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EDUY21, posicionamientos e intencionalidades

Las diferentes opiniones, a favor y en contra, que han surgido sobre esta nueva iniciativa educativa, que contiene múltiples propuestas y cualidades

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29 de julio de 2018 a las 05:00

Por Renato Opertti

Desde sus inicios en octubre del 2016, EDUY21 ha insistido en la necesidad de tejer un acuerdo educativo transversal al sistema político, educativo y a la sociedad en su conjunto, que revista tres características fundamentales. En primer lugar, proponer un cambio profundo en el qué y para qué educar y aprender, así como en las formas de hacerlo, desde edades muy tempranas y apelando complementariamente a diversidad de instituciones, enfoques y ambientes de aprendizajes, para contribuir a sustentar las oportunidades del desarrollo del país en un mundo de cambios disruptivos. En segundo lugar, abrigar una visión sistémica del cambio educativo, que comprometa y responsabilice al conjunto de instituciones que contribuyen a formar desde cero a siempre.

En tercer lugar, que dicho cambio tenga viabilidad de ser implementado en un período mínimo de una década comprometiendo al sistema político en dar garantías de estabilidad a cuadros profesionales con capacidad de propuesta, márgenes de maniobras y recursos para hacer efectiva una política pública de largo aliento mandatada por el gobierno y el Parlamento.

Estos tres atributos –profundidad en los contenidos educativos, visión sistémica del cambio y viabilidad en su implementación a mediano plazo– se reflejan en los trazados fundamentales de seis propuestas bisagra que se condensan en el "Libro Abierto: Propuestas para apoyar el acuerdo educativo" (www.eduy21.org), presentado el 16 de mayo pasado en el Salón de los Pasos Perdidos (Parlamento).

La primera de las propuestas se refiere a la elaboración de un ante proyecto de Ley de Educación que dote de responsabilidad e iniciativa al Ministerio de Educación y de capacidad rectora al Consejo Directivo Central (Codicen). La segunda implica la elaboración de un marco curricular nacional de 3 a 18 años con renovadas formas de educar y aprender, así como de hacerlo con un enfoque que integre conocimientos y competencias, personalice la educación, flexibilice contenidos y unifique la evaluación entre primaria y media. La tercera supone un nuevo estatuto docente que favorezca la excelencia y la dignificación de la carrera docente, mejorando las condiciones de trabajo de los educadores y creando una estructura profesional radicada en el centro educativo.

La cuarta apunta a la creación de un estatuto de centro educativo que lo dote de efectivos márgenes de autonomía con contrapartidas y un conjunto de apoyos centrales para que puedan desarrollar su proyecto de centro, alineado al marco curricular nacional de 3 a 18 años. Una quinta va en la línea de conformar un sistema universitario de formación docente que promueva diversidad de prestatarios y múltiples ofertas de grados y postgrados, regulados por agencias independientes, así como jerarquizar el desarrollo profesional con énfasis en la formación en servicio y la gestión directiva de los centros educativos.

La última de las seis propuestas busca fortalecer la gestión del sistema educativo y el marco presupuestal que implique revisar la organización y el funcionamiento del sistema educativo, así como disponer de un marco presupuestal que atienda la calidad del gasto sustentado en el seguimiento y la evaluación de objetivos, metas e impactos.

Se han ido generando múltiples reacciones y posicionamientos frente a lo propuesto por EDUY21 que valoramos como un indicador saludable de la sensibilidad y del compromiso que el tema educativo genera en diversos colectivos de la sociedad. Por lo menos, identificamos cuatro posicionamientos, no necesariamente excluyentes unos de otros, frente a lo que proponemos desde nuestra asociación civil. Como se ha señalado, EDUY21 tiene la finalidad política de contribuir a promover y plasmar el cambio educativo, pero no tiene color ni agenda partidaria alguna. El crisol de afiliaciones que anidan en su seno, lo atestigua.

Un primer posicionamiento es de recepción esperanzadora y entusiasta de la propuesta como un rutero de cambios profundos, sistémicos y posibles que pueda ser la base de un acuerdo educativo de amplio alcance transversal al sistema político en su conjunto. El sistema de partidos políticos, con diferentes grados de intensidad, apoya la propuesta de EDUY21 en sus grandes trazados, incluyendo presidencias y convenciones partidarias, connotados líderes y dirigentes, funcionarios de gobierno, intendentes, senadores, diputados y ediles. Asimismo, la ciudadanía a pie, sindicalistas, empresarios, académicos, comunicadores, personas vinculadas a diversas expresiones del arte, la cultura y del deporte, y crucialmente, educadores de todos los niveles y perfiles, han adherido a EDUY21.

Un segundo posicionamiento señala que el sistema educativo ya está implementando lo que sugiere EDUY21. En el libro abierto, se hace un inventario de avances y logros significativos de las últimas tres décadas, que apuntalan en una dirección de cambio educativo. En el resumen ejecutivo del libro abierto, se sostiene que "para consolidar los avances constatados y algunas de las propuestas que a modo de fragmentos positivos se han sumado, se requiere de una transformación integral del sistema educativo.

Desde sus estructuras de gobernanza al modelo curricular. Desde la forma de evaluación, que debe evolucionar hacia un sistema nacional de evaluación, al modelo de servicio de los centros educativos, de sus equipos docentes y de los mandos directivos, que demanda una radical re-ingeniería. Y también desde la formación, que requiere ser reformulada, hasta la carrera docente, que debe ser reconstruida".

Un tercer posicionamiento pone el acento en que el libro abierto no trae "novedades educativas" sino condensa propuestas que se han ido haciendo en los últimos años. Efectivamente, en el libro abierto, se incluyen propuestas de cambio que han surgido de diversos colectivos y actores –por ejemplo, iniciativas para fortalecer la gestión institucional, pedagógica y docente de los centros educativos– pero por sí solas no hacen a un cambio sistémico en la concepción de la educación, así como en la organización, gestión y evaluación del sistema educativo.

Un cuarto posicionamiento se combina con la intencionalidad de intentar descalificar la propuesta de EDUY21 como "neoliberal", "privatizadora", "mercantilista", "reductora de contenidos" y "renacentista de los noventa". Lisa y llanamente, y con el mayor de los respetos, quienes aseveran estas cosas no han leído el libro abierto ni aportan ninguna evidencia. La descalificación no hace bien a la calidad de la democracia ni aporta al debate de las ideas.

Precisamente en el libro abierto se afirma que: "La educación importa como derecho humano. Como dimensión de la ciudadanía social. Como fuente generadora de escalas de valores compartidas y acordadas. Como bien común preferente, al que debe promoverse y protegerse como patrimonio de la sociedad en su conjunto. Como canal para alcanzar horizontes compartidos desde el respeto a las singularidades humanas y el incentivo de las mismas".

El lector podrá sacar sus propias conclusiones sobre la propuesta que impulsa EDUY21. Estamos abocados a difundirla, mejorarla, enriquecerla y plasmarla en una serie de instrumentos para que un futuro nuevo gobierno y Parlamento la puedan considerar y, eventualmente, implementar. Seguimos andando.



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