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El equilibrio entre la información y el miedo

Profesional mexicana discrepa con la visión de especialistas uruguayos encargados de llevar adelante la argumentación técnica del decreto sobre etiquetados

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21 de noviembre de 2017 a las 05:00

La instructora mexicana en legislación alimentaria de la Universidad Estatal de Michigan, Rebeca López Acosta, fue muy crítica con el modelo de rotulado que piensa implementar el gobierno uruguayo. Para la profesional –que la semana pasada estuvo de visita en Uruguay para dar una conferencia invitada por la Asociación de Ingenieros Alimentarios–, uno de los mayores inconvenientes que presenta el modelo uruguayo es que no está sustentado bajo ninguna evidencia científica.

López Acosta explicó a El Observador que lo que sí tiene base científica es el modelo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los parámetros de consumo en la dieta total diaria (2.000 calorías), pero en el caso del proyecto impulsado se considera ese aporte nutricional como si se consumiera un único alimento para el total de calorías diarias.

"Si se come un alimento alto en alguno de estos ingredientes a la mañana, se puede compensar al mediodía al comer algo más balanceado. En cambio, si lo considero alimento por alimento, condicionaré el comer balanceado todo el día. Si como 40 alfajores diarios excedo todo los límites, pero uno dentro de una dieta correcta no tendría problema. El inconveniente del modelo regional es que se está tomando lo que se consume en un día como referencia y se traslada a un solo alimento para justificar la advertencia", graficó López Acosta.


A su vez, agregó que al tratarse de porcentajes de calorías en términos absolutos, no se incentiva la reformulación de los productos, ya que por más que se bajen los porcentajes de grasas o azúcares, la proporción del producto en sí de ese insumo va a seguir teniendo etiqueta por su propia naturaleza.

Con respecto a este punto, la responsable del área de nutrición del MSP, Ximena Moratorio, dijo a El Observador que los productos que van a llevar etiquetados son los que tienen azúcar agregada (un kilogramo de azúcar no llevará etiqueta).

"Es cierto que hay productos que no tienen posibilidad de reformularse (por ejemplo un chocolate por su alto contenido en grasas), pero hay muchos que sí. Y seguramente son los productos que más nos interesan porque son aquellos que muchas veces consumimos pensando que son saludables y al ver su composición no lo son tantos", argumentó Moratorio.

En la misma línea, opinó el responsable del Núcleo de Alimentación y Bienestar del Instituto Nacional de la Alimentación de la Universidad de la República, Gastón Ares, quien sostuvo que una cosa es cómo se va a presentar la información y otra el tipo de información que se presenta.

"Lo único que se está informando en el modelo elegido por Uruguay es cuando un producto tiene contenido excesivo de un nutriente. Se plantean recomendaciones que se basan en el perfil nutricional de ese alimento. El modelo uruguayo plantea cuánta cantidad de energía del alimento viene de los nutrientes que sabemos son problemáticos para las enfermedades no transmisibles. La idea es saber qué tan balanceado es un alimento. Si no lo es, debería consumirse en poca cantidad o baja frecuencia", explicó Ares.

En otro orden, López Acosta insistió acerca de que todos los países que son parte de la Organización Munidal del Comercio siguen el Codex Alimentarius (conjunto de normas internacionales de estándares, prácticas, guías a los alimentos, su producción y seguridad alimentaria que depende de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas), pero las opciones que se están planteando en la región violan los acuerdos que el código establece.
Según López Acosta, el etiquetado debe informar al consumidor, no ser engañoso "ni generar miedo indebido a los alimentos".

"Pero al tomar lo que se consume en un día y trasladarlo a un solo alimento prácticamente estás llevando la advertencia a todos los alimentos disponibles", sostuvo.

"Si ves todo con advertencia, ¿cómo vas a terminar por elegir un alimento? Ese es el problema; cuando todo tiene advertencia si bien estás informando al consumidor, se diluye el efecto real que se está buscando. Además se puede generar confusión, como puede ser el caso de un producto con advertencia de azúcar, que puede desconcertar por ejemplo a un diabético. Hay que educar para que el consumidor tenga opciones de elegir, y no usar advertencias que alertan sobre todo los productos que están en la góndola", señaló la especialista mexicana.

Además, López Acosta dijo que el modelo de la OPS está basado en una clasificación que señala que no importa el contenido de los alimentos, sino el tipo de proceso al que están sometidos. "Se clasifica a los ultraprocesados y procesados, pero deja de lado otros productos. Se argumenta que el proceso de alimentos afecta el contenido y hay mayor potencial de que haya exceso. Pero mayor potencial no implica evidencia científica", finalizó señalando la profesional con respecto a un debate que aún no tiene la etiqueta de saldado.

Estudios técnicos en Uruguay
Entre el Núcleo Interdisciplinario de Alimentación y Bienestar de la Udelar y el Instituto Nacional de Alimentación del Mides se hicieron cerca de 20 estudios para probar que el mejor modelo para etiquetar los alimentos es el propuesto con octógonos negros con leyendas blancas. Se estudió el sistema de semáforo inglés y el sistema francés que se basa en el uso voluntario del etiquetado, así como el australiano, que utiliza hasta cinco estrellas para la advertencia.
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