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El astrónomo uruguayo cazador de asteroides

Vive en Islas Canarias, España, uno de los lugares ideales para contemplar las estrellas; en 2021 buscará entender cómo esos cuerpos celestes podrían afectar a la Tierra 

Javier Licandro

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02 de agosto de 2020 a las 05:00

Desde niño Javier Licandro se sintió atraído por las estrellas y cometas. De adolescente, su profesor de astronomía del liceo Seminario, le recomendó que se integrara a la Asociación de Aficionados a la Astronomía  que se reunía a pocos metros de su casa en el Planetario.

En la asociación encontró un mundo que lo apasionaba. Le hizo caso a lo recomendado por su profesor, y con tan solo 16 años se vinculó a la organización, primero como aficionado y más tarde como profesional.

Javier Licandro

Ingresó el mismo año a Facultad de Ingeniería y a Facultad de Ciencias. Luego, optó por la segunda hasta recibirse de licenciado en Física, opción Astronomía, en 1995.

Al año siguiente, obtuvo una beca del Instituto de Cooperación Iberoamericana para hacer su tesis doctoral en las Islas Canarias. “Y ya me quedé aquí”, recuerda.

Es “un lugar espectacular para la astronomía”, asegura. Tiene uno de los mejores observatorios del mundo y un instituto integrado por más de 200 investigadores. Lo que lo hace especial, cree el científico uruguayo, es su ubicación en medio del Océano Atlántico que les permite ver el cielo con mayor claridad.

“El océano es un regulador térmico que permite que la atmósfera esté a una temperatura muy estable, no se forman muchas tormentas y además la altura de las islas equivalen a poner una gigantesca torre en medio del mar”, explica.

Telescopio Nazionale Galileo (TNG), operado por el Instituto Italiano de Astrofísica (INAF) y ubicado en la isla de La Palma, Islas Canarias, España.

Los observatorios del IAC están ubicados a 2.400 metros de altura y se considera que desde los 2.000 metros, la atmósfera presenta las condiciones ideales para la astronomía.

Licandro se desempeña como investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias y trabaja también desde hace dos años como coordinador del área de investigación: forma parte del equipo que selecciona los contratos postdoctorales, discute sobre las políticas de su sección, entre otros trabajos administrativos y de política científica.

Aunque el cargo de coordinador que el científico ocupa actualmente es de gran responsabilidad y compromiso, espera pronto dejar este sitio a otra persona y volver exclusivamente al trabajo de investigación. “Es lo que más me gusta”, comenta.

El trabajo en el instituto es de muy poca rutina. Según cuenta Licandro, sus responsabilidades a veces requieren que trabaje en la noche y que asista a muchos congresos. Además, tiene gran parte de su tiempo ocupado en reuniones, tanto del comité de investigación del instituto, de personas que quieren desarrollar sus proyectos allí y de su área de trabajo.

En sus tareas habituales como coordinador, el astrónomo también debe presidir las mesas de selección de personal, en las que se contrata anualmente a unas 40 o 50 personas con postdoctorados.

Sin embargo, insiste en que él es un observador. En su trabajo de investigación toma datos en telescopios para luego analizarlos, interpretarlos y escribir artículos científicos, muchas veces en colaboración con otros investigadores.

Eureka

Recuerda como uno de los momentos más emocionantes vividos en su carrera cuando en 2005 se descubrieron cuerpos celestes en la región donde se encuentra Plutón e inmediatamente apuntó con los mejores telescopios del observatorio- William Herschel y Nazionale Galileo- obteniendo el espectro de uno de esos cuerpos. “Cuando empecé a mirar los datos del espectro me di cuenta que era igual al de Plutón”, relata el científico.

Hasta ese momento no se conocía ningún objeto de ese tipo (transneptunianos) con cantidades tan grandes de metano.. “Fue emocionante saber que estábamos observando un objeto que era una especie de gemelo de Plutón”, concluyó.

Lo que se hace ahora

En este momento, junto a un equipo de científicos, el investigador trabaja en la misión Osiris Rex de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

Osiris es una sonda espacial, lanzada en 2016, que tiene como objetivo alcanzar el asteroide Bennu, recoger una muestra de su superficie y volver a la Tierra. “Nuestro grupo trabaja en la interpretación de las imágenes de las cámaras de la misión”, señala el científico y agrega que “las cámaras de la nave tienen filtros que te permiten ver cómo es la composición superficial del objeto en distintos colores”.

Lo que se busca a partir de los mapas de color del asteroide son minerales especiales. Particularmente, la presencia de agua en éstos.

El equipo trabaja también en identificar y caracterizar material que se destaca de la superficie de Bennu por ser muy diferente a él. “De la misma forma en que en la Tierra caen meteoritos, en un asteroide caen pequeñas piedras y, como allí no hay atmósfera, se queda en la superficie”, explica Licandro.

Otras observaciones se centran en estudiar asteroides cercanos a la Tierra. Las variaciones de sus brillos permiten saber sobre su rotación y si su forma es muy irregular o más bien redonda. A su vez, los telescopios permiten conocer su espectro electromagnético, con el que se puede tener una idea de su composición.

Una de las razones que hace importante caracterizar los cuerpos celestes rocosos es para mejorar lo que se conoce como “defensa planetaria”: el estudio de métodos para evitar choques de asteroides con nuestro planeta.

Siguiente paso 

La NASA lanzará en 2021 la sonda espacial DART, que será la primera prueba en el intento de desviar un asteroide utilizando un impacto.

La sonda apuntará a golpear al asteroide Dimorphos que mide unos 120 metros y orbita alrededor de otro asteroide más grande.

Por otra parte, el Instituto de Astrofísica de Canarias participará de la misión de la Agencia Espacial Europea llamada ERA, que estudiará las consecuencias que tuvo DART. “Estudiaremos cómo varía la órbita de Dimorphos y qué efectos hubo en su superficie”, cuenta Licandro.

Efectos pandémicos

Si bien la pandemia provocada por el coronavirus aumentó la cantidad de reuniones telemáticas, el investigador ya trabajaba “bastante” de manera remota. Realiza todos los días observaciones desde su casa con telescopios robóticos, que programa para poder visualizar los asteroides cercanos a la Tierra.

Javier Licandro

Aunque vive en el exterior desde hace más de una década, Licandro viaja periódicamente a Uruguay y está en contacto con colegas uruguayos. “Siempre que puedo colaboro en los proyectos con uruguayos y con gente de todas partes del mundo”, concluyó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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