrollo (I + D), detrás de EEUU por sólo un pequeño margen. En la cantidad total de patentes, China también ya supera al Reino Unido. Sorprendentemente, la tasa anual de registros de patentes en las cinco grandes economías avanzadas está estancada, mientras que en el mundo emergente, y sobre todo en China, se está disparando.

La desaceleración en el registro de patentes y, en menor medida, en el gasto en I + D en los países de altos ingresos es paralela a la desaceleración de la productividad. Existe una enorme cantidad de debate acerca de las causas de la desaceleración en el gasto. Y algunos argumentan que naturalmente dará marcha atrás. Otros sugieren que el flujo de nuevas ideas buenas se está desacelerando en la frontera de la productividad por razones más fundamentales: simplemente es más difícil hacer grandes descubrimientos.

Mientras tanto, las economías emergentes se están beneficiando de la aplicación en sus propias economías de ideas ya desarrolladas. Así es como ha funcionado la difusión del crecimiento económico desde la revolución industrial (de hecho, desde antes). La globalización, al parecer, ha acelerado la velocidad de difusión al reducir los obstáculos. Esto ha ocurrido a través de la inversión extranjera directa y mediante la desagregación de la producción a través de cadenas de valor mundiales. El acceso a los conocimientos extranjeros fertiliza la invención: por lo tanto, cuanto mayor sea el flujo de conocimiento, más fuerte se tornará el registro de patentes doméstico. Esto no es sólo cierto en el caso de los países emergentes. También lo es en el de aquellos que se encuentran en la frontera del conocimiento.

El acceso al conocimiento extranjero también promueve la productividad, como sería de esperarse. No es sorprendente que este efecto sea particularmente importante para las economías emergentes. Sin embargo, desafortunadamente, el crecimiento de la productividad laboral se ha desacelerado en casi todas partes desde 2004, quizá debido a la crisis financiera mundial.

Una conclusión especialmente relevante de este análisis es que una mayor competencia — uno de los beneficios de la globalización económica — acelera la difusión de la tecnología entre los países, e incluso la tasa de innovación misma. Una explicación de esto último pudiera ser que el acceso a un mercado global más grande aumenta el rendimiento de la innovación.

¿Qué nos dicen estos hallazgos sobre el estado de la economía del conocimiento global y sobre las políticas apropiadas al respecto? La conclusión más importante es que la difusión global del conocimiento representa un gran beneficio de la globalización. Con el tiempo, esto agrega un significativo número de nuevos contribuyentes al desarrollo de conocimiento útil. La adición de cientos de millones de mentes debe ser algo bueno para todos. Éste es actualmente el caso de China, como alguna vez lo fuera con el ingreso de Japón y de Corea del Sur en el negocio de la creación de nuevos conocimientos.

Desafortunadamente, lo que está sucediendo en la actualidad no es sólo el ingreso de nuevos innovadores, sino una aparente desaceleración en la tasa de crecimiento de la innovación y de la productividad en los países avanzados. Ésta es una razón más por la que sus votantes, sus líderes empresariales y sus políticos se han vuelto más defensivos. Sin embargo, si existe una lección obtenida de dos siglos de crecimiento económico sin precedentes, es que el conocimiento 'antiguo' en última instancia se convierte en un producto ampliamente disponible. La tarea más importante de los países avanzados es crear nuevas ideas útiles. Es de eso de lo que, finalmente, dependerá su futuro. Lograr esto requerirá no solamente derechos de propiedad intelectual bien diseñados, sino también el apoyo gubernamental de la ciencia fundamental y de las tecnologías innovadoras, tal y como fuera el caso del Internet hace algunas décadas.

Un aspecto particularmente importante de la globalización del conocimiento útil es la relación del Occidente con China. Una de las tragedias del impulsivo e impreciso enfoque de la administración Trump en materia de política comercial — de no dejar a ningún amigo sin convertirlo en objetivo, generalmente sin tener una buena razón — es que ha alienado a posibles aliados en su intento de abordar el problema de la transferencia forzosa de conocimientos técnicos impuesta por China. Sin embargo, incluso los legisladores chinos entienden que el futuro de su economía depende de los incentivos para desarrollar y diseminar nuevas propiedades intelectuales. EEUU debiera estar empujando una puerta abierta.

Por encima de todo, no se trata sólo de proteger la propiedad intelectual. También se trata de reconocer que puede ser un obstáculo para la competencia. Y, todavía más, se trata de enfocarse en el futuro. Un mundo en el que la innovación se comparta más ampliamente es tanto inevitable como deseable. Éste es un futuro que debiéramos desear. El antiguo monopolio ya se acabó. ¡Qué bueno!

©The Financial Times Ltd, 2014. Todos los derechos reservados. Este contenido no debe ser copiado, redistribuido o modificado de manera alguna.
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