4 de enero de 2013 19:10 hs

Si Steve Ballmer, director ejecutivo de Microsoft, fuese actor de una serie de televisión, sus apariciones terminarían con risas grabadas. Son por lo menos graciosas las performances de este hombre corpulento y pelado, algo fuera de forma, corriendo y saltando delante de los empleados de la empresa como si fuese un niño en el patio de recreo, animándolos a gritos para que salgan al mundo y conquisten los mercados de las tecnologías de la información.

“¡Me encanta esta empresa!”, exclama en uno de los videos que se pueden ver en You Tube, y remata la frase con el “¡Yeah!” tan tradicional de los estadounidenses.

Histriónico y verborrágico, las mismas energías que invierte para entusiasmar al personal las usa para contraatacar las críticas de la competencia y de los promotores del software libre. Una vez dijo que Linux es “un cáncer” para la propiedad intelectual. Otra vez sintió tanta bronca cuando un colaborador suyo renunció a Microsoft para trabajar en Google, que se descargó golpeando una mesa, maldiciendo a viva voz y tirando una silla por la ventana.

Ballmer desmintió el incidente durante una conversación con el periodista Juan Luis Cebrián, hoy presidente ejecutivo del diario El País de Madrid. “Me puedo excitar, puedo dar un puñetazo a la mesa… pero nada más”, le dijo, según fue publicado en octubre de 2006.

Quienes han tratado a Ballmer dicen que es un tipo simpático y tranquilo, que cumple “con todos los rituales de los superejecutivos”. Al menos así lo encontraron los periodistas Ariel Torres y Luis Cortina del diario La Nación cuando lo entrevistaron en abril de 2010, durante una visita que hizo a la Argentina.

Ballmer conoció a Bill Gates en la Universidad de Harvard en 1974, justo un año antes de que Gates fundaraMicrosoft. Aficionado a los deportes, sobre todo el basquetbol, Ballmer compartió alojamiento con Gates. Se hicieron buenos amigos. Cinco años después, Gates lo convocó para trabajar en Microsoft. Ballmer renunció a su puesto de gerente en Procter & Gamble para pasar a una empresa que por aquel entonces tenía menos de 30 empleados. Otros tiempos.

“Si Gates tiende a comportarse como un tímido gurú de la nueva sociedad y un visionario de la tecnología y sus usos aplicados, Ballmer aporta al crecimiento de la empresa su espíritu luchador y su rabia vendedora”, dijo Cebrián.

Camino al éxito
Licenciado en Matemáticas y Economía, Ballmer siempre ocupó cargos relevantes dentro de Microsoft. Siempre contó con el respaldo y la confianza de Gates. Es definido como un hombre pasional y divertido, comprometido y con altísimo sentido de fidelidad a la empresa.

“Si fuera amigo de Ballmer, él sería el mejor amigo que he tenido. Su lealtad es una de las razones por las que todavía conduce coches Ford. Su padre trabajaba allí”, dijo Fredric Maxwell, autor de la biografía no autorizada del CEO, a The Guardian.

En 1998 Ballmer asumió la presidencia de la compañía y dos años después el cargo de CEO. A partir de entonces cobró mayor visibilidad dentro de la empresa y se perfiló como el sucesor de Bill Gates. También comenzó a ser blanco de críticas y acusaciones.

En mayo de 2012, la revista Forbes lo incluyó entre los cinco peores CEO de empresas públicas estadounidenses. La revista argumentó que durante su gestión Microsoft abandonó “los nichos de mayor crecimiento y rentabilidad” en el mercado de las tecnologías –según cita el diario Clarín–, y el valor de las acciones de la empresa no mejoró desde su caída 10 años atrás.

Dos años antes, en 2010, Newsweek había sugerido que Ballmer sería despedido antes de terminar el año debido a las fallas de Windows Vista y las demoras de la empresa para ingresar al mercado de las tablets, además del tema de las acciones.

No ocurrió. Ballmer “maneja la empresa como un país”, dicen los periodistas de La Nación. Vuela en aviones privados, se reúne con empresarios, piensa las innovaciones de acuerdo a las necesidades de la sociedad y se entrevista con presidentes.

El histriónico CEO de Microsoft es actualmente una de las 50 personas más ricas del mundo, según Forbes. Tiene una fortuna que ronda los US$ 16.000 millones.
No los consiguió con sus performances o sus polémicas declaraciones que tientan a imaginarlo como un comdiante de una serie de tevé. Seguramente fue con su dedicación full time al trabajo; es el estilo del CEO de Microsoft.

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