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Mundo > Ataque al emporio más rico

El coronavirus puede empujar a la recesión a la economía italiana

Italia ha visto reducido el flujo de turistas chinos, que son alrededor de cinco millones al año

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01 de marzo de 2020 a las 12:17

Llegó sin anunciarse, sin pasaporte, sin ningún permiso. Arrasando y expandiéndose. Así entró el COVID-19 o coronavirus a Europa. Por la puerta de una Italia que ya venía atravesando vulnerabilidades económicas y que ahora está expuesta a los avatares de una epidemia que la deja más expuesta a una recesión.

Italia ya venía luchando contra un retroceso económico por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la ralentización de la industria automovilística en Alemania y una demanda interna por debajo del nivel en el que estaba hace una década.

Ahora, está tratando de lidiar con el mayor contagio de este virus que cualquier país fuera de Asia, con 650 personas infectadas, y 17 muertes, hasta ayer viernes 28, y el impacto negativo en su PIB, según cifras oficiales.

Con esas cifras, Italia es el país europeo con mayor número de infectados y el tercero del mundo, detrás de China y Corea del Sur.

El virus está afectando a las regiones del norte del país, que son las más ricas y productivas, como Lombardía, Veneto y Emilia Romagna, las cuales producen juntas 30% del PBI transalpina (esto es unos € 700.000 millones anuales) y representan 40% de las exportaciones del país.

La parálisis o aminoramiento de la producción en esas regiones supone pérdidas de unos € 1.900 millones al día, según economistas. 

Medios europeos publicaron artículos esta semana que dan cuenta de grandes ciudades como Milán o Turín que el lunes 24 amanecieron en “estado de parálisis” y comercios cerrados o con escasas mercaderías, y sin actividades en escuelas, universidades o instituciones públicas.

El propio primer ministro, Giuseppe Conte, reconoció la gravedad de la situación: “El impacto económico del coronavirus puede ser muy fuerte”. El Banco Central de Italia indicó que el PIB se contrajo 0,3% en el cuarto trimestre de 2019 con respecto al mismo período del año anterior, la mayor caída en seis años. Y la situación parece que seguirá empeorando.

Existen opiniones contradictorias sobre el comportamiento de la economía en el futuro inmediato, pero si continúa la epidemia, Italia podría caer en recesión técnica, entendida como dos trimestres consecutivos de contracción. De ocurrir, sería la cuarta vez que Italia entra en recesión desde el año 2008. 

El Observador conversó con Salvatore Lo Monaco, vicepresidente de la Asociación Italo-Venezolana de Periodistas y presidente de la ONG Fare Ambiente Capítulo Sicilia, quien da cuenta de la situación desde Italia: “El impacto en el turismo se siente. Este país recibe al año cinco millones de turistas chinos y cada uno aporta entre € 1.500 y € 2.000 en cada viaje. Pero ese flujo se está reduciendo por el cierre de las líneas aéreas o suspensión de vuelos procedentes de allí”. 

Los visitantes chinos compran más del 30% de los artículos de lujo de los grandes diseñadores y marcas italianas, pero no en esta temporada. Hay cancelaciones en hoteles, museos, sitios históricos, teatros. También se ha visto afectado el Made in Italy, es decir, el comercio de los productos nacionales.

Lo Monaco observó que los italianos están sorprendidos especialmente por el hecho de que hay once ciudades en cuarentena, por el turismo mermado (hasta ahora la baja es de 30%), por la cancelación del carnaval de Venecia y de  los partidos de fútbol, que hacen a la idiosincrasia del país. 

El gobierno prohibió el lunes 24 todos los eventos deportivos en seis regiones del país. Y cinco partidos de la Serie A se jugarán a puertas cerradas este fin de semana, incluido el enfrentamiento del domingo 1° entre el líder Juventus e Inter de Milán, tercero en la tabla.

Pero la realidad que se vive en las distintas regiones de Italia es muy distninta. “En el norte se paraliza o enlentece la producción, y en el sur no se siente tanta presión y el ánimo general es que el impacto económico de esta emergencia no va a durar mucho, como ocurrió con el SARS. Desde la ONG Fare Ambiente mantenemos informada a la gente con las indicaciones que nos da la Alcaldía”, agregó Lo Monaco.

