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El dique Mauá merece un futuro

La venta del Dique Maúa representa la posibilidad de tomar el camino a un mejor porvenir 

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11 de septiembre de 2018 a las 05:04

La resistencia a la venta del dique Mauá al empresario Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus, es un capítulo más de la tranca mental que padecen algunos montevideanos a la hora de tener que procesar cambios que signifiquen transformaciones significativas en el paisaje y la vida de la capital. 
La compañía Buquebus presentó a fines de 2015 una iniciativa privada para construir, instalar, administrar y explotar una terminal fluvio-marítima en la zona de la rambla sur. Desde hace décadas el dique Mauá es una instalación abandonada que sirve de parking no pagado para los trabajadores del Centro y la Ciudad Vieja, y poca cosa más.
Por el resto, se trata de un edificio abandonado lleno de ratas y librado a los vientos del Río de la Plata. Mudo testigo de un pasado pujante, hoy es una construcción vacía de vida y demostrativa de la desidia con que Montevideo custodia el legado arquitectónico de su pasado de grandeza.

En un país que vive del turismo, tener las mejores instalaciones de llegada es una obligación. El aeropuerto de Carrasco es, en ese sentido, algo positivo. No así las instalaciones de Buquebus en el puerto de Montevideo: incómodas, chicas y a trasmano. Los cambios que procesó la terminal en Colonia del Sacramento, hoy con una instalación adecuada y cómoda, es otro buen ejemplo para considerar.
La idea de López Mena para el dique Mauá es muy buena y hasta obvia. En un lugar abandonado pretende hacer una terminal de la cual Montevideo se enorgullezca. Para ello contrató el estudio de arquitectos de Norman Foster, de los más destacados de Inglaterra. “Montevideo merece algo importante”, dijo el zar del Río de la Plata a la hora de presentar su proyecto que incluye la compra del recinto, hoy abandonado a las olas.

“Para mí el desafío no es tanto el puerto sino la ciudad (…) es la oportunidad en que a través de la iniciativa privada se reinvente una nueva ciudad porque en ese lugar, a tres cuadras de la Plaza Independencia y de la Ciudad Vieja, necesita inversiones, actividad y turismo”, dijo. Y tiene razón.
Un Montevideo que alguna vez se soñó grande y majestuoso con avenidas anchas, edificios como el Palacio Legislativo, el Estadio Centenario y barrios de ensueño como El Prado tiene una oportunidad de apostar al mejoramiento de la rambla apoyado en la iniciativa privada.

Sin embargo, un reducido núcleo de vecinos del lugar se resiste. A ellos se le sumó la Mesa Política del Frente Amplio en Montevideo. 
“Es difícil en Uruguay; hacen esfuerzos para ser pobres”, sentenció López Mena al enterarse de las voces de resistencia. La pelota la tiene ahora la Cámara de Diputados ya que el Senado de la República dio luz verde a la venta del predio y al proyecto de López Mena.
Es de esperar que la resistencia de un grupo de vecinos y la oposición al proyecto de un órgano político del propio gobierno no vuelvan a torcerle el brazo, como lo han hecho con la reforma de la educación y tantas iniciativas buenas para el país. De fracasar este proyecto urbanístico en la rambla de Montevideo pasará a engrosar la triste de lista de trenes que Montevideo y Uruguay no quisieron tomar rumbo a un mejor porvenir, algo que sería realmente lamentable.

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