La caída de las acciones y papeles públicos en la bolsa es un fuerte indicador de las preocupaciones de los inversionistas, una tendencia bajista, por otra parte, que fue la nota en común de los principales  mercados bursátiles del mundo.

Y aunque Italia es la tercera economía más importante de la eurozona y, desde 2017, sus exportaciones crecieron a una velocidad tres veces mayor que la economía nacional y ligeramente superior a las de Francia y Alemania, el coronavirus  está desanimando a la población.

Una encuesta publicada ayer en el diario La Reppubblica, reveló que 52% de los italianos entrevistados entre el 22 y el 24 de este mes, son pesimistas sobre el futuro de la economía del país, lo que supone un aumento importante en relación a un sondeo anterior.

El caldo político

En estas horas, el gobierno del primer ministro Giuseppe Conte está en el banquillo de los acusados por el  manejo de la crisis sanitaria.

Entre las medidas gubernamentales, se ordenó el bloqueo de 11 ciudades y de medios de transporte, la suspensión de actividades y el cierre temporal de sitios turísticos e históricos y la obligación de seguir estrictamente los protocolos de seguridad sanitaria. Además, la policía está manejando puestos de control alrededor de las ciudades en cuarentena.

Las autoridades aseguran que se han hecho más de ocho mil controles sanitarios y se acaba de aprobar un decreto ley para aislar a unas  50.000 personas. También se exoneraron los pagos y obligaciones tributarias para contribuyentes y empresas residentes u operando en los 11 municipios de la “zona roja” (focos de contagio) con el fin de ayudar en sus finanzas, entre otras medidas. 

Roberto Speranza, el responsable de la cartera de Salud italiana, afirmó que la situación está controlada. Pero la oposición no deja de señalar que las medidas no han sido suficientes o han sido tardías.  Solo el líder izquierdista Matteo Renzí salió públicamente a respaldar a Conte, haciendo  un llamado a la unidad ante la situación de “emergencia”. 

En cambio, Matteo Salvini, líder del partido de extrema derecha Liga Norte, y uno de los principales referentes de la ola populista europea, no dejó de pasar por alto la oportunidad. “Si no puedes (con la crisis), vete”, dijo al gobierno en franca confrontación. Y ante las muertes ocurridas, señaló: “¿Quizás ahora alguien haya entendido que es necesario cerrar, controlar, blindar, bloquear, proteger?”. 

Esa propuesta de cerrar fronteras, planteada también por algunos protagonistas de la agenda europea, resulta desproporcionada para muchos otros líderes, quienes la perciben opuesta a los objetivos y valores de la Unión Europea, basados en la seguridad y justicia sin fronteras interiores, y al tratado de Schengen, por el que gran parte de los países del bloque suprimieron sus controles internos entre ellos.

En conclusión, el virus se propaga a Italia, España, Austria y Croacia, pero Europa ha decidido mantener sus fronteras abiertas, por lo menos hasta el momento, y están desarrollando “planes de pandemia” de acuerdo a parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por si acaso. Asimismo, la Unión Europea ha prometido € 230 millones para combatir el brote en Italia y en otros lugares. 

Conflicto con las regiones

El coronavirus, además, ha dejado al desnudo problemas en la política sanitaria donde el gobierno nacional comparte responsabilidades con las autoridades regionales.

En ese sentido, Conte ha sido acusado de no haber definido una línea rectora o de coordinación de las regiones del país ante la emergencia, lo que llevó a que éstas hayan actuado por separado ante una crisis sanitaria general. 

En tal sentido, un choque estalló sobre las responsabilidades entre el gobierno nacional y las regiones cuando el primer ministro Conte acusó a un hospital de Lombardía de no manejar el brote de acuerdo a los protocolos, lo que habría aumentado la propagación del virus. También amenazó a las regiones de quitarles competencias en la materia.

Attilio Fontana, presidente de la región de Lombardía, defendió al hospital y declaró: “Es una pena que desafortunadamente seguimos los protocolos que nos dio el gobierno. Si hubiéramos hecho lo que nosotros como gobernadores propusimos, las cosas no hubieran sido así”. 
Fontana se refería a la idea de haber aumentado los controles y puesto en cuarentena a todos los estudiantes que regresaban de China, mucho antes de que el virus apareciera en Italia  .

Pero no se hizo y “hemos sido acusados de racistas, de querer propagar el pánico”, dijo. 

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